MONTEVIDEO, 27 de agosto de 2026 — El legendario músico, compositor, cantante y maestro de la percusión uruguayo Rubén Rada, conocido popularmente como ‘El Negro’ Rada y considerado una de las personalidades más influyentes, trascendentes y queridas de la cultura rioplatense en el último siglo, falleció este miércoles a los 83 años de edad en una clínica de Montevideo tras permanecer un mes hospitalizado debido a un complejo cuadro de neumonía bilateral, según confirmó su entorno familiar a través de un comunicado oficial emitido en sus canales públicos.
En Portada
- Fallece en Montevideo a los 83 años el histórico compositor y percusionista Rubén Rada.
- Creador del revolucionario candombe-beat junto a Eduardo Mateo en El Kinto a finales de los sesenta.
- Galardonado con el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical por su aportación a la música popular.
El dolor de una familia y el luto de la cultura iberoamericana
La noticia de su partida física ha conmocionado al panorama artístico internacional, donde colegas de múltiples generaciones y procedencias geográficas han expresado su pesar por la pérdida de un creador insustituible. «Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles a las 15:30 hs. se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra una neumonía y sus complicaciones. Gracias a todos por los mensajes de preocupación y el amor de hoy y siempre. Infinitas gracias al equipo profesional que hizo todo lo posible y más», expresó la familia Rada en su mensaje público de despedida.
Nacido en el emblemático barrio Palermo de Montevideo en 1943, Rubén Rada creció inmerso en la cadencia de las comparsas del carnaval afrouruguayo y los toques ancestrales del tambor chico, repique y piano. Su visión artística revolucionaria consistió en tender puentes audaces entre esa herencia rítmica negra y las corrientes vanguardistas del rock anglosajón, la bossa nova brasileña y el jazz moderno, fundando un lenguaje sonoro propio que marcaría a fuego la identidad musical del cono sur y la evolución del pop latinoamericano durante más de seis décadas ininterrumpidas de creación.
De la revolución de El Kinto y Tótem a la sofisticación global de Opa
A mediados de los años sesenta, junto al recordado compositor Eduardo Mateo, Rada formó El Kinto, agrupación fundacional que inventó formalmente el candombe-beat al electrificar el toque de las lonjas con guitarras distorsionadas, armonías vocales complejas y bajo eléctrico en las míticas sesiones del Hot Club montevideano. Aquel sonido fundacional transformó para siempre la escena uruguaya, demostrando que la raíz tradicional afrouruguaya podía dialogar de igual a igual con las vanguardias psicodélicas internacionales.
Posteriormente, al frente de Tótem a comienzos de la década de 1970, lideró uno de los hitos más masivos y brillantes del rock progresivo sudamericano, editando álbumes indispensables como Tótem y Descarga, que rompieron récords de venta y asistencia en ambas orillas del Río de la Plata gracias a himnos inmortales como «Dedos» y «Biafra». Su insaciable curiosidad musical lo llevó a radicarse en los Estados Unidos junto a los virtuosos hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso para dar vida a Opa, proyecto de culto reverenciado en todo el planeta por su prodigiosa síntesis de jazz fusión, funk y polirritmia afrouruguaya, colaborando con gigantes de la talla de Hermeto Pascoal, Milton Nascimento y Flora Purim en obras cumbre como Goldenwings (1976) y Magic Time (1977), publicadas por el legendario sello Milestone Records.
«El candombe no es solo un tambor para bailar en carnaval, es el testimonio vivo, la memoria y el latido de un pueblo que encontró en la música su mayor forma de resistencia y libertad colectiva», solía recordar el maestro en sus reflexiones sobre la raíz cultural de su arte y la dignidad de la comunidad afrodescendiente.
Magisterio rítmico y alianzas doradas con el rock en castellano
Durante los difíciles años de las dictaduras militares en el cono sur, Rada encontró en el exilio y en la ciudad de Buenos Aires un nuevo epicentro para su genialidad compositiva. Su comprensión intuitiva de la polirritmia y su prodigiosa capacidad para el scat vocal lo convirtieron en un colaborador predilecto para las mayores figuras del rock argentino. Compartió grabaciones fundamentales con Charly García, Fito Páez en álbumes capitales como Tercer Mundo, León Gieco, Pedro Aznar, Luis Alberto Spinetta y Litto Nebbia, aportando congas, timbales y coros que elevaron la riqueza armónica de canciones históricas.
Su técnica percusiva, caracterizada por un toque limpio y sincopado sobre los tambores de cuero templados al fuego, se convirtió en objeto de estudio para percusionistas de todo el mundo. Rada no concebía la percusión como un mero acompañamiento de fondo, sino como el motor melódico y espiritual de la estructura musical, capaz de transmitir euforia festiva o profunda melancolía con idéntica maestría.
Un cancionero inmortal y reconocimiento universal
En su extensa etapa en solitario, plasmada en más de una treintena de discos grabados en diversos países, Rada alumbró clásicos imperecederos como «Quién va a cantar», «Cha-cha, muchacha», «Tengo un candombe para Gardel», «Candombe para Gardel», «Blumana», «Malísimo» y «Muriendo de plena», composiciones que rompieron barreras generacionales y contagiaron de optimismo y virtuosismo a millones de oyentes. Su desbordante carisma escénico lo convirtió en una figura habitual y venerada en festivales y salas de Madrid, Barcelona, Montevideo y Buenos Aires.
En 2011, la Academia Latina de la Grabación le otorgó el Premio Grammy a la Excelencia Musical por su trayectoria, sumándose a numerosos Premios Gardel y distinciones oficiales como Ciudadano Ilustre de Montevideo. Con su fallecimiento, que sigue a la reciente despedida de otros referentes globales de la canción popular como Dolly Parton, la música en lengua castellana despide a un genio que convirtió el tambor en un instrumento de fraternidad universal.