Noticias

La-33 celebra 25 años de salsa brava y desentierra su versión perdida de ‘Watermelon Man’

La orquesta bogotana La-33 alcanza un cuarto de siglo de trayectoria musical rescatando de sus archivos 'Watermelon Man', una incendiaria adaptación al mambo y boogaloo del clásico de Herbie Hancock grabada en 2004 para su álbum debut que permaneció inédita por motivos legales. Fundada en el barrio Teusaquillo por los hermanos Sergio y Santiago Mejía con músicos procedentes del rock y el ska, la formación colombiana transformó la salsa urbana contemporánea desde el mítico bar Quiebracanto hasta los grandes festivales internacionales. Con esta publicación histórica, el conjunto reivindica su sonido crudo, sus metales cortantes y una instrumentación analógica que prepara su regreso a los escenarios europeos.

La-33 en QConciertos
6 min

MADRID, 4 de noviembre de 2026 — La orquesta colombiana La-33 conmemora sus 25 años de trayectoria con la publicación oficial de «Watermelon Man», adaptación inédita al boogaloo del clásico de Herbie Hancock que permaneció más de dos décadas archivada. La formación bogotana, referente absoluto de la salsa urbana contemporánea, activa con este rescate patrimonial la celebración de un cuarto de siglo de resistencia musical independiente antes de emprender una nueva serie de conciertos en recintos de Madrid y Barcelona.

En Portada

  • La-33 conmemora un cuarto de siglo de historia rescatando la grabación original de «Watermelon Man», proyectada inicialmente como el undécimo corte de su álbum debut de 2004.
  • El director y bajista Sergio Mejía detalla las complicaciones en la cesión de licencias que mantuvieron la pista guardada y reivindica la herencia del boogaloo neoyorquino y el jazz afrocubano.
  • La agrupación bogotana proyecta una gira conmemorativa por salas y festivales europeos para repasar un repertorio que devolvió la crudeza instrumental a la pista de baile.

El rescate de una grabación clandestina de 2004

Durante veintidós años, una de las sesiones más enérgicas registradas por La-33 descansó en una bobina olvidada. En 2004, cuando los hermanos Sergio y Santiago Mejía ultimaban los detalles de su primer trabajo discográfico homónimo, registraron una lectura febril de «Watermelon Man», la inmortal composición concebida por Herbie Hancock en 1962 y popularizada en clave tropical por el percusionista cubano Mongo Santamaría. Sin embargo, las complejidades administrativas en la concesión de licencias editoriales para una banda absolutamente independiente impidieron que el corte ingresara en la tirada física prensada en Bogotá.

El propio Sergio Mejía, bajista, arreglista y director musical de la agrupación, explicó con nitidez las circunstancias que rodearon aquel tropiezo burocrático: «‘Watermelon Man’ era la canción número once de ese disco debut, pero, al ser una adaptación, a la hora de prensar el disco no contamos con el aval para hacerlo. Olvidamos la canción, se quedó en el baúl de los recuerdos». Aquella decisión forzada redujo el álbum a diez pistas, entre las cuales figuraban himnos generacionales como «Soledad», «Manuela» y la célebre relectura de Henry Mancini que sacudió el panorama salsero internacional.

El paso del tiempo y las pesquisas documentales con motivo del vigesimoquinto aniversario del proyecto permitieron reexaminar los másteres analógicos de aquellas jornadas fundacionales. Al reencontrarse con la frescura de la toma, el colectivo no dudó en restaurar la pista: «La volvimos a escuchar y, conmemorando este cuarto de siglo, era necesario que esta canción viera la luz», confirmó Mejía. El resultado exhibe la insolencia rítmica de un ensamble juvenil que dominaba ya el lenguaje de los trombones abiertos, la síncopa de la conga y el piano percusivo característico del latin soul de Harlem.

De la furia del rock y el ska al asfalto de Teusaquillo

La génesis de La-33 dista mucho de los circuitos tradicionales de las orquestas de salsa caribeñas. El proyecto nació a finales de los años noventa en una casona situada en la calle 33 del barrio Teusaquillo, en una Bogotá fría y andina que históricamente parecía ajena a las descargas tropicales. Sus integrantes originales no procedían de conservatorios de música folclórica ni de dinastías salseras, sino del circuito alternativo capitalino, habituados a militar en bandas de rock, punk y ska como La Sonora Cien Fuegos.

Esa procedencia otorgó a la banda una actitud despojada de academicismos puristas y dotada de una musculatura sonora arrolladora. Los hermanos Mejía entendieron que la salsa dura neoyorquina de los años setenta —el sonido crudo de Ray Barretto, Willie Colón, Eddie Palmieri o Joe Cuba— compartía con el rock la misma electricidad callejera, la urgencia social y la distorsión acústica de los vientos tocados al límite de la resistencia física.

Sergio Mejía rememoró recientemente la mentalidad abierta con la que armaron el proyecto durante sus primeras sesiones de ensayo: «Todo era parte de una búsqueda; de hecho, en un comienzo entendíamos a La-33 como un ensamble latino: no nos cerrábamos a la salsa, buscábamos otros visos». Esa amplitud conceptual les permitió absorber el boogaloo, el funk, el ska y el mambo clásico sin adulterar el peso rítmico del montuno ni relajar la pegada de la clave 2-3.

La forja en Quiebracanto y la explosión de ‘La Pantera Mambo’

Antes de conquistar plazas europeas y certámenes en Japón o Estados Unidos, la formación curtió su identidad noche tras noche en Quiebracanto, emblemático templo salsero del centro histórico de Bogotá. En aquel espacio estrecho y humeante, la orquesta probaba arreglos en directo ante un público heterogéneo donde confluían melómanos de vieja guardia, estudiantes universitarios y rockeros reconvertidos al ritmo afrocaribeño. La tarima exigía solvencia, pulmón y resistencia para sostener descargas instrumentales que superaban con facilidad los diez minutos.

Fue en ese caldo de cultivo donde cuajó la adaptación de «The Pink Panther Theme», convertida en «La Pantera Mambo». Aquella pieza, lejos de ser un mero recurso efectista, funcionó como un manifiesto estético: una sección de vientos afilada como una cuchilla, una base de bajo trepidante y un solo de percusión demoledor que demostraba que la salsa continuaba viva, peligrosa y bailable sin recurrir a sintetizadores ni fórmulas almibaradas del pop latino de radiofórmula.

La repercusión crítica de su disco debut trascendió fronteras continentales, logrando que publicaciones internacionales y analistas de referencia situaran el trabajo entre las grabaciones más relevantes de la historia de la salsa moderna. La-33 demostró que desde una meseta a 2.600 metros de altitud era posible renovar el género con mayor convicción que muchas producciones comerciales facturadas en Miami o San Juan de Puerto Rico.

Arreglos analógicos frente a la estandarización digital

A lo largo de álbumes posteriores como Gozavante (2007), Tumbando por ahí (2009) y La ruta de la salsa, la orquesta consolidó un catálogo marcado por la independencia discográfica y la honestidad interpretativa. En una era dominada por la cuantización digital y las pistas pregrabadas, La-33 preserva la interacción humana y las imperfecciones orgánicas que dotan de pulso a la música comunitaria.

El rescate de «Watermelon Man» funciona como un recordatorio oportuno de esa filosofía artesanal. La mezcla enfatiza el diálogo entre la flauta traversa y los trombones, mientras el timbal y el bongó construyen un puente natural entre el boogaloo de finales de los sesenta y la energía urbana del nuevo milenio. La interpretación subraya cómo el grupo supo leer la herencia de Mongo Santamaría pasándola por el filtro de la bohemia bogotana.

Con el lanzamiento de este inédito, la orquesta activa los engranajes de un 2026 enfocado en celebrar sus veinticinco años en la carretera. Las próximas fechas confirmadas en salas y recintos peninsulares permitirán comprobar cómo estas dos décadas y media de rodaje han afinado una maquinaria musical que no entiende de modas pasajeras ni de algoritmos complacientes, manteniendo intacta la vocación de hacer sudar la pista desde la primera descarga de percusión.

Transparencia y correcciones

En Qconciertos revisamos fechas, salas, fuentes oficiales y comunicados antes de publicar. Si detectas una errata o información actualizada, puedes escribirnos para revisarla.

Noticias relacionadas