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Pete Townshend explica su distanciamiento histórico de Led Zeppelin y la disputa territorial del hard rock

El guitarrista de The Who, Pete Townshend, ha roto décadas de silencio sobre su compleja relación con Led Zeppelin durante una extensa conversación en el canal Classic Album Review. El compositor británico desglosa cómo la irrupción del cuarteto liderado por Jimmy Page a finales de los sesenta despertó una marcada inquietud territorial por el trasvase de seguidores en los directos, matiza su postura actual reconociendo la grandeza de su catálogo tras intentar un reciente reencuentro con el legendario guitarrista de Heston, y zanja la recurrente controversia sobre el nacimiento del heavy metal desmarcándose de la etiqueta a pesar de la agresividad seminal de Live at Leeds frente a su admiración incondicional por AC/DC y el rock australiano.

Pete Townshend Led Zeppelin en QConciertos
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MADRID, 29 de octubre de 2026 — El guitarrista y principal arquitecto sonoro de The Who, Pete Townshend, ha desgranado los motivos por los que nunca conectó con Led Zeppelin durante la eclosión del hard rock británico a finales de los años sesenta, un recelo creativo impulsado por la disputa del público joven tras la arrolladora grabación de Live at Leeds en los recintos universitarios ingleses.

En Portada

  • Townshend desvela que su distancia inicial con Led Zeppelin respondía al recelo de perder masa crítica de seguidores ante el empuje sonoro de Jimmy Page y Robert Plant a finales de los sesenta.
  • El compositor británico matiza su postura tras décadas de frialdad, reivindica pasajes superlativos de su discografía y confirma que intentó organizar un almuerzo de reconciliación con Page.
  • El cerebro de The Who rebate que su formación inventara el heavy metal pese al salvajismo sónico de ‘Live at Leeds’ y confiesa su rendición incondicional ante la pegada rítmica de AC/DC.

La pugna por la vanguardia británica: recelo territorial entre giras y amplificadores

La historia de la música popular británica suele retratarse como una fraternidad bohemia donde los pioneros del blues rock compartían locales de ensayo y clubes del Soho londinense. Sin embargo, la realidad entre bastidores albergaba tensiones competitivas feroces. Durante una pormenorizada intervención en el canal de YouTube Classic Album Review, Pete Townshend ha abierto el archivo de su memoria sin filtros complacientes, explicando la frialdad con la que recibió los primeros pasos discográficos de la formación integrada por Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham.

El compositor londinense no esquivó la raíz visceral de aquella animadversión primigenia: «Nunca me enganché a Led Zeppelin», admitió con franqueza retrospectiva al rememorar la transición sónica de 1968 y 1969. Lejos de reducir el choque a una mera discrepancia de gustos melódicos, Townshend situó el conflicto en el terreno de la supervivencia escénica y la fidelidad del público de salas: «No me gustaba que, en cierto modo, intentaran captar a nuestro público». Para el guitarrista, la irrupción de una banda dotada de un músculo rítmico colosal y una relectura hiperbólica del rhythm and blues estadounidense representaba una incursión directa en el feudo que The Who venía conquistando a base de guitarras estrelladas contra el suelo y óperas rock conceptuales.

Esa fricción competitiva no era una experiencia aislada para el autor de My Generation. El propio Townshend trazó un paralelismo directo con el impacto telúrico que supuso el aterrizaje de Jimi Hendrix en la capital británica a finales de 1966. No obstante, el desenlace emocional frente al genio de Seattle resultó radicalmente dispar: mientras que con Hendrix el deslumbramiento ante su técnica heterodoxa, su empleo del pedal wah-wah y su dominio del sustain anuló de inmediato cualquier reserva defensiva, la maquinaria pesada de Zeppelin despertó en él una coraza de resistencia gremial que perduró durante lustros en las estanterías de su colección personal.

De la resistencia de finales de los sesenta al almuerzo pendiente con Jimmy Page

El paso de las décadas, la madurez artística y el reposo de las batallas de ego han atemperado el juicio analítico del compositor. En la misma conversación, Townshend reconoció haber revisitado la producción de la banda con un oído despojado de las urgencias de juventud, descubriendo virtudes interpretativas que en su momento prefirió obviar: «Hay cosas buenísimas», confesó al examinar los arreglos orquestales de guitarra construidos por Jimmy Page en piezas monumentales de la década de los setenta.

Esa reconciliación tardía con el repertorio de sus coetáneos trascendió el plano puramente auditivo. Townshend desveló que en fechas recientes promovió un acercamiento personal para propiciar un almuerzo privado con el propio Page, un encuentro concebido para compartir anécdotas de estudio, debatir sobre la conservación del patrimonio sonoro analógico y cerrar definitivamente una brecha generacional entre dos de los instrumentistas más influyentes salidos de la factoría británica de guitarras de seis cuerdas.

El contraste entre ambos estilos resulta paradigmático para cualquier estudioso del instrumento. Mientras Page edificaba catedrales sonoras mediante afinaciones alternativas (como la célebre DADGAD de Kashmir), capas superpuestas de guitarras acústicas y riffs con saturación controlada de amplificadores Marshall y cabezales Supro, Townshend ejercía una violencia rítmica implacable basada en acordes abiertos suspendidos, molinetes percutivos con la mano derecha y el empuje volcánico de los amplificadores Hiwatt alimentados por pastillas P-90, buscando más el impacto dinámico inmediato que el virtuosismo barroco del solo tradicional.

El mito del proto-metal: la pegada de ‘Live at Leeds’ y la rendición ante el muro de AC/DC

La charla abordó asimismo una de las controversias historiográficas más recurrentes en la prensa especializada: la génesis del heavy metal. En fechas precedentes, su compañero de formación, el vocalista Roger Daltrey, había sostenido públicamente que The Who debían considerarse la primera formación genuina de dicho género, amparándose en el volumen atronador y la aspereza desplegada en febrero de 1970 en el refectorio de la Universidad de Leeds. Townshend, fiel a su espíritu analítico y poco dado a la autocomplacencia corporativa, desarmó con elegancia la teoría de su cantante.

Aunque reivindicó el carácter salvaje y la crudeza técnica documentada en Live at Leeds —donde el diálogo entre el bajo Rickenbacker de John Entwistle y las ráfagas sincopadas de Keith Moon configuraron un muro de potencia eléctrica irrepetible—, Townshend rechazó situar a su grupo en los orígenes del metal pesado. De hecho, el guitarrista confesó su absoluto desinterés por formaciones contemporáneas que forjaron los cimientos oscuros del estilo, reconociendo que nunca prestó atención al catálogo pionero de Black Sabbath ni a las distorsiones graves de Tony Iommi nacidas en las fundiciones de Birmingham.

Por el contrario, el músico desveló cuál ha sido la única referencia dentro del espectro del hard rock musculoso capaz de capturar su admiración sin fisuras a lo largo de los años: AC/DC. Para Townshend, el rigor rítmico milimétrico de Malcolm Young, los riffs afilados de Angus Young y la ausencia deliberada de adornos superfluos representan el canon definitivo de la contundencia eléctrica: un pulso insobornable de cuatro por cuatro que, a su juicio, sintetiza la esencia del rock and roll llevado a su máxima potencia sin necesidad de barroquismos operísticos.

El legado de The Who tras la gira de 2025 y el enigma de su futuro creativo

Estas declaraciones se producen en una coyuntura de enorme significación histórica para el conjunto británico. Habiendo completado en 2025 su ambiciosa gira de despedida por grandes recintos internacionales, el estatus operativo de The Who se encuentra en una fase de transición contemplativa. Pese a que el telón de los grandes tours mundiales parece haber caído de forma concluyente, Townshend ha insistido en que su vínculo creativo con Roger Daltrey no se encuentra clausurado.

El compositor no ha descartado emprender nuevos proyectos puntuales en el estudio de grabación ni apariciones selectas bajo formatos acústicos u orquestales, deslizando que aún albergan la capacidad de sorprender a una audiencia que ha acompañado sus reinvenciones desde mediados de los años sesenta, un recorrido que los melómanos continúan celebrando a través de las reediciones de la discografía en vinilo de The Who.

Entre la revisión sosegada del pasado, la superación de antiguas rivalidades territoriales frente al peso indiscutible de Led Zeppelin y la negativa a portar estandartes genéricos ajenos, Pete Townshend vuelve a exhibir la honestidad incisiva que siempre caracterizó su pluma: la de un creador que nunca necesitó acomodar sus recuerdos a los mitos consagrados por el tiempo.

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