MADRID, 11 de octubre de 2026 — Ian Hill, bajista fundador y único miembro ininterrumpido en la alineación de Judas Priest desde su gestación en 1970, ha anunciado formalmente su decisión de retirarse de la actividad musical y de las giras internacionales al término del ciclo de directos de su decimonoveno álbum de estudio, Invincible Shield. La noticia, comunicada por el propio músico de West Bromwich, pone fecha de caducidad a 56 años de servicio inquebrantable a las frecuencias graves de la formación de Birmingham, cerrando el capítulo del ancla rítmica más constante en la historia del heavy metal tradicional.
En Portada
- Ian Hill confirma su salida definitiva de Judas Priest tras permanecer en el grupo desde su fundación en 1970.
- El músico completará las actuaciones firmadas de la gira de Invincible Shield antes de apartarse de la carretera.
- La banda aborda un relevo generacional histórico tras la obligada baja en directo de Glenn Tipton y la partida de K.K. Downing.
El ancla silenciosa de la revolución del acero británico
Pocos instrumentistas han encarnado la sobriedad y la solvencia funcional con la disciplina de Ian Frank Hill. Nacido en Yew Tree Estate en 1951, Hill aprendió los rudimentos del contrabajo de la mano de su padre, un reputado músico local de orquesta de baile que falleció cuando Ian apenas contaba con quince años. Esa escuela austera, basada en servir a la canción por encima de la pirotecnia solista, convirtió al bajista en el cimiento inamovible sobre el que se levantó la muralla de guitarras gemelas de K.K. Downing y Glenn Tipton, secundada por la garganta operística de Rob Halford.
A lo largo de casi seis décadas, Hill no faltó a una sola grabación de estudio. Desde el debut titubeante de Rocka Rolla (1974) y la sofisticación progresiva de Sad Wings of Destiny (1976), hasta la apisonadora de velocidad de Painkiller (1990) y el vigor crepuscular de Firepower (2018), su pulsación con púa pegada al mástil fijó el tempo exacto sobre el que marchó la maquinaria británica. «He dado a esta banda cada fibra de mi energía desde que ensayábamos en una escuela abandonada a principios de los setenta. El cuerpo exige un respiro honesto y es el momento adecuado para bajarme del autobús sin remordimientos», señaló Hill en sus declaraciones iniciales sobre este paso.
Medio siglo en la esquina izquierda del escenario
Frente al dinamismo escénico y los arrebatos pirotécnicos de sus compañeros, Ian Hill construyó una liturgia visual inconfundible: plantado junto a sus columnas de amplificadores en el flanco izquierdo del tablado, balanceando el mástil al compás del bombo con la mirada clavada en la base del escenario. Esa contención, lejos de restar protagonismo, aportó la gravedad requerida para que las armonías agudas de las guitarras cortaran las mezclas con precisión milimétrica en recintos de gran formato como el WiZink Center en Madrid o el Sant Jordi Club en Barcelona.
El cantante Rob Halford quiso dimensionar de inmediato la envergadura del anuncio con unas palabras cargadas de afecto fraternal: «Ian ha sido el latido cardíaco de Judas Priest en cada noche de gloria y en cada bache del camino. Respetamos profundamente su decisión y celebraremos cada compás restante juntos sobre las tablas». Con la partida de Hill, la formación británica se enfrenta a un escenario inédito: ningún miembro fundador original pisará el escenario en las futuras giras del conjunto, dado que Halford se incorporó en 1973 y Glenn Tipton permanece apartado de las giras completas debido al avance del párkinson, delegando su puesto en vivo en el productor Richie Faulkner y en Andy Sneap.
La impronta técnica: del Spector característico al tempo implacable
El sonido de bajo de Hill nunca buscó competir con las frecuencias medias de las guitarras, sino soldarse al patrón del doble bombo inaugurado en su etapa con Dave Holland y perfeccionado hasta el paroxismo con Scott Travis. Equipado habitualmente con sus bajos Spector Euro4 de cuatro cuerdas —su modelo de cabecera caracterizado por una pegada percusiva seca y un rango grave redondeado—, Hill cimentó clásicos intocables como ‘The Green Manalishi’, ‘Breaking the Law’, ‘Electric Eye’ o ‘Victim of Changes’.
Su capacidad para adaptarse al endurecimiento progresivo del sonido del grupo a finales de los ochenta y principios de los noventa fue determinante para que Judas Priest no perdiera peso en la transición hacia la era moderna del metal. En composiciones técnicamente asfixiantes como ‘Painkiller’ o ‘Judas Rising’, su resistencia física y precisión metronómica mantuvieron la cohesión estructural cuando el tempo rozaba velocidades extremas.
El cierre de una etapa dorada en el circuito europeo
La retirada de Ian Hill abre interrogantes sobre el rumbo de Judas Priest una vez concluida la gira actual, que tiene paradas programadas en los grandes encuentros europeos como el Resurrection Fest y citas en pabellones de todo el continente. La banda no ha desvelado aún si recurrirá a un músico de sesión para cubrir las futuras fechas o si planteará un periodo de descanso prolongado para evaluar su continuidad discográfica.
Lo indiscutible es que el adiós de Hill marca el ocaso de la generación fundacional de West Midlands que configuró el léxico estético, sónico y temático del heavy metal. Su renuncia se produce en los propios términos del músico, en activo y en la cúspide de una gira que ha congregado a cientos de miles de seguidores, dejando tras de sí un estándar de lealtad musical que difícilmente volverá a repetirse en las crónicas del rock pesado internacional.