MADRID, 26 de septiembre de 2026 — The Beatles guardan en el calendario una fecha singular donde confluyen la legitimación institucional y su testamento artístico definitivo: el 26 de septiembre. En 1965, la monarquía británica formalizó el fenómeno sociológico de la beatlemanía concediendo a los cuatro músicos de Liverpool la Orden del Imperio Británico (MBE). Apenas cuatro años después, el 26 de septiembre de 1969, las tiendas de discos de Londres y todo el Reino Unido recibían Abbey Road, la última sesión de estudio compartida por John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr antes de la disolución de la banda más influyente del siglo XX.
En Portada
- La doble coincidencia temporal une la condecoración de la reina Isabel II en 1965 con el lanzamiento del LP Abbey Road en 1969.
- Pese a que Let It Be se editó meses después, las sesiones de Abbey Road fueron el auténtico epílogo de grabación conjunta del cuarteto.
- El disco consolidó la madurez compositiva de George Harrison con clásicos imperecederos como «Something» y «Here Comes the Sun».
1965: El cuarteto de Liverpool sacude los salones del Palacio de Buckingham
Cuando el gobierno del primer ministro Harold Wilson recomendó la inclusión de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr en la lista de honores del cumpleaños real de 1965, la aristocracia británica reaccionó con estupor. Varios veteranos de guerra devolvieron sus medallas en señal de protesta, indignados de que cuatro jóvenes rockeros de clase trabajadora recibieran la misma distinción honorífica.
La ceremonia de investidura en el Palacio de Buckingham ratificó que el grupo había trascendido el estatus de ídolos juveniles para convertirse en un motor económico y un embajador cultural de primer orden para Gran Bretaña. Ante las preguntas de la prensa sobre la controversia militar, John Lennon declaró con su habitual mordacidad:
«Muchos de los que devolvieron su medalla la habían recibido por matar gente en la guerra; nosotros recibimos la nuestra por entretener y hacer felices a millones de personas. Creo que nuestro mérito es bastante más noble».
Aquel nombramiento fue el prólogo de la etapa más vanguardista del grupo, que poco después abandonaría las giras mundiales para refugiarse en el laboratorio acústico de los estudios de Abbey Road.
1969: La tregua creativa que gestó ‘Abbey Road’
Hacia el verano de 1969, la atmósfera interna de The Beatles estaba fracturada por discrepancias financieras, choques de egos y el desgaste de las caóticas sesiones del proyecto Get Back. Conscientes de que el final era inminente, Paul McCartney contactó al histórico productor George Martin con una propuesta directa: regresar al estudio como en los primeros años, con disciplina, arreglos orquestales rigurosos y sin interferencias externas.
George Martin aceptó el desafío bajo la condición de mantener el control técnico absoluto. El veterano productor recordaría más tarde el pacto implícito que flotaba en aquellas jornadas de grabación:
«Nadie lo verbalizó en voz alta, pero todos sabíamos en la sala de control que ‘Abbey Road’ sería la última vez que los cuatro trabajarían juntos en un estudio».
El resultado fue un despliegue de sofisticación sonora. Por primera vez, la banda utilizó una mesa de mezclas transistorizada TG12345 y experimentó con el sintetizador Moog, aportando una calidez y profundidad sonora que superaba todo lo grabado con anterioridad en la factoría EMI de Londres.
La eclosión definitiva de George Harrison y el ‘medley’ de la cara B
Musicalmente, Abbey Road marcó la consagración de George Harrison como compositor de primer nivel dentro del cuarteto. Eclipsado durante años por el binomio Lennon-McCartney, Harrison entregó dos de las piezas cumbre del álbum: la sublime balada «Something» —que el propio Frank Sinatra definiría como la mejor canción de amor de los últimos cincuenta años— y la luminosa «Here Comes the Sun», compuesta en el jardín de Eric Clapton durante un respiro de las asfixiantes reuniones de negocios de Apple Corps.
La cara A del vinilo abría con el pulso funk y rockero de «Come Together», dominado por la voz rasgada de Lennon y la icónica línea de bajo de McCartney. Sin embargo, la mayor proeza conceptual residía en la cara B: una suite o medley continuo de dieciséis minutos articulado por McCartney y Martin, donde fragmentos inacabados como «Golden Slumbers», «Carry That Weight» y «The End» encadenaron una despedida sinfónica irrepetible, culminada por el célebre duelo de guitarras a tres bandas y el solo de batería de Ringo Starr.
Un icono visual frente al número 3 de St John’s Wood
El 8 de agosto de 1969, el fotógrafo Iain Macmillan dispuso una escalera de mano en medio de la calle frente a los estudios y, con la policía municipal deteniendo el tráfico durante apenas diez minutos, tomó seis instantáneas del grupo cruzando el paso de cebra. La imagen seleccionada para la portada —austera, sin el nombre del grupo ni el título del álbum en el frontal— se convirtió de inmediato en una de las fotografías más imitadas y analizadas de la cultura popular.
Aunque el álbum Let It Be se publicó en mayo de 1970 tras el anuncio formal de la separación, sus pistas habían sido registradas antes del verano de 1969. Por ello, la crítica y la hemeroteca musical reconocen a Abbey Road como la verdadera obra de clausura del cuarteto: un monumento sonoro publicado un 26 de septiembre que sigue siendo el estándar dorado de la producción musical.