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Hell Dorado: Un Cuarto de Siglo de Resistencia Rockera, Asociacionismo y Liturgia Eléctrica en Vitoria-Gasteiz

Desde su apertura el 26 de octubre de 2001 en el polígono de Venta de la Estrella bajo el impulso de Juan Uriarte y un grupo de apasionados del rock, Hell Dorado se ha consagrado como uno de los clubes sónicos más queridos y respetados de Europa.

Hell Dorado: Un Cuarto de Siglo de Resistencia Rockera, Asociacionismo y Liturgia Eléctrica en Vitoria-Gasteiz
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Existen recintos musicales cuya sola mención despierta una sonrisa de respeto reverencial en los camerinos de medio mundo, desde Estocolmo y Detroit hasta Melbourne, Londres o Madrid. Cuando una banda de rock and roll, garage, soul, punk o stoner anota en su hoja de ruta europea una parada en la capital alavesa, sabe que no se dirige a un local comercial cualquiera, sino a una auténtica cofradía del voltaje eléctrico. Ese santuario tiene nombre propio: Hell Dorado El Club Sónico (Vitoria). En una temporada muy especial en la que acaba de conmemorar su vigésimo quinto aniversario, dedicamos nuestra sección de Sala Destacada de la Semana a este bastión irreductible que ha situado la agenda de conciertos en Vitoria-Gasteiz en el mapa de oro de la música en vivo internacional.

Ubicado en la calle Venta de la Estrella, número 6 (Pabellón 44, en el Polígono Industrial de Uritiasolo), Hell Dorado representa el triunfo de la pasión melómana y el esfuerzo colectivo sobre las lógicas mercantiles de la industria del entretenimiento: un oasis levantado desde abajo que, durante veinticinco años, ha demostrado que desde un pabellón industrial en Euskadi se puede programar con la misma excelencia que en las grandes capitales del planeta.

26 de octubre de 2001: la rebelión de los amigos que se cansaron de viajar para ver rock

Toda gran epopeya cultural nace de una necesidad insatisfecha. A finales de la década de los noventa, pese a la riquísima tradición musical de Vitoria-Gasteiz y al peso histórico del Azkena o del Festival de Jazz, un grupo de amigos, músicos y melómanos empedernidos —con Juan Uriarte como rostro visible e impulsor incansable— compartía una frustración cotidiana: cada vez que sus bandas favoritas de rock de raíces, garage, punk o soul giraban por la península, tenían que coger el coche y desplazarse a Bilbao, San Sebastián, Pamplona o Madrid porque en su ciudad faltaba un club estable de aforo medio acondicionado para acoger ese circuito.

En lugar de resignarse, decidieron construir su propio sueño. Tras meses de búsqueda y acondicionamiento de una nave en Venta de la Estrella, el 26 de octubre de 2001 abría oficialmente sus puertas Hell Dorado, constituido bajo la fórmula jurídica y filosófica de una asociación cultural. Aquel modelo asociativo no fue un mero trámite administrativo, sino el corazón latente del proyecto: los asistentes pasaron a ser socios de un «club sónico» donde la cuota y la pertenencia sostenían una programación libre de las imposiciones de las radiofórmulas, creando un sentimiento de comunidad, orgullo y pertenencia que se ha transmitido ya a través de varias generaciones de gasteiztarras.

Arquitectura de club puro: 250 almas, 36 metros cuadrados de escenario y sonido de referencia

Cruzar el umbral de Hell Dorado El Club Sónico (Vitoria) equivale a adentrarse en una cápsula del tiempo consagrada a la cultura del rock. Con una superficie de sala que ronda los 260 metros cuadrados y un aforo autorizado de 250 personas, el recinto exhibe esas proporciones mágicas donde la intensidad se concentra como en una olla a presión, de forma muy similar a otros templos hermanos que hemos homenajeado en nuestra hemeroteca, como el Loco Club de Valencia o la Sala Planta Baja de Granada.

Uno de sus grandes orgullos técnicos es su imponente escenario de 36 metros cuadrados: una tarima amplia, despejada y perfectamente elevada que permite a las bandas desplegar su backline con total comodidad y moverse con libertad, manteniendo al mismo tiempo a la primera fila tan cerca que el público puede leer las marcas de las púas y los pedales de efectos. Todo ello respaldado por un tratamiento acústico sobresaliente, un equipo de PA y monitores de altísimo rendimiento y una cabina técnica que mima cada frecuencia para que las guitarras de válvulas, los órganos Hammond y las secciones de viento suenen con una pegada demoledora y cristalina.

De las noches eléctricas a las célebres ‘Vermut Sessions’ y el cuarto de siglo de vida

A lo largo de estos veinticinco años (2001-2026), por las tablas de Venta de la Estrella han desfilado centenares de leyendas internacionales del high-energy rock escandinavo, el garage estadounidense, el punk-rock, el blues eléctrico, el funk, el soul, el psychobilly y lo más granado del rock estatal y vasco. Para innumerables formaciones norteamericanas, australianas y europeas, tocar en Hell Dorado y disfrutar de la legendaria hospitalidad de su equipo se ha convertido en una parada obligatoria e innegociable de sus giras ibéricas.

Pero el club sónico alavés nunca se ha dormido en los laureles. Además de sus vibrantes veladas nocturnas de viernes y sábado, la sala ha sabido ampliar horizontes con iniciativas tan celebradas como sus «Vermut Sessions» (conciertos matinales de fin de semana que congregan a familias, socios veteranos y nuevos aficionados en un ambiente festivo y diurno), ciclos de monólogos y comedia vasca, mercadillos de discos de vinilo, proyecciones y presentaciones culturales.

Un símbolo de resistencia cultural frente a todas las tormentas

Cumplir veinticinco años al frente de una sala independiente de música en vivo en España es una gesta heroica. Hell Dorado ha capeado crisis económicas profundas, subidas de impuestos al sector cultural, el durísimo cierre forzoso de casi dos años durante la pandemia (entre marzo de 2020 y febrero de 2022) y los desafíos actuales que afrontan las salas privadas frente a los macroeventos subvencionados. Y lo ha hecho sin traicionar ni un milímetro su criterio artístico ni su espíritu indómito.

Por ese cuarto de siglo de fidelidad inquebrantable al rock and roll, por haber demostrado la fuerza transformadora del asociacionismo cultural bajo el timón de Juan Uriarte y su equipo, y por seguir encendiendo cada fin de semana la llama sónica de Euskadi con una programación donde esta misma semana resuenan los himnos del rock clásico y las nuevas propuestas del circuito, Hell Dorado El Club Sónico (Vitoria) recibe hoy nuestro aplauso más caluroso como Sala Destacada de la Semana en QConciertos. Quienes alguna vez han cruzado las puertas del Pabellón 44 de Venta de la Estrella saben bien que allí dentro el reloj se detiene, las guitarras mandan y la música en directo se vive con la pureza irrepetible de los verdaderos templos subterráneos europeos.

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