MADRID, 15 de octubre de 2026 — El compositor británico Roger Waters ha cargado con inusitada severidad contra el líder y vocalista de Metallica, James Hetfield, a raíz de la proclamación de neutralidad ideológica que el cuarteto californiano escenificó sobre las tablas del revolucionario recinto Sphere de Las Vegas. Waters, cerebro lírico detrás de monumentos conceptuales de Pink Floyd como The Dark Side of the Moon, Animals y The Wall, no se limitó a repudiar el distanciamiento político exhibido por Hetfield ante decenas de miles de asistentes, sino que extendió su ofensiva hacia el terreno puramente disciplinar al asegurar de forma tajante que el guitarrista estadounidense carece de autenticidad musical.
En Portada
- Roger Waters arremete contra James Hetfield tras el alegato apolítico del líder de Metallica durante su paso por Las Vegas.
- El exbajista de Pink Floyd califica a Hetfield de «completo imbécil» y desestima su condición de músico pese a su fortuna multimillonaria.
- El episodio reabre la fricción sobre el activismo civil en grandes giras frente al escapismo comercial de los espectáculos de masas.
El detonante en The Sphere: la prédica de la evasión frente a la realidad
El origen de la colisión dialéctica se remonta a una de las paradas técnicas de Metallica en el auditorio inmersivo Sphere, donde la banda desplegó su habitual descarga de decibelios ante una audiencia multitudinaria. En un interludio del concierto, Hetfield decidió dirigirse al público para fijar la postura del grupo frente a las tensiones geopolíticas y los posicionamientos ideológicos que dividen con frecuencia a los círculos artísticos contemporáneos. Con tono firme, el vocalista proclamó: «Metallica no está acá, como otros artistas, para influenciarlos con sus tonterías. Estamos aquí para olvidarnos de todo lo que pasa afuera».
La declaración de Hetfield, recibida con una ovación cerrada por buena parte de los congregados en el coliseo de Nevada, se entendió también como una réplica oblicua a los recientes roces en la industria pop anglosajona, particularmente tras la ruptura entre Ed Sheeran y su antiguo telonero Macklemore a causa del activismo explícito sobre la situación en Oriente Medio. Para rematar su intervención, el frontman del conjunto de thrash metal subrayó su credo operativo: «La agenda de Metallica es amor, energía y música pesada». Una formulación orientada a desmarcar el espectáculo de cualquier controversia partidista y salvaguardar la experiencia del directo como una catarsis despolitizada.
La réplica de Waters en el espacio de Katie Halper: descalificación sin concesiones
Lejos de interpretar las palabras de Hetfield como un ejercicio de diplomacia o prudencia escénica, Roger Waters respondió con frontalidad devastadora durante su participación en el videopodcast conducido por la periodista estadounidense Katie Halper. Conocido por su militancia activa e intransigente en causas como la defensa del pueblo palestino o la crítica al intervencionismo militar occidental, el veterano creador británico reaccionó con visible hastío al ser consultado por la proclama del líder de Metallica.
«¿Podemos dejar de hablar de este imbécil? Estoy harto de él. Está demostrando que es un completo imbécil», espetó Waters sin atenuantes. Acto seguido, el autor de Amused to Death trasladó el reproche desde el plano ético hasta la propia valía técnica y artística del cantante de San Francisco: «Puede tener varios cientos de millones de dólares, o lo que sea, pero es un imbécil y no es músico». Con esa aseveración, Waters desacreditó el virtuosismo y la resonancia cultural que han cimentado el estatus de Metallica en el panteón del metal durante más de cuatro décadas.
Waters censuró lo que considera una renuncia cobarde a la empatía elemental en tiempos de conmoción humanitaria: «Es una pena que no hubiera alguien cerca para explicarle que ser amable es mucho más importante que toda esa música fuerte y esos saltos». La sentencia sintetiza la concepción que Waters defiende para el arte: una tribuna moral inexcusable que no puede refugiarse en el volumen ni en la pirotecnia lumínica para ignorar las tragedias del presente.
El historial de fricciones de Waters: de Thom Yorke a los macrofestivales
Este enfrentamiento no constituye un hecho aislado en la trayectoria de Waters, quien ha protagonizado agrias polémicas con figuras de primer orden internacional. Sus disputas epistolares con Thom Yorke y Jonny Greenwood a propósito de las actuaciones de Radiohead en Tel Aviv, así como sus choques verbales con Nick Cave, Bon Jovi o el propio Ed Sheeran, ilustran una pauta constante: para el músico británico, cualquier colega que elija la abstención o actúe en territorios sujetos a boicot cultural incurre en complicidad pasiva con la opresión institucional.
A sus 83 años, Waters concibe el escenario como una barricada discursiva. En sus giras mundiales —que han recalado repetidamente en recintos de referencia como el WiZink Center de Madrid—, la escenografía reproduce cerdos voladores con consignas anticapitalistas, listas de víctimas de abusos estatales y manifiestos audiovisuales directos. Para su cosmovisión, el intento de Hetfield de aislar la experiencia sónica del contexto global equivale a transformar el rock en un narcótico inocuo al servicio del consumo corporativo.
Las contradicciones líricas en la discografía de Metallica
El reproche de Waters pone además el foco sobre las tensiones ideológicas que atraviesan la propia obra de Metallica. A pesar de que Hetfield y Lars Ulrich han procurado sostener una calculada neutralidad en los medios generalistas, el cancionero fundacional de la banda dista de ser aséptico. Placas icónicas como Ride the Lightning abordaron la crueldad de la pena de muerte en cortes como «Ride the Lightning», mientras que Master of Puppets articuló una severa condena al reclutamiento bélico en la célebre «Disposable Heroes».
El punto culminante de esa veta crítica emergió con el álbum conceptual …And Justice for All, cuyos textos radiografían la descomposición del sistema judicial, el colapso ambiental y la avaricia de las élites financieras. Años después, la incorporación de la serpiente de Gadsden en el homónimo The Black Album de 1991, asociada a movimientos libertarios norteamericanos a través del tema «Don’t Tread on Me», ratificó que las inquietudes sociopolíticas han estado entrelazadas de manera orgánica con la evolución estética del grupo, aunque sus integrantes elijan ahora priorizar la evasión en recintos futuristas como Sphere.
Dos visiones contrapuestas del directo en el siglo XXI
La diatriba entre Waters y Hetfield evidencia la fractura insalvable entre dos filosofías del rock contemporáneo. De un lado se sitúa la escuela sesentera de la protesta, donde la composición musical opera indisolublemente ligada a la denuncia y a la incomodidad del poder establecido. Del otro, impera el modelo de la gran franquicia global, centrado en ofrecer una vivencia inmersiva, catártica y transversal capaz de congregar a audiencias heterogéneas sin fricciones ideológicas.
Mientras Metallica continúa llenando estadios en los cinco continentes al amparo de su imponente infraestructura tecnológica, la voz de Roger Waters se mantiene como un recordatorio áspero e incómodo de que, para ciertos pioneros del género, silenciar la conciencia política a cambio de complacencia colectiva supone una claudicación que ningún despliegue de decibelios puede disimular.