Investigación del New York Times revela uso de Eurovisión como herramienta política por Israel

Una investigación del New York Times ha revelado que el Gobierno de Israel habría utilizado el festival de Eurovisión como una herramienta de «poder blando» para mejorar su imagen internacional. Según el informe, publicado justo antes de la celebración de Eurovisión 2026, Israel habría invertido millones de dólares en campañas para influir en el televoto del festival.
La investigación, firmada por Mara Hvistendahl y Alex Marshall, se desarrolló durante varios meses e incluyó entrevistas a más de 50 personas y el análisis de documentos internos y datos de votación. Según el reportaje, el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu habría convertido Eurovisión en una herramienta de «poder blando» para mejorar la imagen internacional del país, especialmente en un contexto de crisis diplomática por la ofensiva militar en Gaza.
El informe señala que el Gobierno israelí habría gastado más de un millón de dólares en publicidad vinculada a Eurovisión, principalmente a través del Ministerio de Asuntos Exteriores y la oficina de «hasbara», encargada de la comunicación internacional. Estos fondos se habrían utilizado para campañas de promoción, anuncios en redes sociales y mensajes directos animando a votar por los representantes israelíes.
Uno de los aspectos más impactantes de la investigación es el análisis del voto popular. En las ediciones de 2024 y 2025, los representantes israelíes lograron resultados extraordinarios en países donde la opinión pública es mayoritariamente crítica con las políticas del Gobierno israelí. Según el New York Times, bastarían unos pocos cientos de votos para inclinar la balanza y determinar el resultado final del festival.
La investigación también revela que la campaña israelí podría haber cambiado fácilmente el resultado del festival, tal y como se denunció en Eurovisión 2024 y Eurovisión 2025. La cantante israelí que representó a su país en la edición pasada, Yuval Raphael, ganó el voto popular en países donde las encuestas muestran que Israel es profundamente impopular.
El New York Times describe la estrategia israelí como un ejemplo claro de «poder blando»: usar la cultura, el entretenimiento y la imagen pública para mejorar la percepción internacional de un país. Eurovisión, con más de 180 millones de espectadores y una enorme influencia en redes sociales, era el escaparate perfecto para esta estrategia.
La información llega en un momento crítico para la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora de Eurovisión, que intenta sacar adelante la edición de 2026 tras estar envuelta en la polémica. La investigación del New York Times, basada en documentos internos, datos de voto inéditos y más de medio centenar de entrevistas, apunta a que los intentos de Israel por influir en el televoto no solo existieron, sino que comenzaron mucho antes de lo que se creía y pudieron alterar directamente los resultados de varias ediciones recientes.
El Gobierno israelí habría utilizado Eurovisión como una plataforma global para mejorar su imagen, demostrar apoyo popular internacional y contrarrestar el aislamiento diplomático provocado por la guerra en Gaza. Según la investigación, Israel no trató Eurovisión solo como un concurso musical, sino como una herramienta de propaganda internacional.
La investigación del New York Times ha reabierto el debate sobre la neutralidad política de Eurovisión y ha generado un intenso debate sobre la posible influencia política en el televoto. La UER ha sido criticada por no haber tomado medidas suficientes para evitar estas irregularidades, a pesar de haber anunciado cambios en el sistema de votación.
En respuesta a la investigación, la UER ha declarado que ha reforzado la seguridad y que está comprometida con la transparencia y la integridad del festival. Sin embargo, la investigación revela que la UER ha rechazado hacer ningún tipo de auditoría externa para investigar estas irregularidades.
La polémica ha generado un intenso debate sobre la posible influencia política en el televoto de Eurovisión y ha puesto en duda la neutralidad política del festival. La investigación del New York Times ha sacudido al festival y ha reabierto el debate sobre el uso de la cultura pop como herramienta política y diplomática.



