Noticias

Fernando Fernández transforma la bioelectricidad de las orquídeas en música experimental en Estepona

El botánico y compositor Fernando Fernández estrena 'Escuchar lo invisible' en el Orquidario de Estepona (Málaga), una experiencia pionera de arte sonoro donde la actividad bioeléctrica de decenas de orquídeas modula instrumentos virtuales y genera una partitura algorítmica viva e irrepetible.

Orquidario de Estepona en QConciertos
5 min

ESTEPONA, 26 de octubre de 2026 — El investigador sonoro Fernando Fernández y su proyecto Sinfonía Biótica han presentado la pieza experimental Escuchar lo invisible en el Orquidario de Estepona (Málaga), transformando las microvariaciones galvánicas de plantas vivas en una composición musical generativa ante un aforo completo en el recinto botánico andaluz.

En Portada

  • Fernando Fernández estrena ‘Escuchar lo invisible’ conectando orquídeas a sintetizadores mediante biosensores galvánicos.
  • La señal bioeléctrica vegetal modula tímbrica, alturas y envolventes de instrumentos virtuales en riguroso tiempo real sin patrones pregrabados.
  • El equipo de Molino Lab prepara la expansión del formato hacia recintos botánicos y festivales de arte sonoro en 2027.

Sensores galvánicos y traducción tímbrica: la ingeniería de ‘Escuchar lo invisible’

La propuesta sonora articulada por Fernando Fernández prescinde de grabaciones de campo preelaboradas o pistas pregrabadas de apoyo. La base técnica de Escuchar lo invisible radica en la monitorización de la actividad electroquímica vegetal a través de electrodos de superficie no invasivos fijados en los peciolos y hojas carnosas de ejemplares de las familias Phalaenopsis, Cymbidium y Vanda distribuidas a lo largo del recorrido expositivo.

Estos sensores captan oscilaciones microgalvánicas del orden de microvoltios, generadas por el flujo iónico del tejido celular durante los procesos de transpiración y adaptación lumínica. La información analógica fluye de forma continua hacia microcontroladores programados ex profeso, encargados de filtrar el ruido estático y traducir los cambios de conductividad en flujos de datos de control MIDI y protocolos Open Sound Control (OSC). Desde esa matriz digital, cada planta gobierna parámetros críticos de un instrumento virtual exclusivo: filtros de corte espectral, velocidades de modulación de frecuencia (FM), dispersión espacial de retardos y densidades armónicas.

«No forzamos a la orquídea a encajar en una escala cromática temperada ni le imponemos estructuras métricas occidentales; configuramos un puente de traducción donde cada salto galvánico excita resonadores y modelados físicos», declara Fernando Fernández durante la sesión de calibración. «El tejido vegetal reacciona al intercambio térmico, a la presencia humana en proximidad y a la concentración de humedad relativa. La partitura la escribe su propio metabolismo en riguroso directo».

El Orquidario de Estepona como caja de resonancia bioclimática

El enclave de la presentación no opera como mero telón de fondo escenográfico, sino como un elemento acústico determinante en la espacialización del concierto. El Orquidario de Estepona, con su cúpula acristalada de treinta metros de altura y una caída de agua interior que pulveriza humedad al ambiente, ofrece una acústica húmeda y reflectante que Fernández explotó mediante una arquitectura de altavoces perimetrales distribuidos en cuadrifonía.

Las orquídeas epífitas instaladas sobre la roca vegetal interactúan con el microclima artificial del domo botánico. A medida que la temperatura interior descendía al anochecer y los aspersores nebulizadores entraban en acción, las lecturas de resistencia eléctrica en las hojas se modificaban de manera simultánea. Este fenómeno tradujo las fases de hidratación vegetal en pasajes de drones graves de grano denso, seguidos por racimos de notas agudas de timbre vítreo cuando la conductividad de los tejidos se estabilizaba.

La experiencia aleja el formato del pastiche new age y entronca con la tradición de la música bioacústica inaugurada por figuras pioneras de los años setenta como Richard Lowenberg o John Cage en sus experimentos micorrizales, pasando por la reinterpretación algorítmica contemporánea. Los sesenta minutos de desarrollo ofrecieron una progresión orgánica que osciló entre la quietud del ambient estático y complejas tensiones tímbricas de corte electroacústico.

De Molino Lab a la vanguardia electroacústica peninsular

El proyecto Sinfonía Biótica tiene su sede de desarrollo e investigación en Molino Lab, espacio de creación rural radicado en Salamanca orientado a la intersección entre arte ecológico, biología comunitaria y tecnología de código abierto. En ese laboratorio, Fernández y su equipo llevan cuatro años desarrollando librerías de software libre destinadas a democratizar la biofonía vegetal.

«El propósito de Molino Lab con este espectáculo es cuestionar el antropocentrismo imperante en la producción artística contemporánea», apunta Fernández. «Cuando el espectador advierte que el cambio de timbre armónico que está experimentando en sala procede del pulso electrofisiológico de una raíz aérea, la percepción muta. No escuchamos una representación humana de la naturaleza, sino una transducción fidedigna de su comportamiento dinámico».

Los algoritmos implementados por el creador salmantino asignan roles instrumentales diferenciados según la morfología de la especie: las orquídeas de mayor masa foliar asumen el control de osciladores de baja frecuencia y subgraves profundos, mientras que los tallos florales más jóvenes activan capas polifónicas de granulación granular, dando pie a una suerte de orquesta distribuida donde cada organismo aporta una tesitura singular a la masa sonora global.

Aleatoriedad dirigida y escucha ecológica

A diferencia de la música generativa basada en generadores de números pseudoaleatorios de software, la señal biótica conserva una lógica biológica intrínseca: no existe monotonía mecánica, pero tampoco ruido blanco desarticulado. Las respuestas eléctricas vegetales exhiben dinámicas de autorregulación y silencios fisiológicos que se traducen en pausas compositivas naturales, obligando a los asistentes a adoptar una modalidad de atención receptiva.

La cita en Málaga marca un precedente significativo en la integración de espacios de conservación botánica dentro de los circuitos de música avanzada y arte sonoro en España. Tras el éxito de público congregado en el Orquidario de Estepona, el equipo de Molino Lab ha anunciado que trabaja en la sistematización de Escuchar lo invisible como instalación sonora permanente y en la preproducción de un ciclo itinerante de conciertos bioacústicos que recorrerá jardines botánicos e invernaderos históricos de la península a lo largo del próximo ejercicio.

Transparencia y correcciones

En Qconciertos revisamos fechas, salas, fuentes oficiales y comunicados antes de publicar. Si detectas una errata o información actualizada, puedes escribirnos para revisarla.

Noticias relacionadas