MADRID, 15 de octubre de 2026 — El compositor y guitarrista de Nashville Will Hoge desembarca este jueves en España para acometer una ambiciosa gira de diez fechas consecutivas centrada en el repertorio de Sweet Misery, su decimoquinto álbum de estudio. La travesía, producida por la promotora Heart of Gold, inaugura su recorrido con una doble cita en el Loco Club de Valencia antes de saltar a Madrid, Segovia, Nerja, Sevilla, Barcelona, Bilbao, Mallorca y Cantabria, en una exhibición rotunda de rock de raíces, electricidad cruda y artesanía lírica norteamericana.
En Portada
- Will Hoge abre en Valencia un periplo de diez conciertos por la península y las islas para presentar su decimoquinto trabajo de estudio.
- El disco Sweet Misery marca una decidida vuelta al sonido de banda completa, estribillos hímnicos y distorsión valvular.
- El circuito incluye paradas en escenarios históricos como Loco Club, Sala Malandar, Azkena Club y Canopy Castellana.
Reconexión eléctrica: el nervio detrás de ‘Sweet Misery’
La gestación de Sweet Misery supuso un punto de inflexión anímico y creativo en la carrera de Will Hoge. Tras completar una extensa revisión de dos de sus obras troncales de la década de 2000 —el expansivo Carousel (2001) y aquel visceral Blackbird On A Lonely Wire (2003) editado por Atlantic Records—, el creador de Tennessee sintió la necesidad de reencontrarse con la pulsión más primaria del rock and roll. El resultado es un cancionero directo, despojado de ornamentaciones superfluas y cimentado sobre el rugido de las guitarras eléctricas y la pegada rítmica sin fisuras.
«Necesitaba volver a sentir el zumbido de un amplificador a pleno rendimiento y recordar por qué me subí por primera vez a una furgoneta con una banda», ha señalado Hoge al reflexionar sobre este ciclo discográfico. «Pasé semanas repasando viejos másteres analógicos y me di cuenta de que echaba profundamente de menos el volumen, los estribillos que te obligan a vaciarte la garganta en el micro y la complicidad sudorosa que solo se consigue cuando cuatro músicos respiran al mismo compás sobre una tarima de madera». Esa energía desinhibida marca el pulso de composiciones donde el vigor del heartland rock confluye con la honestidad autobiográfica que siempre ha distinguido sus textos.
Veinticinco años de independencia y resistencia en el asfalto
Lejos de los circuitos prefabricados de la industria comercial de Nashville, Hoge ha construido durante un cuarto de siglo una de las reputaciones más respetadas de la escena de raíces estadounidense. Curtido a base de cientos de noches al volante y miles de kilómetros entre motel y motel, el músico sobrevivió en 2008 a un devastador accidente de tráfico que a punto estuvo de costarle la vida. Aquel suceso templó su carácter y redobló su compromiso con una escritura descarnada, capaz de documentar tanto las grietas de la clase trabajadora como los claroscuros del compromiso familiar y social.
Su solvencia melódica no pasó inadvertida para la plana mayor del género. Nominado a los premios Grammy tras rubricar el éxito multiplatino «Even If It Breaks Your Heart» —popularizado por la Eli Young Band—, Hoge optó por preservar su autonomía artística por encima de las concesiones mercantiles. Sus trabajos posteriores, entre los que figuran Small Town Dreams (2015), el incisivo alegato sociopolítico My American Dream (2018) y el reposado Wings on My Shoes (2022), evidencian un instinto narrativo emparentado con las escuelas clásicas de Tom Petty, Bruce Springsteen y John Mellencamp, pero tamizado por una sensibilidad sureña inconfundible.
«El público español tiene una capacidad única para descifrar la sinceridad de un concierto; no les puedes engañar con poses teatrales», subraya el cantautor norteamericano sobre su vínculo con los escenarios del país. «Cuando estás a un metro de la primera fila en un club y ves cómo la gente corea cada verso con los ojos cerrados, entiendes que las canciones han dejado de pertenecerte a ti para convertirse en la banda sonora de sus propias vidas. Esa entrega mutua es el verdadero motor de esta profesión».
Radiografía del itinerario: diez paradas de comunión en sala
El calendario estatal planificado por Hoge y su equipo destaca por su ambición logística, condensando diez conciertos en apenas once días de carretera ininterrumpida. La expedición arrancará con una doble sesión en el legendario Loco Club de Valencia los días 15 y 16 de octubre, dos veladas diseñadas para medir el pulso a una afición que tradicionalmente ha acogido sus visitas con salas abarrotadas. El 17 de octubre recalará en Madrid en el marco íntimo del recinto Canopy Castellana, antes de enfilar hacia las citas castellanas y andaluzas.
El 18 de octubre será el turno del ciclo WIC en Segovia, certamen consolidado en la programación de autor de la ciudad del acueducto. Sin tregua, la comitiva viajará hacia el sur para comparecer el 19 de octubre en el Yaumate Club de Nerja y el 20 de octubre en la prestigiosa Sala Malandar de Sevilla, bastión neurálgico del directo hispalense junto al río Guadalquivir.
Tras una jornada de respiro y traslado, el tramo final de la gira afrontará un exigente cruce diagonal de la península: el 22 de octubre Hoge actuará en el Aclam Club de Barcelona, el 23 de octubre conquistará el Azkena Club de Bilbao para sacudir las noches del botxo vizcaíno, el 24 de octubre cruzará el Mediterráneo para participar en la Fira del Disc de Palma de Mallorca y pondrá el broche de oro el 25 de octubre en el emblemático escenario cántabro de Los Picos, en Liérganes.
La vigencia de las distancias cortas frente a la sobredimensión escénica
La gira de Will Hoge subraya el valor insustituible del circuito de salas de medio formato, espacios donde el intercambio térmico entre artista y espectador alcanza su máxima autenticidad. Frente a la despersonalización de las macroinstalaciones, el formato elegido por el creador de Nashville permite apreciar cada matiz de su portentosa garganta rasgada, el diálogo entre telecasters ardientes y una sección rítmica engrasada a prueba de desgaste. Un recordatorio tangible de que la médula espinal de la música en vivo se sigue forjando en la trinchera del club nocturno, el amplificador caliente y la verdad incontestable de tres acordes bien arropados.