Reseña: «Arrierito», Sevilla Distorsión

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Si hace unos cinco o seis años nos preguntábamos de dónde salía el trap y esa oleada de música urbana, ahora nuestros padres nos dicen que nuestros grupos molan y que les recuerdan a Triana y a sus tiempos de juventud. La música es como un río desbocado que arrasa y sale por donde le da la gana y parece ser que, contra todo pronóstico, es el Rock Andaluz el estilo que está haciendo que el rocanrol vuelva a los festivales y a las salas. Castizos como el punk más taleguero y llenos de la rabia laborera de nuestra tierra, unos cuantos grupos abanderados por los ya archiconocidos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba han revivido esta ola que, fruto de una moda o no, está devolviendo el rock a la escena de consumo del gran público.

En medio de toda esta vorágine, Sevilla Distorsión se ha plantado y pronunciando «akí estamô nosotro kabesa» no ha parado de sacar temazo tras temazo. Si «El cachorro» ya fue un boom, con «Arrierito» han sentado cátedra de lo que (todo apunta) será un discazo. Nosotros tuvimos la ocasión de escucharlo en primicia para preparar esta reseña del pepinazo que se estrenó el pasado 17 de marzo en todas las plataformas digitales y que, en apenas unas horas, sumó más de 1000 reproducciones en youtube.

Esta casi-bulería pasada por armonizadores y varios kilos de fuzz nos tira a la cara un riff construido en torno a la figura musical del floreo, lo suficientemente repetitivo para grabarse a fuego en nuestras almas. A su lado, una frenética batería digna del mejor rock progresivo y un bajo que, sin destacar, aporta muchísimo fondo y sostiene la armonía del tema. Y a la altura de la Giralda, sobrevolando todo cual Ícaro kinki, la voz del maravilloso Jero, que sin lucirse en tesitura lo borda en actitud y protagoniza un videoclip en el que saca su lado más sexual, agresivo y desatado defendiendo una letra minimalista cargada de simbología, transgresión y empoderamiento.

El tema, de estructura circular, pues abre y cierra con el estribillo, tiene un destacable puente instrumental que se apodera de los minutos centrales del corte. Adornado con palmas flamencas in crescendo, saca a relucir la calidad musical de unos componentes que conocen muy bien las armonías que manejan y nos llevan a un clímax donde la batería se convierte en estallidos de pura rabia a platillazo limpio para acabar con el empoderante estribillo, «arrierito semo primo». Solo le falta un organillo y ya sería una locura prog en toda regla. El sonido general es brutal, sobre todo el de las guitarras y la batería, crudo y desatado y culpa, en gran parte, de Rafa Camisón, dirigente de Estudio Setentaynueve, en Jerez.

El aspecto visual también es de envidiar. A los mandos de Miguel Méndez, la estética recuerda ligeramente y salvando las distancias, a Rosalía; sin embargo los chicos saben jugar con los medios de los que disponen y consiguen con elementos como la chatarra, el bar y el sexo; y una navaja y un gancho de Jero, transportarnos rápidamente a los suburbios sevillanos más grises. Simple y efectivo y mucho más auténtico y proletario. Saben ser modernos sin caer en el esnobismo mesetario de otros. Estos chicos son, de espíritu, punkys; tienen carretera y manta y se nota y aprecia. Saben lo que vale un peine y las raíces populares de la música que defienden por bandera, y esto el apartado gráfico lo transmite perfectamente. Entre toda esa violencia y enfrentamientos, se puede ver también el cariño que le han puesto al videoclip y la complicidad que tienen, sobre todo en las escenas finales donde salen corriendo todos con una sonrisa que les cuesta ocultar. La sonrisa de divertirse haciendo un buen trabajo.

«Arrierito» es, sin duda, un producto redondo de una banda que, si sigue así, opta seriamente a colocarse en el top de bandas nacionales. Nosotros ya os lo hemos ido avisando así que, «arrierito semo».

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