VALENCIA, 23 de octubre de 2026 — El compositor británico Joe Jackson deslumbró este miércoles en el auditorio de La Rambleta en Valencia durante la presentación oficial de su gira internacional Hope and Fury Tour. Tras décadas de esquivar los escenarios levantinos y después del trago amargo que supuso la suspensión obligada de sus compromisos en 2022 por las restricciones sanitarias de la pandemia, el músico de Burton upon Trent saldó una deuda pendiente con una audiencia entregada que abarrotó el recinto.
En Portada
- Primera actuación en la historia de Joe Jackson en la ciudad de Valencia, saldando la cancelación de su gira en 2022.
- Presentación de su nuevo álbum de estudio, ‘Hope and Fury’, arropado por el histórico bajista Graham Maby y una banda de instrumentistas de alto calibre.
- Repertorio equilibrado que transitó desde la apertura íntima al piano solo hasta el pop sofisticado y el latinjazz de ‘Night and Day’.
Deuda histórica saldada: el debut valenciano de un superviviente de la New Wave
Existía una auténtica anomalía en la relación entre el público valenciano y Joe Jackson. Considerado uno de los arquitectos más lúcidos e inquietos de la generación británica de finales de los setenta —aquella hornada irrepetible compartida con Elvis Costello o Graham Parker—, el teclista y vocalista nunca había pisado las tablas de la capital del Túria. La cancelación de su itinerario peninsular en 2022 había dejado una espina clavada en la afición local, tradicionalmente devota de los sonidos sofisticados y las producciones pulidas de la década de los ochenta.
A sus 71 años, Jackson disipó cualquier duda sobre su momento vital nada más pisar el escenario. Lejos del piloto automático que atenaza a tantas leyendas de su generación, el inglés lució un timbre vocal pletórico, flexible en dinámicas y cargado de esa ironía mordaz que siempre distinguió a sus letras. «Valencia era una cuenta pendiente que me incomodaba desde hace cuatro años; pisar este escenario por fin y comprobar que las butacas estaban llenas nos devuelve la certeza de que la música en directo no admite atajos», apuntó el propio artista ante el micrófono en uno de los primeros intercambios con los asistentes.
Un arranque en solitario frente a las teclas
La sobriedad presidió la puesta en escena inicial. Sin artificios escénicos ni apoyos pregrabados, Joe Jackson tomó asiento en solitario ante el piano de cola para atacar las primeras notas de “Is She Really Going Out with Him?”, la composición fundacional extraída de su debut Look Sharp! (1979). El auditorio respondió de inmediato al unísono coreando el célebre verso de apertura, confirmando que la conexión emocional con el repertorio clásico permanecía intacta pese al paso de los decenios.
Inmediatamente después, el legendario bajista Graham Maby —su aliado indispensable desde los días formativos en Portsmouth— se incorporó discretamente a las tablas para acometer una lectura despojada y emocionante de “It’s Different for Girls”, única parada en el celebrado I’m The Man (1979). La interacción entre el fraseo melódico del bajo de Maby y los acordes sincopados del teclado sirvió de puente hacia la entrada escalonada del resto del grupo, transformando un ejercicio camerístico en una maquinaria sonora rotunda.
La arquitectura sonora de ‘Hope and Fury’: ecos de ‘Night and Day’
El núcleo conceptual de la velada residió en las composiciones de Hope and Fury, su más reciente producción discográfica. El trabajo recupera la senda del pop cosmopolita y los arreglos de ascendencia latina y jazzística que coronaron obras maestras de la talla de Night and Day (1982) o Body and Soul (1984). En directo, estos nuevos cortes demostraron una pegada orgánica envidiable, esquivando la complacencia y dialogando de igual a igual con las piezas históricas.
El guitarrista Teddy Kumpel aportó texturas cortantes y rítmicas de corte funk, mientras que la batería de Doug Yowell y la percusión especializada de Felipe Fournier —armado con marimbas, congas y mazos— construyeron una base polirítmica exuberante. «Nunca me interesó quedarme atrapado en la nostalgia del 79; si sigo grabando discos y saliendo a la carretera es porque las canciones de ‘Hope and Fury’ responden al presente con la misma urgencia rítmica que sentía en Nueva York en los ochenta», declaró Jackson a mitad del concierto antes de encadenar una vibrante sección percusiva que puso en pie a la platea.
Complicidad instrumental y tensión rítmica en directo
La acústica del auditorio de La Rambleta favoreció la nitidez del quinteto, permitiendo apreciar los matices de arreglos complejos donde el piano eléctrico y los teclados acústicos se alternaban sin perder pegada. La labor de Felipe Fournier dotó de brillo y tridimensionalidad a los temas, sustituyendo los vientos metales tradicionales por líneas percusivas cromáticas que añadieron frescura a los compases sincopados de temas emblemáticos de la era Big World (1986).
Graham Maby volvió a ratificar por qué figura entre los cuatro cuerdas más respetados del rock anglosajón. Su pulsación firme, caracterizada por líneas melódicas que conducen las transiciones armónicas con precisión quirúrgica, sostuvo el peso rítmico de un concierto que no concedió tregua ni recurrió a trucos de nostalgia barata. La compenetración entre bajista y cantante, forjada en miles de kilómetros compartidos a lo largo de casi medio siglo, fue el motor sobre el que cabalgaron los momentos de mayor intensidad dinámica del recital.
Un balance artístico que esquiva la complacencia
El tramo final del concierto elevó las revoluciones mediante un tratamiento enérgico que revisitó hitos universales como “Steppin’ Out”, reinventada con una pulsión percusiva contemporánea que conservó su hipnótica cadencia urbana original. El público despidió a la banda en pie tras más de noventa minutos de ejecución impecable, celebrando no solo un catálogo imperecedero, sino la honestidad de un intérprete que se niega a actuar como una pieza de museo.
La escala del Hope and Fury Tour en tierras valencianas certifica que Joe Jackson mantiene la curiosidad artística en el centro de sus prioridades. Con una instrumentación rigurosa, una voz que no acusa el desgaste de las décadas y una propuesta escénica centrada en la excelencia interpretativa, el compositor británico demostró que su cancionero continúa siendo un territorio vivo, desafiante y ajeno a las modas pasajeras.