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Patti Smith reivindica la vigencia del rock y el compromiso civil al recoger el Premio Princesa de Asturias de las Artes

A las puertas de cumplir 80 años, la madrina del punk estadounidense Patti Smith ha recogido el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 en el Teatro Campoamor de Oviedo. Lejos de concebir el galardón como un broche conmemorativo a su trayectoria, la autora de 'Horses' protagonizó una intervención electrizante en defensa de las nuevas generaciones, la protección medioambiental y la cultura como herramienta de cohesión social, coronando el acto con una interpretación acústica de 'Wing' que conmovió al plenario.

Patti Smith Premio Princesa de Asturias en QConciertos
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MADRID, 24 de Octubre de 2026 — La compositora, poeta y ensayista estadounidense Patti Smith ha transformado la solemne ceremonia de entrega del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 en el Teatro Campoamor de Oviedo en un rotundo manifiesto de vigencia creativa, coronando su comparecencia con una sobrecogedora interpretación en acústico de su tema ‘Wing’, perteneciente al álbum Gone Again, para demostrar que el pulso de su obra continúa firmemente anclado en el presente.

En Portada

  • Patti Smith recoge en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 y descarta cualquier horizonte de retiro antes de cumplir 80 años.
  • La creadora estadounidense interpretó en directo su clásico ‘Wing’ (1996) como colofón a un discurso centrado en la esperanza generacional y la defensa de los derechos humanos.
  • El galardón refrenda medio siglo de trayectoria desde el estallido punk de Horses (1975) hasta su madurez literaria y musical en activo.

La ceremonia de Oviedo: ‘Wing’ y la consagración sin punto final

La cita institucional de la capital asturiana adquiere una dimensión histórica en el currículo de la artista de Chicago. Vestida con su habitual sobriedad escénica y visiblemente emocionada, Patti Smith subió al atril del coliseo ovetense arropada por una ovación unánime. No obstante, frente a la tentación de convertir el homenaje en un ejercicio retrospectivo o complaciente, la creadora despojó la distinción de solemnidad testamentaria para dotarla de una urgencia pragmática: «Es un incentivo para seguir trabajando y evolucionando», subrayó con firmeza ante los asistentes.

El momento culminante de la tarde aconteció cuando la palabra cedió el testigo a la partitura. Empuñando su guitarra acústica con la naturalidad de quien lleva cinco décadas habitando los escenarios, Smith desgranó los acordes de ‘Wing’. La pieza, compuesta originalmente a mediados de los años noventa tras una etapa marcada por dolorosas pérdidas personales —entre ellas la muerte de su esposo Fred ‘Sonic’ Smith y su hermano Todd—, mutó en el recinto asturiano en una invocación colectiva a la libertad interior y a la superación de las heridas contemporáneas. La fragilidad contenida de su voz en las estrofas iniciales dio paso a la tesitura rotunda que definió los cimientos del proto-punk en los años setenta, logrando una de las estampas artísticas más conmovedoras vistas en la historia reciente de los galardones.

Un discurso generacional: cultura como trinchera y fraternidad

La intervención de Smith orbitó sobre la responsabilidad ética de los creadores en un contexto internacional crispado y fragmentado. Con una lucidez desprovista de retórica artificiosa, la cantautora apeló directamente a la juventud, instando a las instituciones y a la sociedad civil a preservar los espacios artísticos como refugios de estabilidad y pensamiento crítico. Para Smith, la música no es un mero adorno estético ni un producto de consumo efímero, sino un tejido articulador capaz de suturar brechas generacionales e ideológicas.

Asimismo, la autora de ‘People Have the Power’ dedicó amplios pasajes de su alocución a reconocer los méritos de los laureados en las demás disciplinas, estableciendo vasos comunicantes entre la creación lírica, la investigación científica, la defensa irrenunciable de los derechos fundamentales y la conservación de la biosfera. Lejos de la distancia que a menudo impera en los protocolos de Estado, Smith ponderó los lazos humanos gestados a lo largo de la semana de actos culturales: «Todos nos llevaremos de Oviedo algo incluso más valioso de lo esperado: una amistad duradera», manifestó con convicción, reivindicando la empatía y el diálogo comunitario como armas de resistencia frente al cinismo de la época.

De CBGB al Teatro Campoamor: el arco lírico de ‘Horses’ a la madurez

Comprender la trascendencia del reconocimiento otorgado a Patti Smith exige calibrar la naturaleza disruptiva de su aparición en la escena cultural de Nueva York a mediados de la década de 1975. Con el lanzamiento de Horses, grabado junto a Lenny Kaye, Jay Dee Daugherty, Richard Sohl e Ivan Kral en los míticos Electric Lady Studios bajo la producción de John Cale, Smith fracturó el orden imperante en el rock de masas. Su propuesta no nacía del virtuosismo técnico, sino de la colisión entre la poética simbolista de Arthur Rimbaud, la cadencia visceral de la Generación Beat y el nervio garage del rock primigenio.

Discos posteriores como Radio Ethiopia (1976), Easter (1978) —que alumbró el himno global ‘Because the Night’, coescrito junto a Bruce Springsteen— y Wave (1979) consolidaron una metodología de trabajo donde la declamación y el trance sonoro borraban las fronteras entre alta literatura y contracultura popular. Tras su paréntesis de reclusión familiar durante la década de los ochenta y su regreso con Dream of Life (1988), su producción madura ha sabido esquivar el estancamiento mediante una actividad poliédrica que abarca la fotografía, el ensayo testimonial con memorias magistrales y recitales de spoken word que agotan localidades en auditorios de Madrid, Londres o Berlín.

La vigencia escénica de una voz insustituible

La distinción del Princesa de Asturias constata que el magnetismo de Smith no depende de la nostalgia del circuito de festivales de verano ni de la explotación rutinaria de su cancionero clásico. En cada una de sus apariciones en directo, la vocalista transforma el escenario en un espacio asambleario donde el repertorio histórico dialoga con las urgencias del presente. Sus interpretaciones de temas como ‘Ghost Dance’ o la épica catártica de ‘Land’ conservan intacta la fiereza acústica y la resonancia moral que la situaron en el epicentro de la vanguardia neoyorquina.

Ochenta años de lucidez: el horizonte creativo en marcha

A punto de ingresar en su octava década de vida, la artista desmiente con hechos la idea preconcebida de que el rock and roll constituye un lenguaje exclusivo de la juventud biológica. Su agenda inmediata contempla nuevas lecturas poéticas, colaboraciones interdisciplinares y la redacción de nuevos textos que exploran la memoria visual y el paisaje contemporáneo. Su paso por Asturias no clausura una etapa artística; refrenda, por el contrario, la autoridad moral de una creadora que concibe cada reconocimiento como una encomienda de trabajo para seguir abriendo caminos a quienes vienen detrás.