MADRID, 31 de agosto de 2026 — La cantautora colombiana Elsa y Elmar ha presentado su nuevo proyecto discográfico titulado Ciclos, una ambiciosa revisión en formato track by track de diez composiciones clave de su carrera, antes de su esperado desembarco en directo en la sala La Riviera de Madrid. Con este ejercicio de autoarqueología musical, la artista nacida en Bucaramanga no busca complacer la nostalgia fácil de su base de seguidores, sino someter su propio cancionero a una reconstrucción armónica y conceptual que dialoga frontalmente con su madurez vocal e interpretativa.
Lejos de los recopilatorios convencionales de grandes éxitos regrabados con fines puramente comerciales, Ciclos opera como un tratado de honestidad compositiva. Elsa Margarita Carvajal se sienta frente al espejo de su catálogo temprano —desde las maquetas embrionarias de su debut REY (2015) pasando por el salto estético de Eres Diamante (2019) y el duelo expuesto en ya no somos los mismos (2022)— para despojar a sus himnos de vestiduras sintéticas y comprobar qué sobrevive al paso del tiempo cuando la instrumentación se reduce a la madera, las cuerdas de nailon y la vibración natural del diafragma.
En Portada
- Elsa y Elmar publica Ciclos, una reinterpretación crítica y reescrita de diez temas esenciales de su cancionero histórico.
- La producción desecha programaciones grandilocuentes en favor de texturas de cámara, arreglos de folk orgánico y tomas vocales sin retoques digitales.
- La cantautora prepara la traslación de este repertorio al formato de directo con paradas programadas en recintos de Madrid y Barcelona.
Revisitar el pasado sin concesiones: la filosofía de reescribirse
El núcleo conceptual de Ciclos radica en la resistencia a considerar la obra grabada como una sentencia definitiva e inalterable. Para Elsa y Elmar, el paso de los años desgasta ciertas afinidades emocionales, convirtiendo algunas letras escritas en la veintena temprana en corsés incómodos. Enfrentar ese dilema implicó un trabajo de edición riguroso donde las palabras mudaron de piel allí donde la intérprete ya no encontraba resonancia con su presente personal.
«Sentía que había frases y versos que ya no me representaban ni podía cantar con honestidad hoy en día; este disco es una celebración de los ciclos que se cerraron, los que continúan abiertos y los que apenas están por comenzar», explica la propia Carvajal al desglosar el punto de partida del proyecto. «No se trataba de enmendarle la plana a mi versión de hace una década, sino de invitar a esa joven a sentarse a la mesa conmigo y preguntarle qué piensa de la mujer que soy ahora mientras compartimos la misma guitarra». Esta premisa aleja a Ciclos de cualquier complacencia y lo sitúa en la órbita de las grandes deconstrucciones de autor.
Análisis pista a pista: la metamorfosis sonora del repertorio
Al desgranar las diez estaciones de esta entrega, se evidencia una meticulosa dirección de arte enfocada en el espacio y el aire entre notas. Cada composición ha sido tratada como una entidad autónoma, recalculando su tempo, su tonalidad y la densidad de su envolvente armónica.
«Planeando el tiempo»: la coincidencia orgánica de la fragilidad vocal
Uno de los momentos más reveladores del álbum sobreviene con la relectura de «Planeando el tiempo», corte angular de su etapa en REY. En su encarnación de 2026, la pieza prescinde de cualquier blindaje digital para apoyarse en un arpegio de guitarra que deja al descubierto cada quiebro en la garganta de la vocalista. La toma definitiva quedó marcada por una singular coincidencia física durante las sesiones de grabación en el estudio.
«Fue una casualidad casi mística: cuando la compuse originalmente para REY estaba enferma y afónica, y al entrar al estudio para grabarla en Ciclos volví a enfermarme de la garganta, logrando exactamente esa misma textura vocal quebrada y vulnerable», relata Carvajal. Ese grano áspero, lejos de corregirse en la mezcla, se convirtió en el eje emocional de la pista, subrayando la fragilidad inherente al paso de los años y a las promesas temporales que nunca llegaron a cumplirse.
«Desamarte»: del brillo pop a la severidad del folk de cámara
En «Desamarte», composición que en grabaciones pretéritas se apoyaba en una base rítmica más frontal de pop contemporáneo, el giro estilístico es radical. La canción es reconducida hacia una atmósfera de recogimiento austero donde las cuerdas frotadas y una sutil percusión de nudillos establecen el pulso emocional.
«En ‘Desamarte’ buscamos llevar la canción hacia un folk ligero, pero profundo, donde la guitarra de palo y el aire de la voz cargaran todo el peso sin recurrir a la sobreproducción», apunta la compositora colombiana. La cadencia armónica se ralentiza ligeramente, permitiendo que cada acento rítmico respire con amplitud, transformando un reproche sentimental en una elegía serena donde el perdón sustituye a la herida abierta.
«El final»: modificaciones líricas y reconciliación temática
La revisión de «El final» sintetiza el sentido último del proyecto: admitir que el desenlace de cualquier proceso vital no exige dramatismo operístico. Carvajal retoca sutilmente las estrofas centrales, desechando giros dramáticos juveniles para asentar una perspectiva de agradecimiento por lo vivido. Los teclados analógicos vintage aportan un colchón cálido sobre el que flota una voz mucho más asentada en su registro medio, demostrando el control dinámico que la artista ha consolidado tras años de giras internacionales.
La calidez analógica como manifiesto frente a la hiperproducción
En lo relativo a la ingeniería de sonido, Ciclos se planta con firmeza frente a la tiranía de los compresores aplastantes y las baterías hiperprocesadas que dominan el pop latino comercial contemporáneo. Las sesiones favorecieron tomas completas en directo de instrumentistas compartiendo la misma sala, captando las fugas naturales de los micrófonos de cinta y la reverberación física del espacio.
Los arreglos se fundamentan en instrumentos acústicos tradicionales, contrabajo con arco, pianos verticales con sordina de fieltro y guitarras parlor de afinación abierta. El resultado huye de la frialdad milimétrica del software para devolver al oyente la sensación de proximidad física, como si la banda estuviese ejecutando las piezas a escasos centímetros del espectador.
El salto a los escenarios: la puesta a punto para el directo en salas
El lanzamiento discográfico de Ciclos funciona como el prólogo perfecto para su traslación a los escenarios españoles. Tras congregar a audiencias masivas en teatros emblemáticos de Ciudad de México y Bogotá, Elsa y Elmar perfila un formato escénico adaptable tanto a la intimidad de espacios cerrados como a la resonancia de las grandes citas del calendario peninsular.
Los seguidores de la cantautora aguardan con expectación su paso por la sala La Riviera en la capital, una plaza habitual en sus giras europeas donde el público suele corear cada verso con devoción coral. Asimismo, el circuito de Barcelona, con recintos de referencia como Sala Razzmatazz, figura en la hoja de ruta de la artista, cuyo nombre también suena con fuerza para citas de perfil abierto como el festival Sonorama Ribera. Al reimaginar estas diez canciones, Elsa y Elmar no solo dialoga con su propio pasado: entrega a sus seguidores un cancionero vivo, preparado para mutar una vez más bajo las luces del escenario.