MADRID, 29 de octubre de 2026 — The Rolling Stones custodian uno de los orígenes documentales más singulares del rock británico: la carta manuscrita con la que Brian Jones reclutó al batería Charlie Watts en julio de 1962, semanas después de fundar la formación en Londres, saldrá a subasta en la sede de Sotheby’s en Nueva York con una valoración de hasta 80.000 dólares.
En Portada
- Sotheby’s Nueva York pondrá bajo el martillo el 15 de diciembre la carta de julio de 1962 enviada por Brian Jones a Charlie Watts por una estimación de entre 70.000 y 80.000 dólares.
- La misiva recoge la célebre posdata en la que Jones sentencia la necesidad de un nuevo pulso rítmico: «¡Nuestro baterista actual es pésimo!».
- El documento atestigua los seis meses de insistencia de Mick Jagger, Keith Richards y Jones hasta lograr el debut formal de Watts en enero de 1963.
Un documento fundacional entre el blues del Ealing Club y la ambición de Brian Jones
El verano de 1962 representaba un hervidero subterráneo en la escena musical londinense. Mientras los clubes de jazz tradicional competían con la invasión eléctrica del rhythm and blues estadounidense importado de Chicago, un veinteañero Brian Jones se esforzaba por ensamblar una cuadrilla capaz de replicar la crudeza de Muddy Waters, Elmore James y Jimmy Reed. En ese tablero, Charlie Watts ocupaba una posición privilegiada: no solo era considerado uno de los percusionistas jóvenes más técnicos y elegantes de la capital, sino que sostenía las baquetas titulares en Alexis Korner’s Blues Incorporated, la banda nodriza del circuito por la que desfilaban los mayores talentos de la época.
Jones, consciente del estatus de Watts y de su empleo formal como diseñador gráfico en una agencia publicitaria, decidió romper la timidez mediante el correo postal. La misiva, fechada en julio de 1962 —apenas unos días después de que el embrión de The Rolling Stones debutara en el Marquee Club de Oxford Street el 12 de julio—, equilibra la cautela protocolaria con una desbordante seguridad competitiva.
«¡Nuestro baterista actual es pésimo!»: La crudeza epistolar que cambió la historia del rock
El texto manuscrito arranca pidiendo disculpas por irrumpir en los compromisos laborales del percusionista: «Si consideras esta carta impertinente, por favor perdóname». No obstante, la diplomacia da paso de inmediato a una declaración de intenciones sin concesiones hacia su antiguo mentor Alexis Korner:
«Si no vas a trabajar con Alex en el futuro y aún quieres tocar R&B, estamos buscando un buen baterista. Ya consideramos que nuestra banda es mucho mejor que la de Alex; estamos logrando un sonido muy compacto. Ensayamos los lunes, miércoles y viernes. En fin, si tienes tiempo, avísame qué tal va todo. Saludos, Brian Jones».
Sin embargo, el pasaje que ha elevado el valor histórico y de coleccionismo de la pieza reside en las notas finales sobre la plantilla instrumental, donde Jones radiografía la precaria alineación de aquellos meses iniciales: «Si te interesa, nuestra formación actual consta de dos guitarras, arpa, piano y batería. Más adelante incorporaremos un bajo. ¡Nuestro baterista actual es pésimo!».
Craig Inciardi, especialista sénior de Sotheby’s a cargo de la venta temática Rock & Pop, subraya la frescura testimonial de la reliquia: «Se percibe claramente la voz de Brian Jones, sobre todo en esa posdata tan directa: ‘¡Nuestro batería actual es pésimo!’. Es divertida, sincera y llena de personalidad, pero también deja entrever la determinación de Mick, Keith y Brian por conseguir que Charlie se pusiera a la batería. Sabiendo la extraordinaria colaboración musical que surgió después, leerla hoy resulta aún más fascinante».
El enigma del puesto vacante y la insistencia de seis meses
La incógnita sobre la identidad del batería denostado en la carta continúa despertando debates entre historiadores y biógrafos de la banda británica. Durante aquellos primeros meses de ensayos en el sótano del pub Bricklayers Arms y actuaciones esporádicas, se turnaron en el taburete figuras como Tony Chapman —quien presentó al bajista Bill Wyman al grupo—, Carlo Little, Colin Folwell y Steve Harris. La mayoría de los análisis apuntan hacia Chapman, cuya irregularidad en los tiempos martirizaba la sincronía que Keith Richards y Jones buscaban para sus guitarras entrelazadas.
Pese a la vehemencia de la propuesta escrita, Watts no aceptó la invitación de inmediato. Amante devoto del bebop, Charlie desconfiaba de la solvencia económica de una banda novata y priorizaba la estabilidad financiera de su salario en la agencia publicitaria y sus colaboraciones con Korner. Durante casi medio año, Jones, Richards y Mick Jagger compartieron apartamentos gélidos en Edith Grove, ensayando sin descanso mientras cortejaban a Watts invitándole a comidas modestas y asegurándole que los directos pronto generarían ingresos suficientes para pagarle un salario fijo semanal.
La capitulación de Watts se produjo finalmente en enero de 1963. El 14 de enero de aquel año, el cuarteto original sumado a Bill Wyman e Ian Stewart acogía el primer ensayo oficial con Watts instalado en el bombo, debutando en directo a los pocos días en el Flamingo Jazz Club de Wardour Street.
El pulso de swing que definió seis décadas de directo
La llegada de Charlie Watts no solo estabilizó la formación; reconfiguró la mecánica rítmica del grupo para siempre. Frente al compás pesado y predecible de los bateristas británicos formados en el skiffle, Watts aportó una técnica heredada de leyendas del jazz como Philly Joe Jones y Roy Haynes. Su famosa costumbre de retirar la mano del charles en el segundo y cuarto tiempo para golpear la caja otorgaba un aire elástico y sincopado a cada compás, permitiendo que el riff de Keith Richards respirara con una holgura inalcanzable para cualquier otra banda de su generación.
Watts permaneció imperturbable tras los platos durante cincuenta y ocho años de giras mastodónticas y álbumes legendarios, hasta su fallecimiento en agosto de 2021. La carta que saldrá a puja este 15 de diciembre en Manhattan inmortaliza el instante preciso en el que un grupo de jóvenes londinenses, armados apenas con amplificadores maltrechos y una ambición desmedida, comprendió que sin la cadencia de Charlie Watts jamás habrían conquistado la eternidad del rock.