MADRID, 11 de octubre de 2026 — Maikel Rafael Rico Torres, conocido en la escena como Maisak, consolida el lanzamiento de su álbum debut Vallenatico pa la disco ante el circuito de Madrid, trasladando el peso poético forjado en Santa Marta hacia la vanguardia rítmica que domina las pistas de baile internacionales.
En Portada
- Maikel Rafael Rico Torres (‘Maisak’) estrena su álbum debut ‘Vallenatico pa la disco’ tras firmar éxitos autorales para primeras figuras del género urbano.
- La producción une la estructura clásica del vallenato con percusión moderna y suma la alianza estelar con Felipe Peláez en ‘Casi te llamo’.
- El disco explora desde cortes perreables con acordeón hasta baladas acústicas, proyectando su desembarco en directo en recintos de referencia como La Riviera.
De las arenas de El Rodadero al epicentro del movimiento urbano
El reggaetón hecho en Colombia vivió durante más de una década bajo la gravitación casi exclusiva de Medellín. Sin embargo, la irrupción de Maisak rompe esa inercia geográfica e introduce una cosmovisión lírica anclada en el Magdalena. Nacido en Caracas pero moldeado vital y culturalmente en la costa caribeña de Santa Marta, el artista de 26 años asimiló el cancionero popular antes de tener noción de la industria fonográfica.
Esa memoria acústica no proviene de academias ni de compilaciones digitales, sino de la experiencia directa a pie de playa. «El vallenato es el centro en muchas cosas para mí. Mi papá cantaba vallenato en las playas de El Rodadero, en Santa Marta, y de ahí nació el gran amor mío por este género. Me encantaba y me gozaba todo lo que estaba alrededor del vallenato, que se convirtió en un eje en mi vida, en esa columna que une muchas cosas», relata el músico al desgranar el pulso motriz de su identidad artística.
Esa educación de raíz imprimió en su pluma una métrica y un dramatismo narrativo que rápidamente llamaron la atención de referentes continentales. Antes de dar el paso con este larga duración, Maisak ya había dejado su huella autoral e interpretativa en colaboraciones junto a nombres del calibre de Feid, Maluma, Ryan Castro y Nicky Jam, además de haber trabajado composiciones para veteranos de la talla de Silvestre Dangond y Elder Dayán. Lejos de mimetizarse con los patrones rítmicos estándar, su aporte radicó en inyectar la melancolía y el costumbrismo del Caribe a los compases contemporáneos.
La liturgia del círculo: el código comunitario de la parranda vallenata
El concepto vertebrador de Vallenatico pa la disco trasciende el mero ejercicio de estilo sonoro para apoyarse en un símbolo antropológico: «el círculo». En la tradición musical del norte colombiano, la parranda no es un concierto frontal con barreras entre público y tarima, sino una reunión de trovadores, acordeoneros y oyentes sentados frente a frente, donde la emoción fluye sin artificios de amplificación masiva.
Para Maisak, recuperar esa liturgia resulta indispensable en una época dominada por el consumo efímero en plataformas: «Una parranda vallenata es amor en ese círculo que se forma. Es un momento de felicidad donde nadie te va a juzgar, donde hay disfrute y goce, pero también pueden haber lágrimas». Ese espíritu es el que busca replicar cuando sus composiciones retumban en los sistemas de sonido de las discotecas.
La intención declarada del álbum pasa por tender puentes generacionales sin adulterar el respeto a los mayores. El autor explica con precisión quirúrgica ese choque estético: «La gente, cuando conecta, siempre queda con ganas de más, por eso es un gran momento para lanzar todo un disco. Además, ya tenía aterrizado el sonido que quería para esta producción: imagínate las historias y letras increíbles del vallenato, pero dichas desde una persona de 26 años, desde mi perspectiva, desde mis ojos. Es utilizar la profundidad del vallenato, pero con jerga nueva, la de los jóvenes».
Diomedes Díaz como brújula y la alianza magistral con Felipe Peláez
A nivel lírico, la devoción de Maisak tiene nombres propios muy concretos: Diomedes Díaz y Kaleth Morales. Aunque su catálogo opera en el espectro contemporáneo, el compositor escucha al ‘Cacique de La Junta’ de manera cotidiana, interiorizando giros sintácticos, metáforas cotidianas y esa manera visceral de abordar el despecho que definió la época dorada del folclore.
«Yo no hago vallenato, pero todo tiene que ver con este género», aclara con franqueza el autor, consciente de las tensiones puristas que suelen acompañar a las hibridaciones musicales. «No sé qué tanta fusión vaya a haber en el futuro, pero yo siempre trato de meter ciertas cosas vallenatas en mis proyectos. En la canción junto a Nicky Jam metí un acordeón y una caja vallenata. A uno le da miedo unir los dos mundos de manera literal, pero igual, siempre va a estar la esencia mía: un vallenatico perreable, un Vallenatico pa la disco».
El punto álgido de esa comunión entre tradición y modernidad se materializa en ‘Casi te llamo’, pieza en la que comparte créditos con Felipe Peláez. La colaboración trasciende lo testimonial, puesto que el propio Peláez asumió la dirección de producción del corte. Para Maisak, el encuentro en el estudio representó un hito biográfico ineludible: «Lo admiro bastante y quería darme la experiencia de trabajar con él dentro del estudio y así fue. Una muy bonita experiencia y fue cumplirle un sueño a ese Maisak de niño. Además, Felipe también fue el productor de la canción».
Baladas de madrugada y el equilibrio emocional frente a la exposición
Lejos de concebir un repertorio homogéneo orientado únicamente al consumo en discotecas, el álbum encuentra su contrapeso hacia la mitad del minutaje. Con ‘Así como yo’ y ‘Dos copas de vino’, la producción despoja los sintetizadores invasivos para abrazar un registro intimista, apoyado en instrumentaciones acústicas de textura orgánica que exploran la balada pop.
«Esa parte del disco es una demostración de que yo también puedo hacer una balada pop, algo que me gusta mucho. También tengo mucho ADN del pop, aunque no sea lo que la gente está acostumbrada a escuchar de mí», subraya el cantautor, evidenciando una amplitud estilística que lo aleja de las etiquetas unidimensionales.
Esta versatilidad musical convive con una mirada reflexiva ante la maquinaria del éxito temprano. Consciente del vértigo que provocan las métricas virales, Maisak aborda los dilemas de la exposición mediática con un arraigo notable: «No soy tan famoso todavía, la verdad. Cambian muchas cosas, lo importante es que uno esté parado firme. La fama es porque hay más dinero y seguridad en ciertas cosas, pero eso trae consigo más problemas como que la gente piense que tú cambiaste… Eso me agobia demasiado, uno siente que todo el mundo te señala. La fama es muy bonita, pero trae problemas. Extraño poder estar en la puerta de mi casa con la misma hambre con la que empecé, poder comer tranquilo en un centro comercial. Siempre hay alguien mirándolo a uno, a ver si a uno se le cae la comida de la boca. Uno extraña cosas, pero eso hace parte de la vida que uno eligió».
La proyección del directo en el circuito de salas
Con el álbum ya disponible en el ecosistema digital, el siguiente paso natural de Maisak se traslada a la dimensión del directo. Su propuesta reclama una traslación escénica enérgica, donde la instrumentación en vivo —con presencia protagónica del acordeón y percusiones folclóricas sincronizadas con programaciones electrónicas— dialogue con recintos cerrados de acústica cuidada.
El interés suscitado por su trabajo en el mercado español sitúa su nombre en las agendas de programación de salas emblemáticas como La Riviera y citas de referencia en la cartelera de Madrid. Al trasladar la atmósfera de la costa de Santa Marta a las pistas europeas, Maisak demuestra que la autenticidad regional no es un freno para el éxito global, sino su mayor argumento competitivo: «Mi verdadera finalidad es ser feliz, poder disfrutar las cosas mucho más».