El mundo del rock despide a uno de los bateristas más carismáticos y reconocibles de la historia de la música estadounidense. Frank Beard, el incombustible motor rítmico de ZZ Top durante más de cinco décadas, ha fallecido a los 77 años. El músico murió el lunes 17 de agosto de 2026 en su rancho de Richmond, Texas, rodeado de su familia cercana y tras haber permanecido en régimen de cuidados paliativos durante las últimas semanas.
La noticia supone un duro golpe para los seguidores de la banda en todo el planeta y marca el final de una era irrepetible en la historia del género. Beard, recordado cariñosamente durante más de cincuenta años por la famosa ironía de ser el único integrante del conjunto que no lucía una barba kilométrica pese a llevarla en su propio apellido, dejó los escenarios el pasado verano aquejado de serios problemas de salud que le impidieron participar en los conciertos que el trío tejano ofreció en su última visita a España y Europa.
El corazón del sonido tejano: cinco décadas de shuffle y blues cósmico
Nacido en Frankston, Texas, en 1949, Frank Richard Beard comenzó su andadura en conjuntos locales de rhythm and blues antes de cruzar su camino con el guitarrista Billy Gibbons y el bajista Dusty Hill en Houston a finales de 1969. Aquel encuentro dio origen a una de las formaciones más cohesionadas, estables y duraderas que jamás haya pisado un escenario de rock and roll.
Desde la publicación de ZZ Top’s First Album en 1971 hasta su última entrega discográfica en estudio, La Futura (2012), Beard sentó las bases de un estilo de percusión sobrio, preciso y profundamente arraigado en las tradiciones del blues del Delta y el boogie sureño. Su habilidad para construir ritmos sincopados sin florituras innecesarias se convirtió en la columna vertebral sobre la que se edificaron auténticos himnos generacionales.
En obras fundamentales de los años setenta como Tres Hombres (1973) o Tejas (1976), la batería de Beard empujó pistas inmortales como «La Grange», «Waitin’ for the Bus» o «Tush». Su compás marcado a fuego y su característico golpe de caja guiaron el sonido crudo y grasiento que llevó a ZZ Top a llenar recintos deportivos en todos los rincones del mapa, consolidando un estatus de leyenda viva que perduraría a través de las décadas.
De las raíces del blues a la vanguardia de los sintetizadores en MTV
Lejos de acomodarse en una fórmula predecible, Beard y sus compañeros protagonizaron una de las transformaciones sonoras más audaces del rock clásico a comienzos de la década de 1980. Con la llegada de los sintetizadores y las cajas de ritmos electrónicas, Frank Beard integró la tecnología en su juego de platos y parches, adaptando su técnica al lenguaje de los nuevos tiempos sin perder un ápice de contundencia.
El resultado fue Eliminator (1983), un álbum que despachó más de diez millones de copias gracias a pelotazos como «Gimme All Your Lovin’», «Sharp Dressed Man» y «Legs». En aquellos videoclips de estética desértica y coches customizados que conquistaron la rotación de MTV, la figura de Beard destacaba siempre en segundo plano, marcando el pulso con gafas de sol oscuras y una media sonrisa socarrona.
Esa versatilidad continuó con Afterburner (1985) y Recycler (1990), discos en los que el trío continuó abarrotando grandes recintos internacionales, incluidas varias noches históricas de conciertos en Madrid y Barcelona donde la conexión con el público español siempre resultó incontestable.
Reacciones del mundo de la música y el futuro de ZZ Top
El guitarrista y vocalista Billy Gibbons ha dedicado unas emotivas palabras a su inseparable compañero de fatigas, recordando el peso humano y artístico de quien compartió con él kilómetros de carretera y noches de gloria:
«Hoy Elwood Francis y yo hemos perdido a un gran amigo y colaborador, y el mundo ha perdido a uno de los baterías más innovadores por naturaleza y a un auténtico hijo de Texas. Su característico backbeat fue fundamental para mantener a ZZ Top en lo más alto durante medio siglo. La banda de la que formó parte durante seis décadas seguirá adelante, tal y como él quería».
Tras el deceso del bajista Dusty Hill en julio de 2021 y la desaparición de Frank Beard, Billy Gibbons permanece como el único miembro superviviente de la alineación clásica que definió la identidad de la formación durante 51 años consecutivos. La banda, que tuvo que pausar sus compromisos inmediatos en Salt Lake City y Colorado Springs, prevé retomar las actuaciones en directo en el ACL Live at The Moody Theater de Austin, un recinto especialmente querido por Beard, con Michael Monahan a cargo de las baquetas.
Un legado inquebrantable en la historia del rock
La trayectoria de Frank Beard es la crónica de un músico que comprendió como pocos que el verdadero valor de una sección rítmica radica en servir a la canción con firmeza, gusto y honestidad. Su ingreso en el Rock and Roll Hall of Fame en 2004 junto a Gibbons y Hill fue el reconocimiento formal a una labor que nunca necesitó de aspavientos ni fuegos de artificio para ganarse el respeto unánime de colegas y críticos.
Con su desaparición física, el rock pierde a uno de sus arquitectos más elegantes y auténticos, cuyo pulso seguirá latiendo en cada compás de las grabaciones que convirtieron a tres tejanos barbudos y un batería imperturbable en gigantes de la cultura musical universal.