Noticias

Los Redondos conmemoran cuatro décadas de ‘Oktubre’: radiografía del disco que redefinió el rock en español

Cuatro décadas después de su publicación en octubre de 1986, 'Oktubre', la obra cumbre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, mantiene intacta su vigencia poética y sonora. Grabado en los míticos Estudios Panda de Buenos Aires bajo la ingeniería de Osvel Costa y con la inconfundible estética gráfica de Rocambole, el segundo álbum de la banda platense capturó las tensiones sociopolíticas de la Guerra Fría, la desilusión posdictadura y la explosión del post-punk rioplatense. De himnos incombustibles como 'Jijiji' y 'Preso en mi ciudad' a la experimentación con cajas de ritmo y sintetizadores oscuros, repasamos los secretos técnicos, líricos y conceptuales del trabajo que transformó el underground latinoamericano.

Oktubre Los Redondos en QConciertos
4 min

MADRID, 4 de octubre de 2026 — Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota sellaron hace exactamente cuatro décadas el lanzamiento de Oktubre, el segundo álbum de estudio de la formación platense que marcó un antes y un después en la narrativa del rock en castellano. Grabado durante los meses de invierno de 1986 en los legendarios Estudios Panda y masterizado con una sobriedad post-punk insólita para la época, el trabajo no solo consolidó la alianza creativa entre el vocalista Carlos «Indio» Solari y el guitarrista Skay Beilinson, sino que construyó el imaginario contracultural más influyente de la música hispanoamericana, cuyo eco resuena hoy con fuerza en los circuitos y salas de conciertos de Madrid y del resto de la escena internacional.

En Portada

  • El segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota cumple 40 años consagrado como una de las obras cumbres del rock en español.
  • La producción en Estudios Panda combinó guitarras afiladas con cajas de ritmo Roland y una lírica cargada de distopías geopolíticas.
  • La estética visual concebida por el artista plástico Rocambole fijó la iconografía combativa y el mito de la banda hasta el presente.

El viraje sonoro de 1986: la frialdad maquinal en Estudios Panda

Tras el debut festivo y bohemio de Gulp! (1985), el grupo decidió radicalizar su propuesta artística. El contexto global de la Guerra Fría, la catástrofe de Chernóbil y las tensiones sociopolíticas de la incipiente democracia argentina empujaron a la banda hacia un sonido severo, frío y marcadamente influenciado por la new wave británica de Joy Division, Bauhaus y The Cure.

En el estudio de grabación, Skay Beilinson experimentó con texturas cortantes y arpegios hipnóticos, mientras la base rítmica de Tito Fargo, Semilla Bucciarelli y Piojo Ábalos incorporó programaciones digitales y la caja de ritmos Roland TR-707, un recurso casi inédito en el circuito independiente de aquel momento. «Sentíamos que el mundo se estaba volviendo un lugar más hostil y mecanizado, y el sonido del disco debía reflejar esa opresión tecnológica y política», recordaba años después el guitarrista al analizar el diseño sonoro de las sesiones.

Lírica distópica y la caída de las utopías revolucionarias

Las letras firmadas por el Indio Solari en Oktubre abandonaron la ironía pícara de los primeros shows underground para sumergirse en una crónica lúcida sobre la manipulación mediática, el desencanto ideológico y la vigilancia estatal. Piezas como «Fuegos de octubre», «Preso en mi ciudad», «Música para pastillas» y «Motorpsico» anticiparon debates sobre el control social y el aislamiento urbano con décadas de antelación.

El punto álgido del repertorio cristalizó en «Jijiji», corte concebido inicialmente como un medio tiempo asfixiante sobre la paranoia y los excesos nocturnos, que con el paso del tiempo mutó en el fenómeno colectivo conocido como «el pogo más grande del mundo». Sobre el origen de aquellas imágenes crípticas, Solari explicó: «No buscábamos hacer panfletos directos, sino pintar estados de ánimo colectivos donde la libertad individual quedaba atrapada entre consignas vacías y la noche asfixiante».

Rocambole y la construcción visual del mito obrero

Es imposible entender la dimensión cultural de Oktubre sin la portada diseñada por Ricardo «Rocambole» Cohen. Inspirada en el constructivismo soviético y las vanguardias de principios del siglo XX, la ilustración en blanco, negro y rojo —con la figura del esclavo rompiendo las cadenas sobre una multitud de siluetas anónimas— se convirtió en el emblema gráfico por excelencia de la cultura popular rioplatense.

Rocambole utilizó tintas planas y un trazo expresionista que desafiaba el empaque pop brillante de las multinacionales discográficas. Aquella decisión artística reforzó el carácter independiente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una formación que gestionó su catálogo, distribución y convocatorias al margen de los grandes sellos comerciales y la pauta publicitaria tradicional.

El legado incombustible cuatro décadas después

A cuarenta años de su primera tirada en vinilo y casete, Oktubre no ha perdido un ápice de combustión. Su análisis de las contradicciones humanas frente al poder y su arquitectura instrumental continúan sirviendo de guía para bandas emergentes de rock, post-punk y música alternativa a ambos lados del Atlántico. La efeméride confirma que aquella obra grabada en apenas unas semanas de 1986 no fue únicamente un álbum bisagra en la historia de Los Redondos, sino el testimonio sonoro definitivo de una época que aún interpela al presente.