Pepe Habichuela, uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca y último representante de la generación dorada de este arte, ha fallecido en Madrid a los 82 años. El guitarrista, cuyo nombre real era José Antonio Carmona Carmona, dejó este mundo el 4 de agosto de 2026 tras una larga enfermedad que lo mantenía alejado de los escenarios desde el verano de 2024, según confirmaron múltiples fuentes oficiales y medios de comunicación.
Nacido en Granada en 1944, Pepe Habichuela era heredero de una de las sagas más importantes en la historia del flamenco: nieto de Habichuela el Viejo (Juan Gandulla Habichuela), hijo de Tío José Habichuela y hermano de Juan, Luis y Carlos Habichuela. Su legado familiar se extendió a las siguientes generaciones, siendo padre de José Miguel Carmona, integrante del grupo Ketama, y tío de Antonio Carmona, también miembro de la misma formación. Esta dinastía de guitarristas marcó un antes y un después en la evolución técnica y armónica de la guitarra flamenca.
Una carrera de más de medio siglo
Pepe Habichuela desarrolló una trayectoria artística que abarcó más de 50 años, durante los cuales compartió escenario y grabaciones con algunas de las figuras más influyentes del flamenco, como Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Sabicas y Enrique Morente. Su colaboración con estos artistas no solo consolidó su reputación como uno de los grandes innovadores de las seis cuerdas, sino que también contribuyó decisivamente a la modernización del género.
El artista granadino, afincado en Madrid desde 1964, fue un defensor incansable del conocimiento del flamenco clásico como base para cualquier innovación. Siempre reivindicó el legado de los grandes maestros y consideró irrepetible la época dorada del flamenco vivida en las décadas de 1960 y 1970. Su filosofía creativa, descrita por expertos como el productor y Premio Nacional de Flamencología José Manuel Gamboa, combinaba el respeto por la tradición con una constante búsqueda de la vanguardia.
Reconocimientos y homenaje póstumo
La importancia de Pepe Habichuela en la música española fue reconocida con algunos de los premios más prestigiosos del país. Entre ellos destacan la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, otorgada en 2018, y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, que recibió en febrero de 2026 de manos del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto celebrado en La Moncloa con motivo de los 600 años de la llegada del pueblo gitano a España. Además, el Berklee College of Music le concedió el título de Maestro del Flamenco, un reconocimiento internacional a su contribución al arte.
En sus últimos años, a pesar de su avanzada edad, Habichuela siguió siendo una referencia para las nuevas generaciones de artistas. Colaboró con nombres como Miguel Poveda, Rocío Márquez, Estrella Morente, Pitingo o Arcángel, demostrando que su influencia trascendía generaciones. Su última etapa en los escenarios estuvo marcada por homenaje en eventos como las Noches del Botánico de Madrid y el Festival Flamenco On Fire de Pamplona, donde recibió el Castillete de Oro del Festival de La Unión, entre otros reconocimientos.
Un legado eterno
La noticia de su fallecimiento ha conmovido al mundo del flamenco y a la cultura española en general. Personalidades como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y artistas como el cantaor Arcángel, han expresado su condolencia y reconocido su legado. Sánchez destacó en sus redes sociales que «se apaga la guitarra de Pepe Habichuela, pero su música seguirá sonando allí donde el flamenco siga contando quiénes somos».
Pepe Habichuela dejó un legado imborrable en la historia de la música española. Su obra, que abarca desde el flamenco más tradicional hasta la fusión con otros géneros, sigue siendo una fuente de inspiración para músicos de todo el mundo. Su capacidad para innovar sin perder de vista las raíces del flamenco lo convirtió en un referente eterno, cuya influencia perdurará en las futuras generaciones de guitarristas.
El artista, que residía en Madrid, será recordado no solo por su virtuosismo técnico, sino también por su humanidad y su compromiso con la transmisión del conocimiento flamenco. Su muerte cierra una era en la guitarra flamenca, pero su música y su espíritu seguirán vivos en cada nota que resuene en los escenarios de España y más allá.
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