Cuando se habla del ADN musical de Mánchester, el imaginario colectivo suele viajar de inmediato hacia el post-punk sombrío de finales de los setenta o la euforia psicodélica y hedonista del Madchester de los noventa. Sin embargo, bajo el cielo plomizo y los antiguos almacenes textiles de la urbe industrial británica late hoy una escena subterránea de garage-punk y rock and roll primitivo que reclama su trono a base de sudor, válvulas saturadas y estribillos urgentes. Al frente de esa insurgencia se sitúa Fruit Tones, el incendiario trío mancuniano que este jueves 5 de noviembre de 2026 protagoniza una de las citas más salvajes de la agenda de conciertos en Sevilla sobre el escenario de la imprescindible Sala X.
Integrados por Tom Harrison (voz principal y guitarra), CJ Wood (bajo y coros) y Tomas Walmsley (batería y coros), los británicos recorren este otoño las salas de la Península Ibérica con las pilas cargadas al máximo voltaje para presentar en sociedad su tercer larga duración, el vibrante y adictivo Easy Peelers, prometiendo transformar la noche del jueves hispalense en una fiesta de baile desenfrenado.
El arte del trío de ataque: de las fábricas de algodón de Mánchester al circuito de culto
Desde su formación en el corazón de Mánchester, Fruit Tones tuvo meridianamente clara su misión estética: despojar al rock and roll de cualquier artificio superfluo o sobreproducción digital para devolverlo a su estado más físico, inmediato y contagioso. Bebiendo con idéntica devoción del proto-punk de Detroit y Nueva York (MC5, New York Dolls, Johnny Thunders), el pub-rock y el punk del 77 (The Boys, Buzzcocks, The Clash), la revuelta garajera contemporánea de Black Lips o Jay Reatard y el rhythm & blues de los años cincuenta y sesenta, Harrison, Wood y Walmsley forjaron su sonido en los clubes más sudorosos del norte de Inglaterra.
Su álbum de debut, Natural Selection (editado en 2019 por el sello alemán de culto Alien Snatch! Records), ya avisaba de la capacidad del grupo para facturar píldoras de dos minutos y medio cargadas de ganchos melódicos irresistibles. Tres años más tarde, con Pink Wafer Factory (2022), el trío amplió su paleta hacia el power-pop vitaminado, el country-punk rasposo y el glam de alcantarilla, consolidando una reputación como banda de directo infalible que les ha llevado a girar sin descanso desde Berlín, París o Madrid hasta los escenarios de Australia.
‘Easy Peelers’: doce cortes de vitamina eléctrica y melodías sin freno
El gran argumento de esta nueva incursión española es la puesta de largo de su tercer álbum de estudio, Easy Peelers, coeditado entre Alien Snatch! Records y el sello mancuniano Sour Grapes Records. Fieles a su ética ferozmente independiente (DIY), los propios miembros de Fruit Tones grabaron, produjeron y mezclaron íntegramente el disco en el interior de una antigua fábrica de algodón reconvertida de Mánchester, confiando después la masterización final a un nombre totémico del garage y el punk mundial: el australiano Mikey Young (Total Control, Eddy Current Suppression Ring).
El resultado es una colección de doce canciones directas a la yugular donde no sobra ni un segundo de metraje. Desde el arranque arrollador de «Mystery Stone Fruit» y el himno homónimo «Easy Peeler» —cuyo videoclip documentó la locura de su reciente gira australiana—, el disco encadena descargas de adrenalina pura como «Ride The Fire», el infeccioso «Nothing But A Headache» o las armonías surferas y rasposas de «Mermaids» y «Table For One».
Lejos de levantar el pie del acelerador, la cara B de Easy Peelers despliega ese sentido del humor irreverente y cinematográfico que caracteriza al trío en piezas como «Hands Up (At The Holds Up)» —banda sonora de su delirante cortometraje de serie B Creature From The Goon Lagoon—, el desenfreno de «Get Fruct», el nervio sci-fi de «I Came From The Future», la contundencia rítmica de «Heavy Bite» y «Wild Mouse», y ese broche crepuscular y melódico que supone «Didn’t Even Notice It Was Night».
Sudor, estribillos coreables y comunión de club en directo
Si en el plástico de doce pulgadas las canciones de Fruit Tones brillan con luz propia, es al contacto con el público de una sala donde alcanzan su verdadera razón de ser. En directo, la guitarra afilada y el fraseo urgente de Tom Harrison se apoyan en una base rítmica de hormigón armado: el bajo caminante y propulsivo de CJ Wood y la pegada incansable de Tomas Walmsley, cuyos juegos de coros a tres voces evocan la mejor tradición del beat británico pasada por una trituradora de distorsión analógica.
No hay poses distantes ni frialdad en un bolo de los mancunianos: su propuesta enlaza directamente con esa estirpe de bandas internacionales de raíces rockeras y garajeras que han hecho vibrar nuestras salas en las últimas semanas —como la tormenta eléctrica que desataron The Hillbilly Moon Explosion en Valencia o el pulso combativo de Lucky Dados en Córdoba—. En apenas sesenta minutos de reloj, el trío enlaza los nuevos cañonazos de Easy Peelers con favoritos de sus entregas previas, convirtiendo las primeras filas en un hervidero de pogos amables y cervezas en alto.
Sala X: el bastión del rock y el underground en la Macarena
Para acoger este vendaval británico en la capital andaluza no existe mejor trinchera que la Sala X (situada en la calle José Díaz, 7, en el entorno de la Macarena y frente a la Cartuja). Consolidada desde hace más de una década como el refugio por excelencia del rock independiente, el punk, el garage y las músicas alternativas en Sevilla, la sala cuenta con un equipo de sonido rotundo, un escenario a la altura perfecta para el contacto visual y una parroquia fiel que sabe premiar la entrega sin reservas.
Acercarse este jueves 5 de noviembre a la Sala X para dejarse despeinar por los riffs de Fruit Tones es la mejor vacuna posible contra la rutina semanal. Puro rock and roll de club, sin filtros ni concesiones, facturado desde el corazón obrero de Mánchester para incendiar la noche sevillana.