Noticias

Richard Coleman rememora cómo fundó Fricción junto a Gustavo Cerati y revolucionó el post-punk

La gestación de Fricción a finales de 1984 marcó un punto de inflexión definitivo en la vanguardia del rock en español. Reunidos bajo la influencia directa del post-punk británico, el art-rock neoyorquino y las texturas oscuras de bandas como Television o Joy Division, Richard Coleman y Gustavo Cerati unieron fuerzas creativas al margen de sus proyectos troncales para fundar una formación irrepetible. Con el respaldo rítmico de Fernando Samalea y Christian Basso, el cuarteto debutó en el emblemático Stud Free Pub de Buenos Aires antes de plasmar en 'Consumación o consumo' una obra capital cuya producción artística firmó el propio Cerati. Analizamos las claves estéticas, el legado discográfico y la intrahistoria de una alianza histórica que transformó la escena alternativa.

Fricción Richard Coleman en QConciertos
5 min

MADRID, 3 de noviembre de 2026 — La génesis de Fricción supuso un hito insoslayable para el rock en español cuando Richard Coleman y Gustavo Cerati fundaron la formación antes de alumbrar su emblemático álbum Consumación o consumo y debutar en el recordado Stud Free Pub de Buenos Aires. Aquel proyecto paralelo redefinió los horizontes sonoros de una época dorada.

En Portada

  • Génesis subterránea: Richard Coleman y Gustavo Cerati estructuraron Fricción a finales de 1984 como un laboratorio guiado por el post-punk y la new wave anglosajona.
  • Arquitectura y producción de estudio: Cerati asumió la dirección artística en el álbum debut Consumación o consumo (1986), registrado con Fernando Samalea y Christian Basso.
  • Fuerza escénica e influencia: Tras su consagración en el circuito underground del Stud Free Pub, la impronta del cuarteto transformó la guitarra alternativa iberoamericana.

El pacto clandestino de dos arquitectos de la guitarra

Hacia finales de 1984, la escena porteña experimentaba una efervescencia artística sin parangón tras la reapertura democrática. Mientras Soda Stereo comenzaba a perfilar el arrollador fenómeno continental que detonaría tras su debut homónimo, Richard Coleman compaginaba sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Exactas con ensayos de alta exigencia formal en Metrópoli y Los Encargados. Sin embargo, la sintonía intelectual y guitarrera entre Coleman y Cerati demandaba un cauce alternativo, blindado frente a las exigencias comerciales de las multinacionales discográficas.

Aquella alianza no pretendía funcionar como un divertimento ocasional, sino como un manifiesto estético riguroso y autosuficiente. El propio Gustavo Cerati lo explicitó con claridad meridiana en las primeras comunicaciones del proyecto: «La reunión no es casual. Soda Stereo y Metrópoli tuvieron un surgimiento casi paralelo. La idea nuestra al crear Fricción fue la de encarar un proyecto que tuviera importancia por sí solo, que no por ser paralelo a otros proyectos perdiera identidad o seriedad. Concebimos a un grupo, no a una diversión».

La búsqueda tímbrica de la dupla se nutrió directamente de la frialdad eléctrica del dark wave británico y el filo intelectual del art-rock neoyorquino: Television, The Psychedelic Furs, Joy Division, Wire, The Cure y los compases sincopados de King Crimson. Incluso el nombre del grupo nació de esa devoción compartida por la vanguardia foránea. «El nombre Fricción es por la canción de Television, “Friction”. Tom Verlaine fue una gran inspiración en mi adolescencia. La banda era un espacio de experimentación, para ver qué salía», rememoró Coleman al desgranar aquellas sesiones iniciáticas en domicilios particulares y locales de ensayo improvisados.

Del Stud Free Pub a la forja sonora de ‘Consumación o consumo’

Para trasladar a las tablas la tensión de sus guitarras entrelazadas, Coleman y Cerati convocaron a una base rítmica de enorme precisión y elasticidad: el baterista Fernando Samalea y el bajista Christian Basso, procedentes de Clap. Con esta formación magistral, Fricción debutó el 7 de abril de 1985 en el mítico Stud Free Pub del barrio porteño de Belgrano. La velada congregó a músicos consagrados, cronistas y aficionados ávidos de novedades, desatando una oleada inmediata de comentarios por la crudeza y elegancia de su propuesta escénica.

Sobre el escenario, el entrelazado entre la Fender Stratocaster de Coleman y las rítmicas texturizadas de Cerati creaba una atmósfera densa, cortante y sobria. Mientras el panorama imperante celebraba melodías festivas y ritmos bailables, Fricción apostaba por acordes suspendidos, afinaciones abiertas, reverberaciones cavernosas y textos existenciales que cartografiaban las sombras de la metrópoli moderna. No había concesiones al aplauso fácil ni a los moldes prediseñados.

Cerati sintetizaba la filosofía del cuarteto ante las preguntas de los cronistas musicales: «Música de choque, de fricción. La idea, el concepto y la elaboración son totalmente actuales. Pero en su efecto la música nunca es divertida». Esta determinación artística se consolidó de manera definitiva durante las sesiones de grabación en los estudios Moebio entre 1985 y 1986. Allí cobró vida Consumación o consumo, bajo la supervisión directa de Cerati como productor artístico.

El trabajo de Cerati tras los controles dotó al registro de un brillo cristalino y espacioso, incorporando guitarras adicionales, secuenciadores discretos y coros precisos. Composiciones como «Durante la demolición», «Arquitectura vegetal», «Autos sobre mi cabeza» y la sobrecogedora versión en castellano de «Héroes» —la obra cumbre de David Bowie y Brian Eno— demostraron que el post-punk en español poseía una madurez lírica y técnica equiparable a las mejores producciones de Londres o Nueva York.

El peso perenne de una alianza que moldeó el rock alternativo

Tras el lanzamiento discográfico a través del sello Interdisc, Consumación o consumo mereció el reconocimiento unánime de los medios especializados, que eligieron a Fricción como banda revelación del año. No obstante, las crecientes exigencias de Soda Stereo —inmersa en la conquista masiva de Latinoamérica— impusieron un reajuste inevitable. Cerati pasó el testigo del escenario a nuevas incorporaciones como Daniel Castro en el bajo y Rolando Ureta en guitarras para la etapa de Para terminar (1988), cerrando un ciclo iniciático irrepetible.

Cuatro décadas después de aquellos primeros acordes y con una onda expansiva que dialoga de forma directa con la escena de salas de Madrid o Barcelona, el sonido de Fricción permanece intacto, libre de las modas efímeras. La conjunción entre la gravedad vocal y poética de Coleman y la genialidad armónica de Cerati construyó un puente entre el underground más arriesgado y la maestría compositiva.

«Creo que no pasa un día sin que piense en Gustavo Cerati», admitió conmovido Richard Coleman al recordar a su compañero de aventuras. El testimonio sonoro de Fricción constata que la verdadera trascendencia artística germina cuando dos mentes visionarias deciden arriesgarlo todo en pos de una identidad intransigente y luminosamente oscura.