JEREZ DE LA FRONTERA, 29 de octubre de 2026 Huele a gasoil quemado, a carreteras incandescentes, a botas de piel de serpiente desgastadas contra el acelerador de una furgoneta y a bourbon derramado sobre la madera astillada de cien escenarios. Supersuckers vuelve a cruzar el Atlántico dentro de su gira europea de otoño para incendiar los clubes de nuestro país con su tratado de cowpunk, garage-rock de alto voltaje y country forajido. Comandados por el incombustible Eddie Spaghetti al bajo y la voz, escoltado por el hacha abrasadora de «Metal» Marty Chandler y la pegada implacable del capitán Christopher «Chango» von Streicher a los tambores, el trío estadounidense presenta en directo los cañonazos de su duodécimo álbum de estudio, Liquor, Women, Drugs & Killing, en una ruta de diez paradas estatales que tendrá su clímax sureño junto a Los Farelli, los capos del Bajo Guadalquivir, con cita marcada a fuego el martes 3 de noviembre de 2026 en La Guarida del Ángel de Jerez de la Frontera.
En Portada
- Casi cuatro décadas de carretera salvaje (1988–2026): Del desierto de Tucson a las tripas de Sub Pop en Seattle, forjando el molde definitivo entre el punk-rock acelerado, el rugido de Motörhead y el country de forajidos.
- Nuevo arsenal discográfico en formato power-trío: La banda descarga sobre las tablas Liquor, Women, Drugs & Killing, producido por Billy Joe Bowers, junto a himnos inmortales de su catálogo.
- Cumbre incendiaria en el sur junto a Los Farelli: Los capos del Bajo Guadalquivir abren fuego en la trilogía andaluza (Jerez, Estepona y Granada), con parada estelar el 3 de noviembre en La Guarida del Ángel.
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Del desierto de Arizona a Seattle por una moneda al aire: cuando el destino huele a asfalto
La mitología del rock and roll subterráneo está pavimentada con decisiones temerarias tomadas a medianoche en el aparcamiento de un motel, y la génesis de Supersuckers pertenece por derecho propio a ese linaje salvaje. Corría el año 1988 entre los cactus y el polvo rojizo de Tucson, Arizona, cuando un joven Edward Carlyle Daly III bautizado para la posteridad como Eddie Spaghetti decidió junto a sus compinches de instituto que aquel secarral se les quedaba pequeño para la tormenta eléctrica que traían en los dedos. Querían largarse de allí con los amplificadores a cuestas, pero no lograban ponerse de acuerdo sobre hacia dónde apuntar el morro de la furgoneta: Nueva Orleans o Seattle.
La historia se resolvió como lo hacen los tahúres del viejo Oeste: lanzando una moneda al aire. Salió cara y el mapa señaló hacia el lluvioso Noroeste del Pacífico. «Si aquella moneda hubiera caído del lado de Nueva Orleans, con nuestro apetito por el peligro y la mala vida de aquellos años, hoy estaríamos todos muertos bajo tierra», ha recordado con su habitual humor negro el propio Spaghetti en más de una entrevista. Aterrizaron en Seattle en mayo de 1989 sin tener la menor idea de que allí se estaba gestando el terremoto que cambiaría la música alternativa de los noventa; ellos simplemente llegaron con sus chupas de cuero, sus sombreros vaqueros y la arrogancia callejera de quien cree que va a comerse la ciudad en dos noches.
Para pagar el alquiler mientras reventaban los garitos locales, los miembros del grupo consiguieron trabajo en el almacén de correo de un sello independiente llamado Sub Pop Records, pasando las mañanas metiendo singles de vinilo de siete pulgadas en fundas de cartón. Entre cajas de discos de Mudhoney, Soundgarden y Nirvana, aquellos forasteros del desierto terminaron fichando por la propia escudería de Jonathan Poneman y Bruce Pavitt. Pero mientras la ciudad entera vestía camisas de franela y miraba al suelo sumida en la angustia del grunge, Supersuckers alzó el mentón, pisó el pedal de distorsión y se autoproclamó con una sonrisa desafiante como «La Mejor Banda de Rock and Roll del Mundo».

El catecismo del cowpunk y una discografía tallada a punta de navaja
Resulta imposible comprender el cruce de caminos entre el punk-rock de tres acordes, el hard rock grasiento de escuela Motörhead y el country proscrito de Waylon Jennings o Johnny Cash sin situar a la banda de Eddie Spaghetti como la auténtica piedra angular de esa aleación sonora. Ellos no pidieron permiso para mezclar ambos mundos: sencillamente demostraron que una canción de honky-tonk sobre corazones rotos, penitenciarías y botellas vacías tenía exactamente el mismo nervio insurrecto que un corte de los Ramones tocado al doble de velocidad.
Su primer larga duración para Sub Pop, The Smoke of Hell (1992), registrado bajo los mandos del legendario productor Jack Endino, cayó como un bidón de gasolina sobre los escenarios norteamericanos y europeos. Le siguieron zarpazos del calibre de La Mano Cornuda (1994) y The Sacrilicious Sounds of the Supersuckers (1995), donde canciones como «Born with a Tail» dejaron claro que pocos combos en el planeta podían rivalizar con su insolencia escénica. Sin embargo, el golpe maestro que descolocó a propios y extraños llegó en 1997 con Must’ve Been High: un disco íntegro de country acústico y polvoriento que abrió las compuertas para que toda una generación de punks tatuados descubriera la grandeza del outlaw country sin renunciar a su actitud subterránea.
Lejos de encasillarse, en 1999 regresaron a la electricidad más despiadada con su obra maestra The Evil Powers of Rock ‘N’ Roll, un tratado de velocidad y riffs cortantes al que sucederían entregas tan sólidas como Motherfuckers Be Trippin’ (2003), el retorno a la senda vaquera y eléctrica en Get the Hell (2014) y Holdin’ the Bag (2015), la sacudida de Suck It (2018) o el indómito Play That Rock N’ Roll (2020). Ahora, tras haber calentado motores a comienzos de año como ya vivimos en su descarga invernal en Barcelona, el grupo desembarca de nuevo en la península defendiendo Liquor, Women, Drugs & Killing, su duodécimo trabajo de estudio producido por Billy Joe Bowers para el sello Hardcharger Records del tejano Jesse Dayton: una colección de himnos crudos donde el bajo Rickenbacker de Spaghetti ruge como una locomotora sin frenos junto a los solos incendiarios de Marty Chandler y el martillo pilón de Chango von Streicher.
De fumar con Willie Nelson a asaltar tabernas con Eddie Vedder: cicatrices y hermandades de ruta
Quien haya sobrevivido a casi cuarenta años de furgoneta, aduanas, camerinos estrechos y escenarios enloquecidos acumula un anecdotario que ninguna película de Hollywood podría guionizar sin sonrojarse. Cuando grababan parte de su material de mediados de los noventa en los estudios Pedernales de Austin (Texas), propiedad del mismísimo Willie Nelson, se forjó una alianza improbable y eterna entre el patriarca del country tejano y aquellos punks malhablados. Nelson no solo colaboró con ellos en el disco benéfico Twisted Willie, sino que se los llevó a tocar ante decenas de miles de granjeros en el festival Farm Aid y los reclutó como su banda de acompañamiento en directo en el plató televisivo de The Tonight Show.
Esa misma lealtad inquebrantable la mantienen con Eddie Vedder y Pearl Jam. Desde los días heroicos de los clubes de Seattle, Vedder ha sido un habitual en primera fila de sus conciertos más sudorosos, saltando de improviso al escenario de garitos como la Tractor Tavern para agarrar el micrófono, brindar con cerveza y desgañitarse cantando «I Believe in Miracles» de los Ramones hombro con hombro junto a Spaghetti. Por sus discos y escenarios han desfilado cómplices de la talla de Steve Earle, Kelley Deal (The Breeders), Lemmy Kilmister y sus Motörhead, Social Distortion o White Zombie, reconociendo en ellos a unos iguales que jamás vendieron su alma al mejor postor.
Pero la prueba de fuego más dura llegó en el verano de 2015, cuando a Eddie Spaghetti le diagnosticaron un cáncer de orofaringe en fase tres que amenazó con apagar para siempre la garganta más aguardentosa del género. Toda la escena del rock cerró filas a su alrededor; superó la cirugía, venció a la enfermedad con la misma determinación feroz con la que ataca las cuatro cuerdas cada noche y volvió a subirse a las tablas para demostrar que a un viejo lobo de carretera solo se le detiene cuando se apagan los amplificadores.
Pólvora en el sur junto a Los Farelli: los capos del Bajo Guadalquivir toman el mando
Un huracán de estas dimensiones necesitaba en su incursión por el sur de la península unos anfitriones a la altura del desafío, y la elección no podía ser más explosiva. Durante las tres fechas andaluzas del tour Jerez de la Frontera (3 de noviembre), Estepona (4 de noviembre) y Granada (5 de noviembre), la comitiva norteamericana cabalgará escoltada por Los Farelli, los indiscutibles capos del Bajo Guadalquivir.

Afincados en Sanlúcar de Barrameda y autodenominados con toda justicia como «la banda más peligrosa del Barrio Alto», el cuarteto integrado por Pete Farelli (guitarra y voz), Fat Tino Farelli (guitarra y coros), Joe Farelli (bajo) y Sonny Farelli (batería) lleva dos décadas impartiendo ley en los escenarios a base de lo que ellos mismos bautizan como Energy Punk Rock. Con su imaginario de familia mafiosa, estribillos en castellano que entran como cuchillos y el arsenal de su aclamado trabajo Affari di Famiglia bajo el brazo, los sanluqueños convierten cada apertura de telón en un motín de alto octanaje donde el público suda desde el primer compás.

3 de noviembre en La Guarida del Ángel: duelo al sol en la caldera de Jerez
De entre toda la hoja de ruta por nuestras tierras, el martes 3 de noviembre de 2026 brilla con luz incandescente la cita en La Guarida del Ángel de Jerez de la Frontera. Quienes ya vivieron hace unos meses en este mismo santuario jerezano la noche en que la apisonadora de Seattle Zeke y Los Farelli pusieron patas arriba la sala saben perfectamente lo que ocurre cuando la parroquia aguerrida de la provincia de Cádiz se encierra a pocos centímetros de las pantallas de amplificación.
En la cercanía sin filtros de la calle Porvenir, sin fosos de seguridad ni artificios de estadio, el encuentro entre el rugido desértico de Supersuckers y la embestida callejera de Los Farelli promete transformar La Guarida del Ángel en una olla a presión. Allí donde el sudor gotea del techo, las cervezas se alzan en el aire y la primera fila empuja al compás del bombo, el rock and roll recupera su sentido primigenio de ceremonia pagana y comunión indomable.
Hoja de ruta completa de Supersuckers en España (Otoño 2026)
Desde el norte cantábrico y la meseta hasta el Mediterráneo y el sur andaluz, estas son todas las paradas del tramo español de su gira europea antes de continuar ruta hacia Francia, Suiza, Alemania, Países Bajos y Bélgica:
| Fecha | Ciudad | Recinto / Sala | Banda Invitada / Detalles |
|---|---|---|---|
| 28 Oct 2026 | Zaragoza | Sala Zeta | Arranque del tramo español |
| 29 Oct 2026 | Logroño | Stereo Rock & Roll Bar | Fall 2026 Euro Tour |
| 30 Oct 2026 | Santander | Escenario Santander | Fall 2026 Euro Tour |
| 31 Oct 2026 | Oviedo | Gong Galaxy Club (Sala Gong) | Noche de Halloween |
| 01 Nov 2026 | León | Sala Babylon | Fall 2026 Euro Tour |
| 03 Nov 2026 | Jerez de la Frontera | La Guarida del Ángel | + Los Farelli (Ver Ficha) |
| 04 Nov 2026 | Estepona (Málaga) | Louie Louie Live | + Los Farelli |
| 05 Nov 2026 | Granada | Sala Planta Baja | + Los Farelli |
| 06 Nov 2026 | Castellón | Sala La Bohemia | Fall 2026 Euro Tour |
| 07 Nov 2026 | Tarragona | Sala Zero | Ver Ficha del Evento |
Noches de carretera polvorienta, amplificadores al límite y alianzas de sangre sobre las tablas como esta son la razón de ser de nuestra agenda de conciertos inclusiva. Consulta todas las paradas en nuestro mapa interactivo, acude a las salas que mantienen encendida la llama de la música en directo en cada rincón del país y prepárate para recibir el impacto de una leyenda viva del rock and roll.
¡¡¡SIENTE LA CULTURA MUSICAL!!!