MADRID, 21 de septiembre de 2026 — El director estadounidense Zach Cregger redefine por completo la franquicia cinematográfica de Resident Evil con una entrega salvaje, visceral y dotada de un humor corrosivo que debuta este otoño en la cartelera de Madrid y los principales circuitos de exhibición. Protagonizada por Austin Abrams en el papel de Bryan, la cinta prescinde del lastre de las cronologías previas para centrarse en una angustiosa carrera contrarreloj que fusiona el lenguaje visual del videojuego clásico con una ejecución técnica implacable.
En Portada
- Zach Cregger asume la dirección de la nueva película de ‘Resident Evil’ con total libertad creativa y personajes inéditos.
- Austin Abrams lidera el reparto encarnando a un transportista médico atrapado en una pesadilla zombi en Raccoon City.
- El filme estructura su narrativa a partir del suspense coreografiado, planos secuencia inmersivos y una potente ambientación sonora.
Una carrera contrarreloj sin dependencias canónicas
El arranque del filme establece de inmediato su tono a través de un virtuoso plano secuencia: la cámara sigue la espalda de Bryan mientras cruza el acceso de urgencias de un hospital comarcal. Lo que aparentaba ser una jornada rutinaria como mensajero de suministros confidenciales se transforma en una espiral descontrolada cuando la administración le asigna un último porte urgente hacia el epicentro de Raccoon City, a través de una calzada helada e inhóspita.
La premisa canaliza de forma directa la esencia de las misiones de transporte del medio interactivo: trasladar un paquete biológico del punto A al punto B mientras el entorno colapsa de forma violenta. Cregger, quien ya demostró su dominio de los giros estructurales en Barbarian y Weapons, impuso como requisito fundamental desmarcarse de las tramas lineales de entregas anteriores. «Cuando me propusieron entrar en la franquicia puse una condición innegociable sobre la mesa: hacer algo completamente autónomo, sin la obligación de arrastrar héroes preexistentes ni explicaciones corporativas interminables», señaló Cregger durante la presentación del proyecto.
Puesta en escena física y diseño acústico opresivo
Lejos del efectismo digital desmedido que caracterizó a las producciones de Paul W.S. Anderson, esta relectura sitúa el foco en la vulnerabilidad humana y en un gore tangible que estalla con precisión milimétrica. La interacción entre la coreografía de especialistas y el tratamiento de sonido crea un ambiente asfixiante donde el crujido de la nieve, el eco de los disparos secos y las frecuencias industriales sustituyen a la grandilocuencia sinfónica habitual de los grandes estudios.
El director de fotografía explota el fuera de campo y los pasillos angostos para generar una tensión física constante, reforzada por una banda sonora que modula los silencios antes de cada detonación de violencia. «La construcción acústica debía operar como un pulso cardíaco acelerado; queríamos que la audiencia sintiera el desgaste muscular y el pánico inmediato del protagonista en cada esquina», precisó el realizador al desgranar los aspectos técnicos de la producción, proyectada en recintos de gran formato como Cines Callao y salas equipadas con sonido inmersivo en Barcelona.
El carisma del antihéroe cotidiano frente al colapso
Gran parte de la efectividad del metraje descansa sobre los hombros de Austin Abrams. Su personaje carece de entrenamiento táctico o destreza marcial, lo que permite al guion articular situaciones donde el absurdo y la desesperación conviven de forma orgánica. Bryan afronta la hecatombe zombi con el mismo desconcierto e irritación con el que gestiona sus conflictos conyugales y la inminente noticia de su paternidad.
Ese contraste tonal dota a la obra de una frescura singular dentro del subgénero de no muertos. La comedia negra surge no de chistes forzados, sino de la acumulación de infortunios y de la obstinación de un individuo ordinario empeñado en sobrevivir a una carnicería monumental. Aunque el tercer acto acusa cierta reiteración en sus soluciones de acción antes del desenlace, el vigor escénico de Cregger mantiene el interés y consolida una de las aproximaciones más disfrutables a la franquicia de Capcom en la gran pantalla.