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Fito Páez reivindica el legado de Charly García y Spinetta y exige blindar la memoria musical argentina

El compositor rosarino Fito Páez reflexiona en profundidad sobre la transmisión generacional del cancionero popular rioplatense, advierte del peligro de olvidar a referentes fundacionales como Charly García y Luis Alberto Spinetta, y desmonta el discurso de la confrontación ideológica frente a la cultura viva.

Fito Páez tradición musical en QConciertos
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MADRID, 27 de Septiembre de 2026 — El compositor y pianista Fito Páez ha encendido una firme llamada de atención sobre la urgencia de preservar la memoria histórica del rock y el cancionero popular latinoamericano frente al desapego de las nuevas generaciones. En una extensa intervención reflexiva en el espacio Otro día perdido con Mario Pergolini, el autor de El amor después del amor analizó el magisterio recibido de figuras vertebrales como Charly García y Luis Alberto Spinetta, situando la producción musical como el núcleo innegociable de la identidad comunitaria.

En Portada

  • Fito Páez alerta ante el desconocimiento de obras cumbre de Charly García y reivindica su responsabilidad como custodio de una tradición centenaria.
  • El músico evoca su vínculo fraternal y creativo con Luis Alberto Spinetta cuatro décadas después del histórico álbum conjunto La La La.
  • Páez desmonta el concepto contemporáneo de «batalla cultural» y define la creación artística popular como un edificio colectivo y memoria emocional.

El síntoma del olvido y la herencia de García y Spinetta

La preocupación de Páez no nace de una nostalgia abstracta, sino de una experiencia directa sobre las tablas. El artista rosarino relató el asombro experimentado durante un concierto tributo celebrado tiempo atrás, concebido íntegramente en torno al repertorio clásico de Charly García, en el que constató que sectores del público más joven eran incapaces de reconocer piezas capitales de la discografía sudamericana: «Una ciudad que no recuerde a Charly es muy fuerte. No es un episodio pasajero», advirtió con contundencia.

La relación formativa de Páez con García se remonta a comienzos de los años ochenta, cuando un jovencísimo Fito fue reclutado como teclista para la banda de presentación de Clics Modernos y la posterior grabación de Piano Bar (1984). Aquel aprendizaje directo en el laboratorio de Charly forjó un estándar de exigencia armónica y compromiso lírico que el autor ha sostenido a lo largo de más de cuatro décadas de carrera solista.

El recuerdo de Luis Alberto Spinetta adquirió un tono íntimo y de duelo permanente en la conversación. Al rememorar la gestación de su obra compartida, Páez fue categórico respecto al vacío humano y artístico que dejó el fundador de Almendra e Invisible: «A Luis lo extraño cada segundo de mi vida porque era mi hermano». Aquella colaboración inmortalizada en el doble álbum La La La (1986) supuso el punto de encuentro definitivo entre dos cosmovisiones vanguardistas de la canción de autor.

Una genealogía integral: del tango y el folklore al rock

Lejos de limitar la identidad sonora al circuito cerrado del rock urbano, Páez trazó una línea genealógica continua que vincula la vanguardia eléctrica con las raíces del folklore y el tango de principios del siglo XX. «Me siento responsable de todo lo que he heredado de ellos. Y por eso, si es que tengo que decir algo, es la importancia de mantener la tradición de la música argentina», argumentó el pianista.

Para fundamentar esa vasta trama patrimonial, el rosarino enumeró a arquitectos del lenguaje musical como Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui, Gustavo «Cuchi» Leguizamón, Litto Nebbia, Isaco Abitbol, Manuel J. Castilla, los hermanos Ábalos, Pascual Contursi, Homero y Virgilio Expósito, y el renovador rítmico Chango Farías Gómez. Bajo su mirada, no existen compartimentos estancos entre las síncopas de una zamba salteña, las milongas porteñas y los desarrollos sinfónicos del rock progresivo de Serú Girán.

La cultura como memoria emocional frente a la retórica divisoria

Durante su análisis, Páez abordó las tensiones sociopolíticas que atraviesan los debates públicos contemporáneos y cuestionó con firmeza la terminología bélica aplicada a la gestión del pensamiento y el arte. «Es importante mantener la tradición de la música argentina. La música es la memoria emocional de un pueblo. No hay batalla cultural porque no tenés soldados, no tenés nada», aseveró el compositor.

Para Fito, la cultura trasciende la producción comercial o los catálogos discográficos para convertirse en un sedimento de prácticas comunitarias y vivencias cotidianas compartidas: «Hay un edificio que es la cultura argentina. Hasta los ravioles son cultura». Con esta metáfora doméstica, el músico reivindicó que los valores identitarios se transmiten en la mesa familiar, en el ensayo de barrio y en la circulación oral de las melodías que sostienen el tejido social en momentos de crisis.

Responsabilidad pedagógica en los escenarios

La postura manifestada por Páez se refleja en el diseño de sus actuales presentaciones en directo, donde el rescate musicológico y el homenaje explícito a sus maestros conviven con sus grandes himnos de estadio. En sus recurrentes pasos por plazas europeas y españolas como Madrid o Barcelona, el artista insiste en contextualizar cada acorde dentro de una escuela rioplatense que rehúsa quedar archivada en los anaqueles del pasado.

Mantener encendida esa «máquina emocional» exige, en palabras del músico, una pedagogía activa que conecte los nuevos hábitos de consumo digital con la densidad compositiva de los clásicos, garantizando que el legado de Charly, Spinetta y los pioneros del cono sur continúe dialogando con las futuras generaciones sin perder su filo poético original.

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