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Bernie Taupin confiesa que olvidó la letra de ‘Candle In The Wind’ que escribió para despedir a Lady Di

Bernie Taupin, letrista histórico de Elton John y artífice de los mayores himnos melódicos del pop británico, ha revelado en una entrevista con la revista MOJO que no recuerda los versos que adaptó a contrarreloj para «Candle In The Wind» en el funeral de Diana de Gales. Aquella versión fúnebre de 1997, concebida en pocas horas tras una llamada urgente previa a la ceremonia en la Abadía de Westminster y producida por George Martin, se convirtió en el sencillo físico más vendido de la historia con más de 33 millones de copias benéficas. Taupin desvela además que la composición original de 1973 nació inspirada en Montgomery Clift antes de derivar en Marilyn Monroe, mientras el catálogo compartido de la célebre dupla continúa revalorizándose medio siglo después.

Bernie Taupin Candle in the Wind en QConciertos
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MADRID, 3 de noviembre de 2026 — Bernie Taupin, histórico letrista y socio creativo de Elton John, ha revelado que no recuerda los versos que adaptó a contrarreloj para la despedida fúnebre de Diana de Gales en la Abadía de Westminster de Londres. Aquella versión benéfica de «Candle In The Wind» (1997), nacida originalmente en el álbum «Goodbye Yellow Brick Road», supuso el mayor hito de ventas físicas en la historia discográfica británica, pero el paso de las décadas ha difuminado la memoria del escritor sobre un encargo que jamás planeó acometer.

En Portada

  • Bernie Taupin confiesa en la revista MOJO su incapacidad para recitar hoy la versión de «Candle In The Wind» dedicada a Diana de Gales en 1997.
  • El letrista compuso la adaptación fúnebre en cuestión de horas tras una llamada urgente de Elton John y George Martin previa al funeral de Estado.
  • La canción original de 1973 nació inspirada en Montgomery Clift antes de derivar en Marilyn Monroe, mientras Elton John mantiene el veto sobre su interpretación en vivo.

Una llamada de urgencia y la reescritura febril de 1997

El impacto emocional tras el repentino fallecimiento de Diana Spencer en agosto de 1997 sumió a la sociedad británica en un duelo sin precedentes colectivos. Cuando la Casa Real y los organizadores del funeral en Westminster contactaron con Elton John para solicitar su participación musical, el pianista descolgó el teléfono de inmediato para localizar a Taupin, su mano derecha literaria desde 1967. El reto era mayúsculo: reformular una balada popularizada veinticuatro años antes como epitafio a la fama trágica para dotarla de una solemnidad cortesana y pastoral que encajara en el protocolo fúnebre televisado ante más de dos mil millones de espectadores.

En sus declaraciones recientes para la revista británica MOJO, Taupin aborda con franqueza descarnada las circunstancias de aquella escritura relámpago. «No quiero parecer frío ni cruel, pero no era algo que tuviera intención de hacer», confiesa el compositor. La presión del calendario y la magnitud del encargo obligaron al autor a trabajar a destajo sin margen para la decantación poética ni la introspección personal habitual en sus textos de autor. «Lo único que recuerdo es que lo hice muy rápido», reconoce con asombrosa naturalidad, subrayando que en la actualidad sería absolutamente incapaz de recitar de memoria aquellas estrofas que abrieron el tributo con el célebre verso de despedida a la flor de Inglaterra.

A diferencia del proceso habitual del tándem creativo —donde Taupin enviaba pliegos de poemas mecanografiados desde su rancho en Estados Unidos y Elton sentaba las bases melódicas al piano en sesiones de veinte minutos—, la reescritura de 1997 se consumó bajo la supervisión directa del legendario productor George Martin en los estudios Townhouse de Londres. Martin coordinó los arreglos orquestales para cuarteto de cuerda y oboe en tiempo récord, registrando la toma definitiva de voz y piano inmediatamente después de que el cortejo fúnebre abandonara el templo londinense.

De Montgomery Clift a Marilyn Monroe: el origen lírico de 1973

El distanciamiento mental que Taupin experimenta respecto a la versión fúnebre contrasta con la nitidez con la que rememora la concepción original de la pieza en 1973. Incluida en el mítico doble vinilo Goodbye Yellow Brick Road, la composición no nació como una oda preconcebida a Norma Jeane Baker, sino a partir de una fascinación más amplia por las estrellas de la edad dorada de Hollywood devoradas por la maquinaria mediática y la soledad pública.

Taupin ha revelado que el detonante primigenio de la idea poética fue el actor Montgomery Clift, cuya trágica decadencia física tras un devastador accidente automovilístico y su temprana muerte por abuso de sustancias conmovieron profundamente al joven letrista en sus años formativos. Sin embargo, al estructurar las metáforas líricas sobre la fragilidad humana y la crueldad voraz de la prensa sensacionalista, la figura de Marilyn Monroe emergió como un arquetipo universal mucho más potente e icónico para el público masivo. La metáfora de la vela oscilante frente al vendaval —extraída de una frase que el escritor escuchó en referencia a Janis Joplin— condensaba esa tensión insoluble entre el fulgor de los focos y la desolación en la intimidad.

Aquel corte de 1973, sostenido por la percusión sutil y elegante de Nigel Olsson, el bajo preciso de Dee Murray y las armonías vocales de Davey Johnstone, se convirtió en una pieza angular en los recitales de Elton John, como se documentó a lo largo de décadas en las grandes arenas internacionales y en paradas memorables de sus giras en la cartelera de Madrid y Barcelona. Esa versión primigenia, según defiende el propio Taupin, es la que retiene su auténtico pulso poético y su legitimidad artística frente a cualquier adaptación de coyuntura.

El récord comercial de 33 millones de copias y el veto escénico

Producida por George Martin y publicada por Mercury Records, la edición conmemorativa de 1997 pulverizó cualquier precedente en la historia de la industria fonográfica. El sencillo despachó 658.000 copias en Reino Unido durante su primer día en las tiendas, superando el millón y medio de ejemplares en apenas una semana. Con más de 33 millones de unidades vendidas en todo el planeta, arrebató a White Christmas de Bing Crosby el título histórico de sencillo físico más vendido desde que existen auditorías oficiales de ventas discográficas.

La totalidad de los beneficios y regalías generadas por la grabación —estimadas en más de 38 millones de libras esterlinas— fueron transferidas al fondo benéfico Diana, Princess of Wales Memorial Fund para proyectos asistenciales y desminado humanitario. No obstante, el impacto emocional del episodio dejó una huella indeleble en ambos creadores. Elton John tomó la determinación inquebrantable de no volver a interpretar la adaptación de 1997 sobre un escenario salvo que existiera una petición explícita y unánime de los príncipes Guillermo y Enrique. En sus conciertos posteriores, incluidos los tramos de despedida de su multitudinaria gira Farewell Yellow Brick Road que recorrió espacios como el Movistar Arena de Madrid, el músico siempre recurrió a la letra original de 1973 dedicada a Marilyn Monroe.

Seis décadas de complicidad creativa entre Pinner y los escenarios

La honestidad de Taupin al admitir su olvido no resta un ápice de peso a una de las asociaciones artísticas más prolíficas y admiradas del siglo XX. El vínculo entre ambos se forjó en 1967 a través de un modesto anuncio clasificado en la revista New Musical Express colocado por Ray Williams, directivo de Liberty Records. Williams entregó a un joven pianista llamado Reginald Kenneth Dwight un sobre sin abrir con las poesías de un granjero de Lincolnshire llamado Bernie Taupin.

Aquella alianza germinó en una pequeña habitación compartida en la vivienda materna de Elton, situada en el suburbio londinense de Pinner. Allí, compartiendo literas y teclados desvencijados, compusieron sin presiones comerciales los cimientos de un cancionero que redefinió el pop y el rock melódico: desde la crudeza narrativa de Tumbleweed Connection hasta las cimas melódicas de Madman Across the Water y Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy. El archivo discográfico de esa etapa dorada continúa generando revisiones patrimoniales de primer orden, tal y como reflejó recientemente la exhaustiva recuperación de la reedición conmemorativa de Rock of the Westies con tomas desnudas a piano y voz.

El testimonio de Taupin en MOJO ofrece una lección de desmitificación sobre el oficio de componer: mientras el mercado y la crónica histórica mitifican una pieza nacida del luto colectivo, su propio artífice la contempla como el fruto de un trabajo urgente de oficio, ejecutado con rigor profesional bajo el impacto del momento y archivado con naturalidad en un rincón nebuloso del tiempo.

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