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The Strokes abarrotan el Palau Sant Jordi y reivindican su legado generacional ante Ernest Urtasun

The Strokes firman un concierto arrollador en el Palau Sant Jordi de Barcelona ante más de diecisiete mil seguidores que agotaron las localidades en cuestión de horas. La banda neoyorquina presentó su reciente entrega discográfica 'Reality Awaits' en una noche de alto voltaje que combinó piezas contemporáneas como 'Lonely in the Future' con seis de los himnos más célebres de su debut 'Is This It?'. La cita contó con la presencia destacada del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, quien compartió impresiones en camerinos con Julian Casablancas y ensalzó públicamente su coherencia cívica en causas democráticas internacionales. Respaldada por el elogio unánime de la crítica catalana, la formación de Manhattan reafirma la vigencia incombustible de sus guitarras.

The Strokes Palau Sant Jordi en QConciertos
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MADRID, 22 de octubre de 2026 — La formación neoyorquina The Strokes ha firmado un concierto incontestable en el Palau Sant Jordi de Barcelona, agotando todas las localidades en pocas horas para la puesta de largo de su flamante disco ‘Reality Awaits’. El espectáculo, celebrado anoche ante más de diecisiete mil espectadores, contó con la presencia en platea y camerinos del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, quien mantuvo un encuentro privado con el vocalista Julian Casablancas para celebrar el compromiso cívico y la vigencia artística del quinteto.

En Portada

  • The Strokes abarrotan el Palau Sant Jordi de Barcelona tras agotar todas las localidades en pocas horas con un repertorio volcado en sus clásicos fundacionales.
  • El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, asiste al concierto y mantiene un encuentro con Julian Casablancas, elogiando el compromiso cívico y político del grupo neoyorquino.
  • El quinteto equilibra seis himnos del mítico ‘Is This It?’ con cinco piezas de su reciente trabajo discográfico ‘Reality Awaits’, destacando la acogida de ‘Lonely in the Future’.

El regreso triunfal de The Strokes y la devoción del Palau Sant Jordi

Hacía tiempo que el recinto de Montjuïc no vibraba con la intensidad eléctrica que se respiró desde los primeros compases de la noche. Con las entradas evaporadas semanas atrás en los canales oficiales de venta, el público catalán abarrotó las gradas y la pista central del Palau Sant Jordi para reencontrarse con los pioneros del renacimiento guitarrero de comienzos de siglo. Julian Casablancas, secundado por los guitarristas Nick Valensi y Albert Hammond Jr., el bajista Nikolai Fraiture y el baterista Fabrizio Moretti, desplegó una maquinaria rítmica milimétrica que disipó cualquier atisbo de nostalgia acomodada.

El arranque del concierto dejó patente que la banda de Manhattan atraviesa un momento de plenitud escénica. Lejos de parapetarse exclusivamente en la inercia de su catálogo histórico, el conjunto articuló un repertorio valiente y dinámico donde los desarrollos rítmicos angulosos y los contrastes melódicos marcaron el pulso del recital. La audiencia coreó al unísono cada verso, confirmando que la conexión entre el grupo y la capital catalana se mantiene tan vigorosa como en sus primeras visitas a las salas de la ciudad.

La puesta en escena huyó de artificios escenográficos innecesarios para concentrar toda la atención en la pegada instrumental. Con un diseño lumínico sobrio dominado por haces de luz blanca, tonalidades ámbar y destellos estroboscópicos puntuales, la banda convirtió el pabellón olímpico en un espacio de vibración compartida, donde el cruce de amplificadores a válvulas devolvió al rock de gran formato su condición de ceremonia física urgente y comunitaria.

Ernest Urtasun y Julian Casablancas: sintonía generacional en camerinos

Uno de los momentos más comentados de la velada trascendió lo puramente musical cuando el ministro de Cultura, Ernest Urtasun —actualmente inmerso en su candidatura para revalidar el cargo al frente de la coalición Frente Amplio—, compartió a través de sus canales oficiales varias fotografías del encuentro que mantuvo entre bastidores con Julian Casablancas. Urtasun no ocultó su profunda vinculación emocional con la trayectoria del grupo neoyorquino, rememorando el impacto formativo que supuso su irrupción hace un cuarto de siglo.

En el texto que acompañó a las imágenes del encuentro, el titular de Cultura detalló cómo las composiciones de Casablancas acompañaron sus años de juventud: «En 2001, ‘Is this it’ definió el sonido de mi generación. Poco después vino el descomunal ‘Room on fire’. Y en 2020, el deslumbrante regreso con ‘The new abnormal’». Un reconocimiento explícito al calado cultural de una discografía que transformó el panorama del rock alternativo internacional a comienzos del nuevo milenio.

Asimismo, el representante institucional ensalzó la faceta más combativa del vocalista, señalando su implicación constante en causas cívicas y electorales progresistas: «Ayer Julian Casablancas y los suyos encendieron el Sant Jordi en un directo para la historia. Gracias por la música y por el compromiso: con la democracia americana, contra el racismo y en favor de la campaña de Lula da Silva en Brasil. Larga vida a The Strokes!». Esta mención directa subraya el papel de Casablancas como figura pública que no elude posicionamientos políticos determinantes en foros internacionales y citas electorales clave, habiendo participado activamente en mítines de Bernie Sanders en Estados Unidos y campañas en defensa de los derechos civiles.

‘Reality Awaits’ frente al espejo de ‘Is This It?’: diálogo sonoro entre dos épocas

Sobre las tablas del coliseo barcelonés, la banda estructuró un repertorio quirúrgico donde dialogaron dos momentos creativos distanciados por veinticinco años. Lejos de relegar sus orígenes a un segundo plano testimonial, The Strokes interpretaron hasta seis temas de su influyente debut de 2001, ‘Is This It?’, frente a cinco cortes procedentes de su flamante entrega de estudio, ‘Reality Awaits’. Entre las composiciones recién estrenadas sobresalió con fuerza ‘Lonely in the Future’, una pieza propulsada por sintetizadores analógicos, líneas de bajo punzantes y arpegios cortantes que demostró una madurez sobresaliente en vivo.

Casablancas se mostró comunicativo y mordaz entre canción y canción, alternando su registro vocal desgarrado con momentos de sofisticada modulación armónica. Dirigiéndose a los miles de asistentes congregados en Montjuïc, el líder de la formación verbalizó la gratitud del grupo hacia la ciudad: «Volver a tocar en Barcelona siempre tiene una carga magnética especial para nosotros; es una de esas plazas donde la energía del público empuja a las guitarras a sonar sin reservas desde el primer segundo». La respuesta de la pista fue unánime cuando sonaron trallazos como ‘The Modern Age’, ‘Hard to Explain’, ‘Someday’ y ‘Last Nite’, interpretados con la aspereza y velocidad que encumbraron a la banda a la vanguardia internacional.

El contraste entre el sonido analógico y directo de su etapa primigenia y los arreglos vanguardistas de sus trabajos recientes quedó plasmado en la alternancia rítmica guiada por Moretti y Fraiture. Los pasajes melódicos trenzados por Valensi y Hammond Jr. demostraron un entendimiento casi telepático en las seis cuerdas, prescindiendo de pistas pregrabadas y apoyándose en pedales clásicos de distorsión, compresión analógica y reverberaciones naturales de sala que envolvieron todo el recinto.

La prensa musical elogia la rotundidad interpretativa del quinteto

La crítica especializada coincidió de forma unánime en señalar la solvencia y contundencia del concierto. Desde las páginas de La Vanguardia, el periodista musical Sergio Lozano describió la actuación como «una noche que, quien estuvo, tardará en olvidar», haciendo hincapié en la capacidad de la banda para reinar sobre el escenario con un dominio absoluto de los tiempos y una versatilidad vocal que transitó con naturalidad con y sin moduladores de tono.

Por su parte, el crítico Jordi Bianciotto subrayó en El Periódico que las canciones de la formación «electrocutaron en el Palau Sant Jordi», calificando la cita como un ejercicio de directo «rotundo» que despeja cualquier duda sobre el vigor escénico de la banda en 2026. La prensa local coincidió en ensalzar la honestidad de una puesta en escena sobria, sin pantallas gigantes invasivas ni artificios circenses, donde la música, la tensión de los amplificadores a válvulas y la comunión colectiva fueron los únicos protagonistas absolutos de la noche en Barcelona.

Con este triunfo en la capital catalana, The Strokes concluyen una parada determinante en su itinerario europeo, confirmando que su vigencia escénica no responde a un mero ejercicio de nostalgia comercial, sino a la fortaleza orgánica de un repertorio que continúa congregando a distintas generaciones en torno al pulso irreductible de las guitarras eléctricas.