MADRID, 22 de octubre de 2026 — El colectivo británico Jungle calienta motores para desplegar su nuevo espectáculo en el Movistar Arena de Madrid y el Palau Sant Jordi de Barcelona con motivo del lanzamiento de Sunshine, su flamante trabajo discográfico. La formación fundada por Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland atraviesa uno de los momentos de mayor madurez de su trayectoria, tras capitalizar el descomunal impacto internacional de «Back on 74» y su anterior entrega, Volcano.
En Portada
- Jungle presenta su álbum Sunshine, un disco luminoso que sustituye la saturación digital por la calidez orgánica.
- Josh Lloyd-Watson confirma a la multiinstrumentista Lydia Kitto como miembro oficial y analiza las influencias de Sérgio Mendes, el dub y el highlife.
- La gira aterriza el 26 de octubre en Madrid (Movistar Arena) y el 28 de octubre en Barcelona (Palau Sant Jordi).
El pulso orgánico de ‘Sunshine’ y el adiós al artificio sonoro
Lejos de acomodarse en la fórmula de voces aceleradas y compresión extrema que cimentó el triunfo de Volcano, el núcleo creativo de Jungle ha decidido bajar las revoluciones artificiales para reconectar con el tacto físico de los instrumentos. Lloyd-Watson explica que el proceso de composición demandaba una respuesta frontal a la intensidad de sus grabaciones precedentes: «Durante el proceso creativo, la música es muy nuestra, pero cuando llega al público deja de pertenecernos de la misma manera. Entonces te entran ganas de hacer algo que sea casi lo contrario de lo que acabas de publicar».
Ese viraje conceptual se traduce en cortes como «Come Back to Me» o la homónima «Sunshine», donde la instrumentación respira con holgura matutina, alejándose de los esquemas hiperprocesados asociados al chipmunk soul. «En este álbum nos hemos inclinado por algo más orgánico, menos procesado. En Volcano las voces estaban muy manipuladas y todo tenía una energía muy extrovertida. Queríamos ver hasta dónde podíamos llevar nuestro sonido, pero hubo momentos en los que sentí que estábamos forzando demasiado las cosas. Ya no necesitamos gritar ‘¡miradnos!’. El disco es más orgánico y tiene más matices», subraya el músico británico.
Esta búsqueda de serenidad creativa ha implicado desoír las exigencias externas y las fórmulas comerciales predecibles. Para Lloyd-Watson, condicionar el laboratorio de ideas al veredicto de los prescriptores o a la validación de los círculos especializados supone traicionar la honestidad del proyecto: «Hacer música para complacer a la crítica es contraproducente. La gente viene a Jungle para irse de fiesta y pasárselo bien, no para analizar una canción que todavía no conoce».
Lydia Kitto se consolida en una estructura al estilo Gorillaz
Uno de los cambios estructurales más determinantes en esta nueva etapa es la formalización de Lydia Kitto como componente oficial de la banda. Presente desde las sesiones de su tercer álbum y pieza clave en las armonías de los directos recientes, Kitto asume ahora un rol troncal en la composición y en la ejecución de líneas melódicas que ensanchan el registro tímbrico del grupo.
Lloyd-Watson valora con entusiasmo la elasticidad que aporta su voz: «Lydia es increíble. Su capacidad para escribir melodías y cantar cosas que nosotros no éramos capaces de hacer nos abrió una puerta nueva. Puede hacer giros vocales que nosotros probablemente tendríamos que conseguir mediante un sample. Jungle siempre ha tenido algo de proyecto construido a partir de samples, así que contar con una vocalista tan versátil ha sido muy emocionante». Su integración definitiva se planificó con cautela tras el cierre del ciclo anterior para preservar la naturalidad del proyecto frente a la resistencia habitual del público ante las transformaciones internas.
Pese a esta solidez en el núcleo, la filosofía de la formación continúa abierta a la mutación colaborativa. Lloyd-Watson traza un paralelismo elocuente con otros referentes británicos: «Somos como Gorillaz. Puede haber distintos colaboradores, pero Gorillaz siempre es Gorillaz. No hay muchos grupos que puedan hacer algo así sin perder su identidad». Esa maleabilidad permite al combo transitar desde los fraseos urbanos de sus primeros sencillos hasta la sofisticación vocal actual sin diluir su firma rítmica inconfundible.
Pausa de giras, cadencias tropicales y el magnetismo de ‘Back on 74’
El nacimiento de Sunshine coincide con un periodo de desconexión de los escenarios que permitió a sus integrantes nutrirse de sonoridades ajenas al ritmo frenético de las carreteras europeas y norteamericanas. Las escuchas domésticas de clásicos de Sérgio Mendes, ritmos tradicionales de África occidental, patrones de highlife y ecos de dub jamaicano terminaron permeando las nuevas maquetas de manera espontánea.
Incluso la identidad gráfica del álbum refleja este retorno a la calidez analógica. Tras explorar el negro en su debut, el amarillo en For Ever, el blanco en Loving in Stereo y el naranja ardiente en Volcano, la portada de Sunshine evoca la madera blanqueada por el sol y la pátina de las costas atlánticas: «Tenemos una paleta visual que gira en torno a la luz, a esos tonos del atardecer. Queríamos algo más desgastado, como si el sol lo hubiera tostado. Tenía algo de Brasil, de madera que hubiera pasado todo el día en la playa».
Respecto a la onda expansiva de «Back on 74», convertida en himno generacional gracias a su coreografía en plano secuencia y su irresistible cadencia soul, el vocalista reflexiona sobre el halo enigmático de la composición. Lloyd-Watson admite que la recurrente confusión de los oyentes, que vinculaban el título a un año nostálgico en lugar de a una dirección física, acabó multiplicando el atractivo de una melodía que surgió sin pretensiones grandilocuentes.
Doble cita en pabellones: Madrid y Barcelona reciben la fiesta
La puesta de largo de Sunshine en territorio estatal se articulará a través de dos convocatorias de gran aforo programadas por Primavera Tours. El domingo 26 de octubre, la formación londinense congregará a miles de seguidores en el Movistar Arena de Madrid, mientras que el martes 28 de octubre trasladará su despliegue sonoro al emblemático Palau Sant Jordi de Barcelona.
Fieles a su principio de que el directo debe ser una celebración catártica antes que un escaparate de experimentación incierta, Lloyd-Watson descarta la costumbre de testar composiciones inéditas ante auditorios masivos: «Para mí, el público es lo primero. Siempre he intentado anteponer su experiencia a la mía. Cuando tocas una canción inédita, no siempre funciona, porque la gente busca algo familiar. Quiere volver a sentir lo que sintió cuando se enamoró de tu música». Con las nuevas composiciones ya asimiladas por sus seguidores, la pista de baile volverá a ser el terreno donde el directo de Jungle confirme su vigor indiscutible en la escena contemporánea.