El power trio estadounidense convirtió un domingo de octubre en una ceremonia de hard rock, psicodelia y groove bajo la lámpara de araña de la majestuosa casa del siglo XVI. Sudor de club, voltaje valvular y una de esas noches que confirman que el rock, cuando se vive a palmos del bombo, sigue siendo un acto de fe.
Crónica · Jerez de la Frontera · La Guarida del Ángel · Domingo, 25 de octubre de 2026
Hay noches que empiezan mucho antes del primer acorde. La mía empezó al girar la llave del coche, con el sol desangrándose sobre el horizonte y una sola idea martilleando en la cabeza: Cinema Stereo, un power trio llegado desde Nashville, iba a tocar a veinte minutos de casa. Hace apenas unos días os lo anunciábamos en estas mismas páginas: una formación gestada bajo la humedad asfixiante de Orlando y madurada en el hervidero musical de Tennessee, que había elegido la península como bastión prioritario de su primera incursión europea, con trece escalas sin tregua a golpe de furgoneta para defender su flamante álbum 12:34. Jerez era la sexta parada de esa travesía kilométrica. Y yo no pensaba perdérmela.
Que unos promotores se atrevan a traer este calibre de banda a una sala de las nuestras no es un detalle menor: es una declaración de guerra contra la rutina forjada a través de largas jornadas de trabajo. En una época dominada por fórmulas higiénicas y melodías domesticadas para el algoritmo del consumo rápido, toparse con un proyecto que concibe el directo como un desahogo visceral resulta casi providencial.
Destino: Jerez de la Frontera. Una vez más, mi querida La Guarida del Ángel, esa casona del siglo XVI donde, bajo una monumental lámpara de araña con lágrimas de cristal, el rock suena como si las paredes también tuvieran algo que decir. Pocos escenarios en el sur reúnen tanta historia por metro cuadrado; pocos convierten un concierto en un ritual con tanta naturalidad.
Así que, antes de nada, gracias a esos promotores que se dejan la piel para traernos formaciones monstruosas desde cualquier rincón del mundo, siempre frescas y siempre de calidad. Sin ellos, el circuito de salas sería un páramo, y noches como esta no pasarían de ser una fecha lejana en el cartel de otra ciudad.
Lobos aullando a la luna
En la puerta de la sala ya había una manada de lobos aullando a la luna. Ese murmullo previo, mezcla de cerveza, abrazos y expectación, es parte del concierto tanto como el propio repertorio. Allí estaban los amigos Marcos e Ismael, de Fango, con los que eché unas buenas risas; el querido Leo, de Decum, CSB Onda Cero; María, de Lady Vaughan; y gente de muchas otras bandas y proyectos como Argi o el inusual proyecto cultural Poetry Slam Jerez. Músicos, comunicadores, poetas: la escena jerezana en pleno, reunida para comprobar si aquello que prometían los de Nashville era cierto.
Y como en QConciertos nos gusta devolver el cariño, regalamos camisetas y bolsos a algunos de los seguidores que se acercaron a saludarnos. Gracias por reconocernos, por leernos y por seguir cruzando la puerta de las salas. Sois la razón de que esto siga teniendo sentido.

Tres almas, un solo latido
A bocajarro y directos al pecho, Cinema Stereo abrió fuego con «So Sorry My Dear», el single que encabeza 12:34. Ni calentamiento, ni preámbulos: el estandarte de esta etapa, esa canción que exhibe su costado más vulnerable sin restar un ápice de mordiente, sonó como lo que es en directo, una catarsis íntima concebida para desgañitarse en la penumbra del foso antes de que la detonación del estribillo lo arrase todo. Bastó ese primer estribillo para disipar cualquier duda.
Y no se guardaron nada. Desgranaron al completo el repertorio de 12:34, tema a tema, y lo hilvanaron con las canciones de sus trabajos anteriores, convirtiendo la noche en un recorrido íntegro por su trayectoria. Hubo momentos en los que uno no sabía explicar exactamente qué estaba ocurriendo, pero lo sentía: esa certeza física de estar delante de una excepción, de algo majestuoso en movimiento, envuelto en un halo de furia controlada.
Durante toda la noche el trío funcionó como un único organismo, unido por un hilo invisible, casi ancestral, de esos que se tejen en lugares donde las palabras no alcanzan.
Sebastian Borysek recorría las tablas incansable, arrancando a su guitarra un filo cortante a medio camino entre el post-punk y la psicodelia, con esos paisajes lisérgicos que en el disco remiten a Tame Impala y que sobre las tablas de La Guarida cobraban aristas mucho más afiladas.

Detrás, Luke Pate hervía a la batería cual volcán a punto de estallar: pegada seca, de estirpe post-punk, y un groove de raíz funk imposible de resistir. Ese dinamismo sincopado que en 12:34 sostiene las canciones, en directo se convertía directamente en una orden para el cuerpo.

Al frente, Ian Rayha, bajista, teclista y cantante en una misma persona, sostenía semejante tormenta con una voz que parecía resonar bajo una bóveda de piedra ese aliento épico que tanto nos llamó la atención en el disco, y que bajo la lámpara de cristal encontró su templo natural y una naturalidad pasmosa, como si multiplicarse en tres funciones fuera lo más sencillo del mundo.

Sobre el papel, su paleta colisiona con referencias ilustres: la teatralidad lírica de Queen, los compases nerviosos de The Police, el porte sombrío de The Killers. Sobre el escenario, todo eso dejó de ser una lista de influencias para convertirse en una sola cosa: Cinema Stereo. Hard rock de ampulosidad setentera, desparpajo de pop alternativo y cadencia hipnótica neopsicodélica, fundidos sin costuras.
Porque esa es, quizá, la gran virtud de Cinema Stereo sobre las tablas: la tensión permanente entre el desenfreno y el control. Nada suena desbocado y, sin embargo, todo parece siempre a punto de desbordarse. La guitarra de Borysek muerde sin perder nunca el dibujo melódico, la batería de Pate empuja como una locomotora que jamás descarrila y la voz de Rayha planea por encima de todo con una seguridad que desarma. No hay poses impostadas ni gestos de manual: hay tres músicos entregados al instante, que tocan como si cada canción fuera la última de la gira.
Fue esa entrega total, la fuerza de sus canciones y una actitud que desbordaba el escenario lo que prendió la mecha. La temperatura fue subiendo hasta que, entre aquellos muros del siglo XVI, nació una comunión de almas danzando libres bajo una araña de cristal que parecía estremecerse con cada golpe de bombo.
Sospecho que este será uno de esos conciertos que vuelven sin avisar. Dentro de unos días, en cualquier momento cotidiano, sonarán en la cabeza ligeras trazas de las melodías que se escucharon aquella noche; y antes de que el pensamiento tenga tiempo de asociarlas, llegarán la imagen y el sonido, más rápidos que la propia memoria, devolviéndote de golpe a la penumbra de La Guarida, bajo la lámpara, con el bombo todavía latiendo en el pecho.
La magia del cuerpo a cuerpo
Lo escribíamos en el anuncio de la gira y lo confirmo ahora con la camiseta todavía empapada: existen propuestas concebidas para el formato macrofestivalero, donde la emoción tiende a dispersarse entre multitudes oceánicas, y existen agrupaciones cuya fuerza adquiere proporciones descomunales al experimentarse a escasos palmos del bombo. Cinema Stereo pertenece sin discusión al segundo grupo.
Esa magia solo ocurre en recintos de aforo pequeño y medio, donde el aliento del escenario empaña la primera fila y la música llega sin intermediarios. Asistir a una de estas citas tiene el aliciente irrepetible de lo embrionario: la oportunidad de contemplar a tres intérpretes de vocación colosal batiéndose el cobre en las tarimas más auténticas del país, antes de que el gran público les ponga nombre.
Dos joyas para la despedida
Para el cierre guardaron dos homenajes: «Message in a Bottle», de los majestuosos The Police, y «Good Times Bad Times», de los inmortales Led Zeppelin. Dos elecciones que no son casualidad: los compases nerviosos de Sting y compañía y el voltaje primigenio del dirigible son, precisamente, dos de los pilares sobre los que se levanta el sonido del trío. Las interpretaron lejos del calco nostálgico, con el orgullo de quien honra sus raíces sin esconderse detrás de ellas, y el respetable acabó rendido a sus pies.
Todo rugió con la nitidez que merecía gracias a Pepiis, el técnico que, concierto tras concierto, logra que cualquier formación brille en esta casa. Detrás de cada gran noche hay alguien a la mesa de sonido que nadie ve y que todo lo sostiene.
El regreso
Qué buena sensación volver a casa mirando el cielo infinito, con las canciones todavía retumbando por dentro como compañeras de viaje. Hay noches que se olvidan antes de llegar al coche y noches que te acompañan durante kilómetros. Esta fue de las segundas: de las que te hacen abandonar el recinto aturdido por los decibelios y convencido de haber presenciado un fenómeno antes de su consagración.
Os recomiendo de corazón que os acerquéis a conocer a Cinema Stereo en alguna de las fechas que les quedan por nuestro país. Quienes sospechen que la música guitarrera ya no tiene argumentos frescos encontrarán en estas veladas la mejor de las réplicas.
📅 Fechas que quedan de la gira
- Martes 27 de octubre: Orihuela – Sala La Gramola
- Miércoles 28 de octubre: Valencia – Loco Club
- Jueves 29 de octubre: Castellón – Sala Because
- Viernes 30 de octubre: Zaragoza – Rock & Blues Café
- Sábado 31 de octubre: Valles / Piloña (Asturias) – AMC Bocanegra
- Domingo 1 de noviembre: Vitoria-Gasteiz – Urban Rock Concept
- Martes 3 de noviembre: Barcelona – Razzmatazz 3 · ENTRADAS
NOTICIA COMPLETA LISTA DE ESCUCHA Y ENTRADAS PARA EL RESTO DE LA GIRA EN ESPAÑA
Y si queréis saber más del trío antes de ir, aquí tenéis nuestra presentación de la gira: La sacudida de Cinema Stereo: sudor de club, voltaje valvular y trece escalas por España.
Sin más me despido. Solo os deseo que tengáis un día aplastante y formidable. Nos vemos en la próxima sala, bajo la próxima lámpara, aullando a la próxima luna.
Descubre nuevos artistas.
Visita nuevas salas.
Atrévete a cruzar la puerta de ese concierto que todavía no conoces.
Y recuerda que en nuestra agenda encontrarás miles de oportunidades para seguir ampliando tu universo musical.
Nos vemos frente al escenario.
¡¡¡SIENTE LA CULTURA MUSICAL!!!