TOVARICH. ‘Americana’ del este

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Mucho ha llovido desde que una jovencísima Celia Aroca (joder, si es que era casi una niña) se subiese al escenario en un concierto de III Repúblika y se marcase junto a ellos un «Bobbie McGee» que nos volvió la cabeza del revés a todos. Pero han pasado 25 años hasta que otro explorador local de las good musics of the world, Jerónimo Andrés Villa, conocedor de esta tremenda voz y de su evolución artística a lo largo de todos estos años, y después de su colaboración durante casi una década, se decidiera a crear unas cuantas melodías a su medida.

Celia Aroca y J. Andrés Villa. TOVARICH

«Yo sé cómo canta Celia y la música que le puede gustar e inspirar, así que iba haciendo canciones y ella les ponía letra y voz. Básicamente, hemos hecho lo que nos ha dado la gana.», comentaba Andrés. Y literal, porque toda la instrumentación que se escucha en el primer disco de TOVARICH, el dúo de Cieza (Murcia) Celia y Andrés, esta creada e interpretada por el colega (todo, guitarras, batería, teclados,…), mientras que toda la parte vocal y lírica es de ella.

Por ello es normal que Andrés haya «abierto el almacén» y refleje sus principales influencias y gustos musicales si además casan a la perfección con la esencia, algo turbia, soul y folk de la voz de Celia.

TOVARICH. En el concierto presentación del disco. Fotografía de José Luis Ortiz, ‘Potro’.

El resultado son nueve canciones que por un lado, tienen una concepción acústica, con claras influencias del «Harvest» de Neil Young. Aquí podemos situar a las dos canciones que abren el disco («Decir que sí«, «En mi cabeza«) y la totalmente acústica «Ya nada me vale» (grabada en directo), en las que aparece la tesitura más country-folk de la voz de Celia, o «Cuatrocientos golpes» (me encantan esos arreglos de guitarra «acoplaicos por detrás»).

Por otro lado, otras canciones con un planteamiento eléctrico, por momentos bastante electrificado, en el que al influjo del «canadiense que distorsiona«, se suman otros recuerdos melódicos a lo Bowie, como en «Always«, y otros algo más sobrios que me traen a la sesera a grupos como los australianos The Church.

En «The signal«, esa energía eléctrica se dirige hacia un enfoque más ‘americana’, en su cara más eléctrica, la que entronca con el rock. Me mola muchísimo esa guitarra «hojalatizada» que da inicio a la canción.

Y no podían faltar un par de temas completamente imbuidos del soul rock de finales de los 60, en los que aparezca la voz primigenia de CeliaClose the door«). En «Looking«, un suave y soulero comienzo termina en todo lo alto con solos de guitarra doblados (muy guapos) y una voz desatada.

Todo lo asimila de una forma natural una cantante cuya voz se mueve entre los registros de la Linda Ronstadt más melódica, y la voz potente y rasgada, pero todavía no rota, de la Bonnie Tyler de sus inicios («Lost in France«). Y que esa voz encaje a la perfección con las composiciones más folk de TOVARICH es lo lógico, pero que la cosa incluso mejore en cuanto al resultado, en los temas más eléctricos y «ensuciados», da una idea de la conjunción de este dúo.

TOVARICH, en la presentación de su primer lp, el pasado 26 de Junio. Club Atalaya, Cieza. Foto de José Luis Ortiz, ‘Potro’.

Incluso la composición que cierra el lp «Under the sun«, un sencillo experimento electrónico con resonancias noventeras, que en principio no parece que pudiese «casar» con las «líneas de composición» del resto de canciones, resulta exitoso y completamente imprescindible dentro del disco, porque muestra otro huerto por donde estos TOVARICH pueden transitar y recoger los frutos que les puedan interesar.

«Under the sun», TOVARICH

Lo que más me gusta de este disco es esa sensación melancólica, ese regusto agridulce, que te queda después de su escucha. Me descuadra que una voz, a priori tan limpia y dulce, adquiera y desprenda un aura que se torna sobria y sombría por momentos, al sumergirse en las melodías más severas. Y eso me mola mucho. Esa sensación se consolida con las letras de algunas de las canciones, en las que se reflejan una necesidad de huida del hartazgo y las ataduras insanas.

Original formato «casette» de TOVARICH. También tienen el formato «vinilo».

En fin, en la tierra de los melocotones de corcho, de «la maaanoarriiii-ba» y de las cornetas y palilleros, siguen surgiendo raras avis en los entornos más recónditos, que animan y reavivan la escena musical de estos lares. Aquí tenemos a TOVARICH.

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