MADRID, 16 de octubre de 2026 — Bad Gyal ha cerrado de forma categórica cualquier hipotética colaboración con Taylor Swift, despejando rumores de la industria musical tras confirmar los preparativos de su nueva etapa discográfica vinculada a Más cara y su próxima visita a recintos de gran formato como el WiZink Center en Madrid.
En Portada
- La artista de Vilassar de Mar afirma en el podcast Blender que rechazaría tres millones de euros antes que entrar a grabar con Taylor Swift.
- Farelo compara el pop de la compositora norteamericana con los memes de cocina insípida: «Es un huevo duro, pocho. Un pollo seco sin especias, sin sal, sin aceite, soso soso».
- Frente a ese distanciamiento anglosajón, la catalana sitúa sus afinidades en el espectro bailable: reivindica a Madonna, celebra su trabajo junto a Anitta y ultima su gira en pista.
El choque estético entre el club caribeño y el pop acústico de estadios
Durante su participación en el espacio audiovisual Blender, conducido por Marta Fort, la vocalista catalana abordó con su franqueza característica las preguntas sobre los cruces de mercado que habitualmente proyectan las multinacionales entre figuras hispanohablantes y tótems del mercado anglosajón. Lejos de esquivar el debate con respuestas diplomáticas de compromiso, Alba Farelo fue taxativa al valorar el cancionero de la autora de The Fate of Ophelia.
«¿No viste esos memes de así suena la música de Taylor Swift? Y es un huevo duro, pocho. Un pollo seco sin especias, sin sal, sin aceite, soso soso», disparó la cantante de Vilassar de Mar ante los micrófonos, provocando de inmediato una intensa oleada de reacciones entre las comunidades de oyentes en plataformas digitales. Para la intérprete de éxitos de pista como Fiebre y Chulo, la arquitectura melódica y la pulcritud acústica que sostienen el fenómeno de Swift carecen de la pegada visceral, los bajos subsónicos y el pulso corporal que ella exige en su trabajo cotidiano.
Bad Gyal argumentó que ni una oferta económica desorbitada alteraría su criterio de selección artística: aseguró que rechazaría una suma de tres millones de euros por compartir créditos en un tema conjunto. Su postura no responde a una enemistad personal, sino a una brecha de lenguaje sonoro insalvable. Mientras la compositora de Pensilvania cimenta su narrativa en el lirismo confesional, las guitarras folk y un synth-pop medido al milímetro para grandes estadios, la catalana opera bajo los códigos del dancehall jamaicano, el neoperreo, el dembow y el reguetón de club subterráneo.
Autoconsciencia de escena y la elección calculada de un referente inalcanzable
Más allá de la mofa gastronómica, Farelo analizó con lucidez el contexto de sus palabras. La cantante admitió haber recurrido al nombre de Swift precisamente porque habita en una galaxia industrial tan lejana a la suya que resulta casi imposible que ambas coincidan en un camerino o compartan mesa en una gala de premios.
«Cojo a una que sé que vengo yo y dice: “Pero esta ridícula, pero esta payasa, ¿qué se cree que es artista?”», explicó entre risas al describir el presumible abismo cultural que se abriría si una figura del puritanismo pop estadounidense escuchara barras callejeras explícitas sobre baile, autonomía sexual y noches de desenfreno sin filtro.
Esa distancia estilística subraya la coherencia de una carrera que nunca ha buscado el beneplácito de la radiofórmula tradicional. Desde sus maquetas pioneras en Soundcloud hasta reventar el aforo del Palau Sant Jordi en Barcelona, la catalana ha construido su identidad sonora a través del choque cultural, combinando cadencias latinas y jamaicanas con un pulimento digital vanguardista supervisado por productores como El Guincho o Scott Storch.
Afinidades latinas: de Anitta a la complicidad de pista con Madonna
El rechazo frontal a la órbita de Taylor Swift no implica un cierre de fronteras creativas para Bad Gyal. En la misma conversación de Blender, la artista trazó una frontera nítida entre el pop aséptico de estadio y los iconos globales que sí han entendido el pulso callejero y la transgresión nocturna. Al ser interrogada por colaboraciones que sí despertaría su entusiasmo genuino, Farelo apuntó directamente hacia Madonna.
La ambición no es casual: la reina del pop ya ha demostrado históricamente su habilidad para dialogar con los ritmos latinos y urbanos, integrando beats de reguetón y clubbing en distintas fases de su trayectoria. Esa misma sintonía explica la satisfacción con la que Bad Gyal valoró su reciente rodaje audiovisual junto a la brasileña Anitta, otra exponente del baile desenfadado que comparte su visión de la pista como un espacio de poder y fiesta comunitaria sin cortapisas morales.
La conversación sirvió también para repasar los avances de Más cara, el proyecto discográfico que da continuidad al impacto de La Joia. Mientras prepara nuevas apariciones en el circuito de festivales de gran formato como el Primavera Sound, la barcelonesa demuestra que su marca artística sigue prefiriendo la pimienta del ritmo caribeño antes que la corrección milimétrica del pop corporativo.