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Bob Dylan conmemora el concierto en Gerde’s Folk City que impulsó su fichaje por Columbia Records

Se cumplen 65 años de la histórica actuación de Bob Dylan en el mítico Gerde’s Folk City de Nueva York, la noche del 26 de septiembre de 1961 que capturó la atención de The New York Times y precipitó la grabación de su álbum debut con John Hammond.

Bob Dylan Gerde's Folk City en QConciertos
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MADRID, 26 de septiembre de 2026 — Bob Dylan transformó la escena musical de Greenwich Village el 26 de septiembre de 1961 tras subirse al escenario de Gerde’s Folk City en Nueva York, una actuación seminal que atrajo la mirada del crítico Robert Shelton y desembocó en su primer contrato discográfico con Columbia Records para grabar el álbum homónimo Bob Dylan.

En Portada

  • El recital de 1961 en Gerde’s Folk City como telonero de The Greenbriar Boys cimentó la proyección profesional del trovador de Minnesota con apenas 20 años.
  • La crítica consagratoria de Robert Shelton en The New York Times propició que el legendario cazatalentos John Hammond le ofreciera contrato en Columbia Records.
  • El repertorio de aquella velada contenía los cimientos de «Song to Woody» y sentó las bases de la revolución acústica previa a sus giras internacionales.

El magnetismo acústico en el corazón del Greenwich Village

A finales de septiembre de 1961, Robert Allen Zimmerman apenas llevaba ocho meses en Manhattan. Había abandonado la Universidad de Minnesota para peregrinar al hospital de Greystone Park en Nueva Jersey, donde agonizaba su ídolo Woody Guthrie, y para sumergirse en los cafés de MacDougal Street y Bleecker Street. En aquel ecosistema bohemio regido por cestas de propinas y pases nocturnos, el empresario Mike Porco regentaba Gerde’s Folk City, el epicentro indiscutible donde convergían Dave Van Ronk, Joan Baez y Phil Ochs.

La noche del 26 de septiembre, Bob Dylan abrió como soporte de la formación de bluegrass The Greenbriar Boys. Ataviado con su gorra de pana, armónica sujeta al cuello con un soporte de alambre y una guitarra acústica gastada, el joven de Duluth desplegó un fraseo nasal, rítmico y áspero que desconcertó a parte del público tradicionalista pero fascinó al enviado especial del diario más influyente de la ciudad.

El propio Dylan rememoró años después en sus memorias Crónicas: Volumen I el impacto de aquel periodo fundacional: «El Greenwich Village de 1961 era una encrucijada donde todo era posible si tenías una guitarra al hombro, la memoria llena de viejas baladas y algo genuino que escupir al micrófono». Aquella velada no fue un concierto más en el circuito underground; constituyó la mecha que encendió la carrera del compositor más influyente de la lírica popular contemporánea.

La reseña de Robert Shelton que alertó a Columbia Records

Tres días después del concierto, el 29 de septiembre de 1961, The New York Times publicó una crónica firmada por Robert Shelton bajo el titular Bob Dylan: A Distinctive Folk-Song Stylist. El texto describía al intérprete como «un cruce entre un niño de coro y un beatnik, con una voz desgarrada que suena como si viniera de los campos de algodón del siglo XIX y un talento que no admite comparación inmediata con ningún contemporáneo».

El impacto de la crítica periodística resonó de inmediato en las oficinas de Columbia Records. El mítico productor ejecutivo John Hammond, responsable de descubrir a Billie Holiday y Count Basie —y años más tarde a Aretha Franklin y Bruce Springsteen—, ya había escuchado a Dylan tocar la armónica en una sesión de grabación para la cantante Carolyn Hester. Con la crónica de Shelton sobre la mesa, Hammond no dudó en citar al músico en su despacho de la Séptima Avenida para firmar un contrato editorial de cinco años.

Hammond declaró con posterioridad sobre aquel encuentro decisivo: «Muchos ejecutivos en el sello pensaban que estaba loco por fichar a un chico con una voz tan poco convencional, pero vi en él a un cronista de la condición humana con una fuerza poética arrolladora». En noviembre de 1961, ambos entraron en el Estudio A de Columbia para registrar en apenas dos jornadas de grabación el material que compondría su debut discográfico.

De «Song to Woody» a la revolución de la canción protesta

El álbum debut, titulado sencillamente Bob Dylan y publicado en marzo de 1962, recogía en su mayoría estándares de blues tradicional y folk de raíz como «In My Time of Dyin’», «Man of Constant Sorrow» y «Fixin’ to Die». No obstante, el corte medular del disco era «Song to Woody», una de las dos únicas composiciones originales que Dylan incluyó en el plástico y cuyo homenaje lírico nació al calor de aquellas noches iniciáticas en Gerde’s Folk City.

Aquella interpretación de septiembre de 1961 funcionó como laboratorio sonoro para lo que eclosionaría pocos meses después. Mientras las salas del Village ampliaban sus aforos, el repertorio de Dylan incorporó composiciones revolucionarias como «Blowin’ in the Wind», «A Hard Rain’s A-Gonna Fall» y «The Times They Are A-Changin’», mutando la canción testimonial en un manifiesto generacional de escala global.

La memoria del concierto en Gerde’s Folk City permanece como el punto de inflexión definitivo donde el folk acústico de taberna dio paso a la gran mitología del rock. Seis décadas después de aquella cita neoyorquina, el legado de Bob Dylan continúa reconfigurando el canon de la música en directo en recintos, teatros y festivales de todo el planeta.