MADRID, 29 de octubre de 2026 — El Festival Bandera celebró su séptima edición en el Parque Estación Central Córdoba de Rosario, consolidando una cumbre sonora de más de 30 artistas donde convivieron la vanguardia urbana de Dillom, la potencia rítmica de YSY A y el peso lírico de El Mató a un Policía Motorizado.
En Portada
- El Parque Estación Central Córdoba acogió a más de 30 bandas repartidas en cuatro escenarios simultáneos en Rosario.
- Heineken instaló un Beer Garden exclusivo con perspectiva directa a los directos principales, focalizado en el punto de encuentro social de los asistentes.
- Dillom, YSY A, El Mató a un Policía Motorizado, Peces Raros y Marilina Bertoldi lideraron los momentos cumbre de una jornada marcada por cruces imprevistos.
El pulso multigeneracional de Rosario: del pogo urbano al rock rioplatense
La séptima entrega de la cita rosarina articuló un mapa estilístico sin fisuras en cuatro tarimas distribuidas estratégicamente por el predio ferroviario. Miles de asistentes procedentes de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos abarrotaron el recinto desde primera hora de la tarde, desafiando precipitaciones intermitentes que no lograron mermar la energía de las primeras filas. La convivencia entre seguidores de formaciones clásicas y las nuevas corrientes quedó patente tanto en las pasarelas entre escenarios como en las zonas de descanso.
El cartel exhibió un equilibrio milimétrico entre la crudeza del rap contemporáneo y la tradición cancionera de ambas orillas del Río de la Plata. En ese ecosistema, las actuaciones de Las Pastillas del Abuelo y La Vela Puerca aportaron la cuota de épica coral con himnos coreados al unísono, mientras que Guasones ratificó la vigencia del pulso guitarrero platense con un repertorio directo y sin concesiones formales.
Cruces sonoros y la irrupción escénica de Dillom y Santiago Motorizado
Uno de los hitos de la velada llegó con el bloque reservado a Dillom. El intérprete porteño desplegó su habitual teatralidad corrosiva, articulando un show milimétrico donde el post-punk, el hip hop conceptual y la distorsión industrial construyeron el clímax de la jornada. Durante los minutos posteriores a su descarga, los corrillos en el backstage y los camerinos fueron testigo de la comunión entre creadores de distintas escuelas sonoras: Simón Poxyran, Santiago Motorizado y el propio Dillom mantuvieron extensas conversaciones que más tarde se reflejaron en los agradecimientos al público sobre las tablas.
«Tocar en Rosario siempre tiene una vibración distinta; la gente no viene a mirar pasivamente, viene a dejarse la garganta y a formar parte de lo que estás tirando desde arriba», manifestó Dillom tras descender del escenario principal entre las ovaciones de miles de seguidores empapados por la llovizna.
Por su parte, El Mató a un Policía Motorizado ofreció un recital de orfebrería eléctrica, hilvanando desarrollos hipnóticos que ratificaron por qué la banda platense es el eje vertebrador del indie hispanoamericano contemporáneo. La precisión rítmica y la densidad de sus muros de guitarra envolvieron la explanada central en una atmósfera de catarsis colectiva.
El Beer Garden de Heineken y la dimensión social de la música en vivo
Más allá de la sucesión cronológica de recitales, la experiencia del festival cobró una dimensión comunitaria gracias a la infraestructura dispuesta por los patrocinadores principales. Heineken diseñó un espacio específico orientado a la convivencia: un Beer Garden de visibilidad privilegiada concebido como punto de reunión entre profesionales de la industria, músicos e invitados especiales.
La premisa de la firma cervecera se apoyó en el poder unificador de las pasiones compartidas y en el papel del festival como entorno idóneo para descubrir proyectos y conectar con melómanos de afinidades compartidas. Agustín Arias, Brand Manager de Heineken Argentina, resumió el sentido de la iniciativa al concluir la jornada:
“Durante el Festival Bandera, la música volvió a demostrar su poder para conectar a las personas. En Heineken quisimos ser parte de esas experiencias compartidas que se generaron alrededor de los artistas, las canciones y los nuevos sonidos. Con nuestra presencia, ofrecimos a nuestros invitados un espacio para disfrutar una Heineken, vivir el show con una vista privilegiada y celebrar todo lo que ocurrió cuando los fans se encontraron a través de una misma pasión”.
La electrónica orgánica de Peces Raros y el pop refinado de Bandalos Chinos
La versatilidad de la programación quedó confirmada con la irrupción de Peces Raros al caer la medianoche. El dúo convirtió el Parque Estación Central Córdoba en una pista de baile sintética a cielo abierto, empalmando secuencias de techno minimalista con afiladas líneas de bajo y guitarras en directo. Su propuesta funcionó como bisagra idónea entre el bloque de rock clásico y las demandas de una audiencia joven habituada a transiciones sin pausa.
En el extremo opuesto del espectro melódico, Bandalos Chinos impartieron una lección de pop luminoso, arreglos funk y solidez vocal, confirmando su estatus de indispensables en cualquier cita de gran formato. A ellos se sumaron las intervenciones de Marilina Bertoldi, cuya garra performática y experimentación guitarrera no dejó espacio a la tibieza, y la cantautora cordobesa Zoe Gotusso, quien imprimió calidez e intimismo en un tramo clave del atardecer.
Diversidad internacional: Aterciopelados y Javiera Mena en el cartel
La vocación continental del festival se afianzó a través de figuras esenciales de la música latinoamericana. Desde Colombia, Aterciopelados repasaron cuatro décadas de fusión rockera y compromiso social, aportando perspectiva histórica y frescura bailable a partes iguales. A su vez, la chilena Javiera Mena desplegó su arsenal de electropop bailable, demostrando la penetración transversal de su cancionero en las pistas argentinas.
Propuestas como El Zar y el trovador rionegrino Lisandro Aristimuño completaron una grilla que rehuyó las fórmulas complacientes. La convivencia de estilos heterogéneos bajo el mismo cielo rosarino ratificó que el Festival Bandera trasciende la etiqueta de evento regional para situarse como una de las convocatorias indispensables del calendario musical del cono sur, consolidando una plataforma donde conviven la historia consagrada, las tendencias urbanas emergentes y espacios de ocio integrados con solvencia técnica.