Julio Cable estrena ‘No Hubo Flores’: Nostalgia y liberación.

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Julio Cable estrenó el pasado miércoles 21 de julio su último single ‘No hubo flores’, la primera avanzadilla de lo que será su próximo disco de larga duración ,»La curva de Boutakov», que publicará bajo el sello Flor y Nata Records y que ha grabado en el estudio de Grabaciones Sumergidas, a los mandos de Juan Antonio Mateos y Ernesto Rodríguez.

El corte ha sido acompañado de un videoclip dirigido por Javier Fopiani y protagonizado por él mismo, Ana Rivas, Paula Estévez y Álvaro López, su versión juvenil que encarna la metáfora que hila todo el sencillo: el tiempo pasado nunca volverá y es imposible cambiar todo aquello que hicimos mal. Una idea quizá ya casi tópica que Julio consigue explorar sin grandes innovaciones musicales, pero con una exquisita sinceridad.

La canción, de estructura simple, abre con unos coros muy acertados, esas voces en la cabeza que recuerdan a la voz poética, de manera casi subconsciente, todo aquello que hizo mal. No hay mucho que comentar desde el punto de vista puramente musical: versos, pre-estribillos y estribillos por bandera, compás binario, guitarras crunchy y palm-mute, una batería básica, arreglos brillantes, coros y segundas voces. Lo básico en una buena ensalada pop.

No diría que este corte destaque compositivamente y creo que el propio Julio es consciente de ello. Ha hecho cosas mucho más hit en sus ya cuatro discos en solitario. Ya «viene de vuelta». Esta canción no viene a revolucionar el pop, sino a liberar un corazón de los remordimientos que, casualmente, acaba de recordar que tenía. Es una confesión, una forma de saldar una cuenta pendiente con aquella chica a la que hizo tanto daño en el pasado. Aunque irónicamente la persona a quien va destinada quizá nunca lo sepa. Una forma de pagar su deuda con el universo, si es que algo como tal existe.

Las imágenes del videoclip sirven para apoyar esta idea que subrayamos. En constante flashback y mirada introspectiva, el uso de la cámara «marcha atrás» nos lo deja claro: ¿y si pudiera volver atrás y arreglara las cosas? Puesto que todos alguna vez seremos el monstruo en la historia de otra persona, ya poco se puede hacer, más que recordar. El daño está hecho. Sin embargo, el propio recuerdo es una forma de mantener vivo el pasado y lo bello que alguna vez hubo en él. Una mirada a lo que se hizo bien -y a lo mucho que se hizo mal- que con el pasar de los años hace esbozar una cariñosa sonrisa frente a lo inmaduro que uno fue.

Decía Marcel Proust que el remordimiento es un amplificador del deseo; no se malinterprete, no exclusivamente un deseo amoroso, sino un deseo de persistencia. El propio autor subrayaba cómo la memoria y su persistencia consiguen revivir y mantener eternamente vivo lo bello del recuerdo de aquel tiempo pasado que debemos conservar como nuestro bien más preciado. Proust tenía su magdalena, que le trasladaba a su más tierna infancia y Julio, con esta canción, nos presenta la mirada al pasado desde su madurez y el recuerdo de aquellos tiempos de juventud en los que hizo tantas cosas mal. Y es en el propio recuerdo donde los honra y los mantiene vivos.

Ya que -afortunadamente- no soy periodista y menos periodista musical (algunos se atreven incluso a llamarse críticos), me cuesta mucho escribir si no es por un impulso, por una inspiración, un élan créatif que, inundándome, me impulsa a verbalizar lo que siento. Baudelaire solía hablar de esta sensación cuando escuchaba la magnificencia de las obras de Wagner y escribía -más que como ejercicio de crítica, como catarsis personal- un río de palabras que se teñían de su excelente literatura, haciendo de él el crítico más subjetivo y poético (al final, ¿para qué sirve tanta falsa objetividad?). Salvando las distancias, he de decir que con esta canción me ha pasado algo similar: hizo click en mí y conecté totalmente con ella.

Julio, con mucho camino recorrido, nos habla desde la sinceridad y la experiencia, no solo musical sino vital. Un consejo de alguien al que, os aseguro, merece la pena escuchar. No es su mejor tema y muy seguramente habrá canciones en su disco que le representen más, al final, él es un rockero de corazón y le encanta pegar guitarrazos. Sin embargo, es un maravilloso punto de partida. Un muy sincero punto de partida, acompañado de un videoclip simple -que no por ello malo- que ilustra maravillosamente el mensaje de la canción.

Todo lo que diga de Julio es siempre poco y casi mejor que se lo diga a él, ya que tengo la suerte de conocerlo. Aunque aún no todo lo que me gustaría y, seguramente, lo que me gustaría es mucho más de lo que él podría admitir que soportaría y aún mucho más de lo que siente que merece, que, además, es muchísimo más que lo que la crítica le reconoce.

Poco más puedo decir. Haceos un favor e id a escuchar sus canciones, ya que están cargadas de verdad. Yo, mientras tenga un huequecito para escribir, por pequeño que sea, seguiré hablando de él.

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