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Paul McCartney elige «Here, There and Everywhere» como la mejor canción de su carrera y desvela su deseo de colaborar con Bob Dylan

En una reveladora conversación con Amy Poehler, Paul McCartney sitúa la célebre balada de 'Revolver' (1966) en la cumbre de su inmenso catálogo compositivo. El músico británico analiza el influjo de The Beatles, evalúa el pop contemporáneo de Billie Eilish y confiesa el respeto casi reverencial que aún le impide llamar a Bob Dylan para trabajar en el estudio.

Paul McCartney en QConciertos
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MADRID, 15 de octubre de 2026 — Paul McCartney ha zanjado uno de los debates más recurrentes de la historia del pop al señalar «Here, There and Everywhere», corte esencial de Revolver (1966) de The Beatles, como la mejor canción de su catálogo. Durante una extensa entrevista concedida a Amy Poehler en el podcast Good Hang, el compositor británico repasó seis décadas de trayectoria y analizó los resortes técnicos y emocionales que sitúan a esta balada por encima de hitos como «Yesterday», «Hey Jude» o «Let It Be». El músico reflexionó asimismo sobre el panorama sonoro actual, la admiración que profesa por Billie Eilish y la asignatura pendiente que mantiene con Bob Dylan, con quien reconoce desear una colaboración que todavía le infunde un respeto paralizante.

En Portada

  • Paul McCartney consagra «Here, There and Everywhere» (1966) como la cima melódica y lírica de toda su trayectoria.
  • El exBeatle descarta envidias en la escena actual pero ensalza la producción de Billie Eilish y el estándar clásico de Billy Joel.
  • Confiesa que le fascinaría componer con Bob Dylan, aunque admite sentir nervios reales ante la idea de descolgar el teléfono.

La génesis armónica de «Here, There and Everywhere» en los estudios de Abbey Road

La gestación de «Here, There and Everywhere» tuvo lugar en junio de 1966 en la casa de John Lennon en Weybridge, mientras McCartney esperaba junto a la piscina a que su compañero despertara. Inspirado por la apertura armónica y el tratamiento coral que Brian Wilson acababa de consagrar en Pet Sounds de The Beach Boys —en particular con «God Only Knows»—, McCartney trazó una progresión en Sol mayor que esquivaba las fórmulas habituales del beat británico. Su introducción sin compás marcado («To lead a better life, I need my love to be here…») precede a una arquitectura de cambios modulantes hacia Si bemol mayor que la crítica musicológica ha catalogado como modélica.

Registrada en los estudios Abbey Road bajo la ingeniería de Geoff Emerick y la producción de George Martin, la pista se benefició de tres capas consecutivas de armonías vocales a cargo de Paul, John y George Harrison. Aquella atmósfera susurrada, lograda mediante compresión variable en cinta y micrófonos de válvulas Neumann U47, dotó a la composición de una calidez acústica que desmarcaba al cuarteto de la urgencia del directo, justo en los meses en que decidieron abandonar definitivamente los escenarios masivos.

El elogio de John Lennon y el equilibrio del binomio compositivo

El valor que McCartney otorga a la pieza no es un arranque de nostalgia tardía. Dentro de la compleja dinámica de rivalidad y respeto mutuo que definió a la dupla Lennon-McCartney, «Here, There and Everywhere» constituyó una de las pocas ocasiones en que John Lennon capituló públicamente sin ironía de por medio. En su célebre entrevista de 1980 para Playboy, Lennon reconoció que era una de sus canciones favoritas de The Beatles, describiéndola como una obra impoluta de artesanía melódica.

Ante las preguntas de Poehler sobre cómo sobrevive una creación íntima a la erosión del tiempo y al escrutinio de millones de oyentes, el bajista y pianista explicó: «Siempre me ha parecido una estructura redonda, una canción que dice exactamente lo que pretendía transmitir sin que le sobre ni una sola nota ni le falte un acorde». Esta exactitud rítmica y lírica sitúa a la obra en el epicentro de la metamorfosis de 1966, el puente estético que conectó el folk-rock experimental de Rubber Soul con la psicodelia sinfónica de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Diálogo generacional: el oído atento a Billie Eilish y la sombra de Billy Joel

Preguntado sobre si la escucha cotidiana de novedades discográficas despierta en él la frustración de no haber firmado determinados temas contemporáneos, McCartney fue tajante al señalar que no experimenta esa pulsión competitiva con las generaciones jóvenes. Aunque dedicó elogios explícitos al enfoque minimalista y a la ingeniería de susurro que define a Billie Eilish y su hermano Finneas, descartó cualquier tentativa de adaptar esos códigos a su propio lenguaje.

«Escuchas producciones brillantes y aprecias el talento inmenso que hay detrás, pero no siento la necesidad de apropiarme de ese estilo ni de escribir desde un lugar que ya no me pertenece», razonó el compositor británico. No obstante, al echar la vista atrás hacia el cancionero pop del siglo XX, sí reconoció haber sentido esa chispa de sana admiración artesanal ante partituras ajenas consolidadas, citando expresamente «Just the Way You Are», el éxito de 1977 de Billy Joel, como una pieza que en su momento le habría complacido idear.

La llamada pendiente con Bob Dylan y la devoción por el trabajo conjunto

Uno de los momentos más reveladores del diálogo giró en torno a las colaboraciones truncadas y las alianzas pendientes. Habiendo compartido autoría y escenario con titanes que van desde Stevie Wonder, Michael Jackson y Elvis Costello hasta Dave Grohl y Kanye West, McCartney reveló que todavía alberga el anhelo de encerrarse a componer mano a mano con Bob Dylan.

Sin embargo, el respeto casi reverencial hacia la figura de Duluth sigue frenando la iniciativa: «Me encantaría hacer algo con Bob, pero todavía me da muchos nervios la posibilidad de llamarlo por teléfono y proponerle quedar a escribir», admitió el músico con una naturalidad desarmante. La relación entre ambos se remonta a agosto de 1964 en el Hotel Delmonico de Nueva York, un encuentro decisivo que transformó las letras de los Fab Four e introdujo al bardo estadounidense en las sonoridades eléctricas.

Para McCartney, que a sus 84 años mantiene un régimen de giras en recintos de gran formato como los estadios de Madrid y capitales de todo el planeta con su banda habitual, la composición comunitaria sigue siendo el motor de su oficio. Tanto al frente de Wings en los años setenta como en sus proyectos de estudio del nuevo milenio, el músico reivindica el intercambio de miradas en una habitación como el método irreemplazable para capturar el misterio de una melodía duradera.

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