MELBOURNE, 23 de agosto de 2026 — King Gizzard & The Lizard Wizard ha publicado por sorpresa su vigesimoctavo álbum de estudio titulado Alien Metal, una obra conceptual donde el sexteto australiano abraza de lleno las frecuencias del techno industrial, el breakbeat y las escalas microtonales, coincidiendo con la celebración de su festival Field Of Visions en Buena Vista, Colorado.
En Portada
- El grupo australiano lanza su 28º disco en 14 años consolidando su vertiente más bailable, pistera y futurista.
- El álbum surge directamente de las improvisaciones electrónicas con su sintetizador modular de escenario bautizado como «Nathan».
- El trabajo recupera la estructura en bucle circular continuo de Nonagon Infinity tras su incursión en The Silver Cord.
Del foso de las salas de conciertos a la consagración de «Nathan»
La génesis de Alien Metal no responde a una planificación convencional de estudio de grabación, sino a la pura combustión del directo sobre el escenario. Durante la histórica residencia que la formación de Melbourne ofreció en la Sala Razzmatazz de Barcelona y su arrollador paso por festivales de gran formato como el Primavera Sound Barcelona, Stu Mackenzie y Joey Walker comenzaron a instalar en el centro del tablado una imponente estructura de cables de parcheo, osciladores de voltaje y filtros analógicos a la que apodaron cariñosamente «Nathan». Lo que en un principio constituían pasajes de transición de diez minutos e improvisaciones de trance krautrock entre temas de thrash metal ha terminado cristalizando en un álbum de estudio riguroso, cohesionado y desafiante.
Lejos de concebir la música electrónica como un divertimento secundario, el sexteto ha volcado en este plástico toda la ferocidad física que caracteriza a sus recitales. Stu Mackenzie explicaba recientemente cómo el directo moldeó cada compás de la grabación: «Cuando estás sobre las tablas con miles de personas sudando frente a ti, sientes de inmediato qué frecuencias graves mueven el pecho del público y qué silencios generan verdadera tensión dramática. No queríamos hacer un disco de electrónica de dormitorio ni de biblioteca de sonidos digitales; queríamos capturar la violencia cruda de una rave underground donde las máquinas son forzadas hasta el punto de distorsión analógica».
Ingeniería analógica: osciladores, microtonos y el pulso del rave
En el apartado estrictamente técnico, Alien Metal representa uno de los desafíos más complejos abordados por el conjunto australiano. En lugar de apoyarse en ordenadores portátiles o pistas pregrabadas, la banda construyó cada pista a partir de tomas colectivas en tiempo real. El guitarrista Joey Walker detallaba el enfoque metodológico de la banda: «A pesar del giro estilístico radical y de sumergirnos de lleno en cajas de ritmos secuenciadas y sintetizadores modulares Eurorack, seguimos sonando exactamente a nosotros mismos. Es la misma urgencia psicodélica y el mismo espíritu garajero de siempre, pero canalizados a través del pulso hipnótico del dancefloor». En piezas como la titular «Alien Metal», el grupo incorpora sintetizadores analógicos afinados en escalas microtonales de 24 tonos por octava, transfiriendo a los osciladores electrónicos las afinaciones orientales que ya exploraron en guitarras acústicas modificadas durante la era de Flying Microtonal Banana.
La sección rítmica desempeña un papel determinante en la pegada de la obra. El batería Michael Cavanagh no fue sustituido por ritmos programados, sino que sus tomas de batería acústica fueron pasadas por previos a válvulas en saturación y mezcladas en paralelo con cajas de ritmos Roland TR-808 y TR-909 modificadas. Esta superposición genera un grosor percusivo contundente que aleja la producción de cualquier frialdad digital, dotando al sonido de una textura orgánica y crujiente que remite a los clásicos del acid house y del techno berlinés de comienzos de siglo.
Análisis pista a pista: del asalto industrial al jungle sincopado
El recorrido por el disco arranca sin contemplaciones con «Sapience», una pieza de seis minutos que sumerge al oyente en un muro de compases martilleantes a 135 pulsaciones por minuto, donde las líneas de bajo sintético dialogan con capas de ruido blanco y acoples controlados. En la posterior «Uqt», el sexteto coquetea con patrones repetitivos de groove industrial sobre los que asoman breves riffs de guitarra eléctrica pasados por pedales de fuzz, funcionando como un puente estilístico entre sus discos más pesados de stoner rock y la pista de baile.
Uno de los puntos álgidos de la entrega llega con «Level 5», un corte vertiginoso donde la formación se adentra con maestría en los terrenos del jungle y el breakbeat noventero. Las polirritmias aceleradas y los cortes de bajo sincopado rinden un homenaje explícito a la energía corrosiva del mítico Music for the Jilted Generation de The Prodigy, demostrando la versatilidad de los australianos para asimilar lenguajes ajenos sin perder un ápice de personalidad. Por su parte, «Superheavy, Supercritical» transita por senderos de house progresivo atmosférico, permitiendo que las voces procesadas de Ambrose Kenny-Smith y Cook Craig floten como espectros sonoros entre capas de reverberación de muelles y filtros de paso bajo.
La arquitectura del bucle circular infinito en el gizzverso
Fieles a su vocación conceptual, los miembros de King Gizzard han diseñado el cierre del álbum como un mecanismo de retorno perpetuo. La pista final, «Atomic Collapse», disuelve sus acordes en un crescendo de tensión eléctrica que empalma de manera matemática e imperceptible con el primer golpe de percusión de «Sapience». Este recurso de ingeniería compositiva retoma de forma magistral la estructura circular que consagró mundialmente a Nonagon Infinity en 2016, invitando al oyente a una escucha ininterrumpida y febril.
Con 28 discos publicados en apenas catorce años de actividad ininterrumpida, King Gizzard & The Lizard Wizard reafirma su condición de anomalía irrepetible dentro de la industria musical contemporánea. Lejos de acomodarse en una fórmula de éxito garantizado, la formación continúa dinamitando cualquier expectativa preconcebida, convirtiendo cada nuevo lanzamiento en una aventura imprevisible que confirma su estatus como una de las experiencias en directo más apabullantes y vanguardistas del planeta.