MADRID, 1 de octubre de 2026 — El trío japonés Boris regresará a los escenarios españoles a finales de este mes de octubre para conmemorar el vigésimo aniversario de Pink, el álbum capital que redefinió las fronteras del sludge metal, el shoegaze y el drone rock a escala internacional. La formación nipona actuará el 23 de octubre en la Sala Mon de Madrid y el 24 de octubre en el recinto La Nau de Barcelona, ofreciendo una reconstrucción en directo del repertorio que consolidó su estatus de culto en Occidente.
En Portada
- El trío tokiota Boris conmemora dos décadas de Pink, su trabajo más influyente y expansivo, con dos fechas exclusivas en salas españolas.
- Las citas tendrán lugar el 23 de octubre en la Sala Mon de Madrid y el 24 de octubre en La Nau de Barcelona.
- El grupo desplegará en directo su arsenal de amplificación valvular, repasando composiciones fundamentales como «Farewell», «Woman on the Screen» y «Just Abandoned Myself».
El impacto telúrico de ‘Pink’: dos décadas de vanguardia pesada
Publicado originalmente en 2005 a través del sello Diwphalanx en Japón y reeditado a escala global en 2006 por Southern Lord Records, Pink supuso un punto de inflexión radical en la prolífica trayectoria de la banda tokiota. Tras firmar monumentos de drone monolítico como Flood (2000) o la dilatada épica ruidista de Boris at Last: -Feedbacker- (2003), el grupo condensó su desmedida ambición sonora en once cortes donde el punk acelerado, el stoner desértico y las texturas etéreas del dream pop colisionaron con una precisión milimétrica.
El álbum arrancaba con la densidad envolvente de «Farewell», una pieza de casi siete minutos sustentada en capas de guitarra procesada con reverberación espacial que anticipaba el auge contemporáneo del blackgaze. De inmediato, el trío dinamitaba cualquier complacencia mediante latigazos de hardcore furioso en «Pink» y «Woman on the Screen», para desembocar en el cierre apoteósico de «Just Abandoned Myself», un ejercicio de casi diez minutos donde el thrash inicial muta en una marea abrasiva de acoples puros sostenidos durante compases interminables.
«Cuando compusimos Pink no buscábamos encajar en ninguna etiqueta de metal o rock alternativo occidental; simplemente dejamos que el volumen extremo guiara la resonancia de las canciones hasta encontrar una vibración física pura», ha recordado recientemente el vocalista y multiinstrumentista Takeshi sobre la génesis del proyecto.
La liturgia física de Atsuo, Takeshi y Wata en el escenario
A lo largo de más de tres décadas de actividad ininterrumpida y una treintena de largas duraciones, Boris ha operado bajo una filosofía donde el concierto no se concibe como una mera ejecución técnica, sino como un acontecimiento corporal inmersivo. La configuración instrumental del trío constituye uno de sus sellos más reconocibles: Takeshi maneja su icónico instrumento híbrido de doble mástil —que combina bajo de cuatro cuerdas y guitarra eléctrica—, Wata erige murallas de distorsión quirúrgica mediante sus pedales de saturación analógica y amplificadores vintage, mientras Atsuo ejerce de chamán percusivo, alternando la batería con el uso dramático de su gong de grandes dimensiones.
La guitarrista Wata explicaba en declaraciones durante la preparación de esta gira conmemorativa: «Volver a interpretar Pink de principio a fin exige una resistencia mental y física muy concreta. Los matices melódicos están escondidos bajo capas de retroalimentación constante, y cada sala transforma esa energía acústica de forma distinta según el aire que movemos entre el escenario y la audiencia».
Esta capacidad para transitar desde la sutileza hipnótica hasta la violencia acústica más descarnada ha convertido sus apariciones en recintos de medio aforo en experiencias de culto para los seguidores de las corrientes experimentales europeas.
Madrid y Barcelona: dos noches clave para el circuito underground
El paso de la gira por el territorio peninsular se concentrará en dos recintos idóneos para el despliegue dinámico de la formación. En Madrid, la Sala Mon albergará la primera de las jornadas el jueves 23 de octubre, aprovechando la acústica directa y la cercanía de su foso. Veinticuatro horas después, el viernes 24 de octubre, la comitiva recalará en Barcelona para actuar en La Nau, un espacio multidisciplinar situado en el distrito de Poblenou que garantiza el aislamiento sonoro y la presión atmosférica requerida por las frecuencias graves del conjunto japonés.
Ambas citas representan una oportunidad singular para presenciar la ejecución de un disco que abrió las puertas de festivales generalistas y especializados a una de las formaciones más singulares de la escena asiática, demostrando la vigencia inalterable de un repertorio que resiste el paso de dos décadas sin perder un ápice de ferocidad ni misterio.