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Bass Drum of Death asaltan Madrid y Barcelona con la crudeza garage punk de ‘SIX’

La formación estadounidense liderada por John Barrett regresa a los escenarios españoles los días 19 y 20 de octubre de 2026 para presentar su sexto trabajo de estudio, 'SIX', en dos fechas exclusivas en la Sala Upload de Barcelona y el Wurlitzer Ballroom de Madrid. Respaldada por Primavera Tours y el sello Cobraside, la banda de Mississippi recupera el sonido directo, crudo y saturado de fuzz que definió los cimientos del garage rock contemporáneo a principios de la década de 2010. Dos noches de alta intensidad física en recintos de aforo reducido donde las guitarras afiladas y el pulso analógico vuelven a marcar la pauta.

Bass Drum of Death en QConciertos
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MADRID, 15 de octubre de 2026 — Bass Drum of Death desembarcan esta semana en España para presentar su álbum SIX con dos fechas consecutivas en la Sala Upload de Barcelona y en el Wurlitzer Ballroom de Madrid. El grupo fundado en Oxford (Mississippi) por el vocalista, guitarrista y compositor John Barrett regresa a la península ibérica bajo el amparo organizativo de Primavera Tours, ratificando la vigencia de una propuesta que desafía las modas de la producción sintética mediante electricidad valvular, distorsión inmediata y tempos vertiginosos.

En Portada

  • John Barrett lidera el regreso de Bass Drum of Death a los escenarios españoles respaldado por el sello Cobraside y la promotora Primavera Tours.
  • El repertorio prioriza la aspereza analógica de SIX, prescindiendo de artificios de producción para replicar la pegada directa de sus primeras maquetas.
  • La gira recala el 19 de octubre en la Sala Upload (Barcelona) y el 20 de octubre en el Wurlitzer Ballroom (Madrid), dos templos del circuito subterráneo.

El retorno a la raíz: la arquitectura sonora de ‘SIX’

Editado por el sello independiente Cobraside, SIX marca un punto de inflexión en la discografía de Bass Drum of Death. Quince años después del impacto internacional de su debut de culto, GB City (2011), y tras haber explorado texturas más pulidas en etapas intermedias publicadas en sellos como Innovative Leisure, Barrett ha optado conscientemente por desmantelar los barroquismos de estudio. La grabación de este sexto larga duración prescinde de sobreproducciones estériles y vuelve a capturar el impulso de una banda tocando junta en la misma habitación, canalizando la reverberación natural y el acople de los amplificadores.

«Nunca he necesitado consolas de mezcla de cuarenta canales ni capas infinitas de compresión digital para sonar peligroso; si la guitarra escupe fuego a través de un cabezal a válvulas y la batería te golpea de lleno en el pecho, la canción ya está terminada», afirma John Barrett sobre el proceso de concepción del disco. El resultado son diez cortes breves, abrasivos y desprovistos de relleno en los que conviven ecos del protopunk de The Stooges, el nervio garage revivalista de principios de los noventa y el ritmo sincopado del blues del delta del Mississippi, tierra natal del músico.

Genealogía de un bastión del fuzz estadounidense

El nacimiento de Bass Drum of Death coincidió con la eclosión de una camada irrepetible de agitadores del rock de garaje en Estados Unidos a comienzos del nuevo milenio. Compartiendo trinchera generacional con formaciones como Ty Segall, Thee Oh Sees, Wavves y Black Lips, el proyecto de Barrett se diferenció rápidamente por su querencia por los ganchos melódicos adhesivos y una economía instrumental implacable. En sus orígenes como formación unipersonal —donde Barrett operaba simultáneamente la guitarra rítmica y el bombo a los pedales—, la banda forjó una ética de trabajo fundamentada en la urgencia interpretativa.

A lo largo de trabajos consagrados como su álbum homónimo de 2013 o Rip This (2014), la formación transitó desde las bodegas clandestinas hasta los escenarios principales de citas de referencia como Coachella, Lollapalooza o el propio festival Primavera Sound. Sin embargo, su verdadero pulso artístico siempre ha permanecido estrechamente vinculado a las distancias cortas, donde la barrera entre el ejecutante y el público desaparece por completo bajo una densa marea de decibelios y sudor compartido.

Dos recintos de trinchera: Sala Upload y Wurlitzer Ballroom

La elección de los espacios para este desembarco en Barcelona y Madrid responde a una declaración de principios estética y logística. Lejos de la frialdad de los auditorios de gran escala o los pabellones asépticos, la gira se asienta en dos bastiones indispensables para el circuito independiente estatal.

La primera parada tendrá lugar el lunes 19 de octubre en la Sala Upload, situada en el recinto del Poble Espanyol de la capital catalana. Este espacio, conocido por albergar las programaciones más vanguardistas y refractarias al circuito comercial de la ciudad condal, ofrece una acústica frontal ideal para la pegada rítmica del grupo. Apenas veinticuatro horas después, el martes 20 de octubre, la caravana se trasladará a Madrid para ocupar las tablas del legendario Wurlitzer Ballroom, a escasos metros de la Gran Vía.

«Salas como el Wurlitzer en Madrid o Upload en Barcelona constituyen el hábitat natural del garage punk: sudor a un palmo del escenario, suelo pegajoso y un muro de sonido implacable donde no hay trampa ni cartón posible», apunta Barrett al rememorar sus anteriores pasos por la península. «Cuando estás a esa distancia de la gente, no puedes fingir nada. Tienes que vaciarte en cada acorde o la propia sala te devora».

Expectativas de repertorio y vigencia del género en 2026

Los conciertos programados para este tramo otoñal prometen equilibrar el material recién facturado en SIX con los himnos fundacionales que han acompañado a la banda durante la última década y media. Clásicos indiscutibles del calibre de «Crawling After You», «Velvet Eyes», «Get Found» o «Left For Dead» compartirán espacio con los nuevos sencillos, articulando un repertorio concebido para ejecutarse sin interrupciones prolongadas ni discursos de relleno.

En una temporada marcada por la saturación de montajes visuales hipertecnológicos y pistas pregrabadas en la música en vivo, la presencia de Bass Drum of Death en las salas españolas representa un ejercicio de purismo eléctrico. Dos amplificadores saturados, una caja de ritmos de pegada seca y la garganta rasgada de John Barrett bastan para certificar que el garage punk de raíz analógica conserva intacta su capacidad de sacudir el asfalto urbano.

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