José Georgio Soto, conocido unánimemente en la geografía del cante jondo como José de la Tomasa (Sevilla, 1953), encarna uno de los vértices más sagrados, puros e irreductibles de la historia viva del flamenco. Nacido en el corazón del sevillano arrabal de San Julián y vinculado desde sus primeros alientos a la Alameda de Hércules y a la memoria mítica de Triana, su sangre reúne el legado genético y estético de las dos mayores dinastías del cante gitano-andaluz: es nieto materno del colosal Pepe Torre y, por ende, sobrino-nieto del oráculo Manuel Torre, al tiempo que hijo de la cantaora Tomasa Soto y del cantaor Manuel Georgio «Pies de Plomo». Crecer inmerso en ese crisol doméstico significó aprehender el flamenco no como un espectáculo ni como un oficio de artificio, sino como una liturgia existencial donde cada tercio compromete el alma entera.
A lo largo de más de medio siglo sobre los escenarios, José de la Tomasa ha defendido una concepción vertical, aristocrática y trágica del cante jondo. Su garganta, forjada en un metal oscuro, broncíneo y de resonancias telúricas, posee una capacidad única para penetrar en los misterios de los cantes matrices. Cuando José ataca la seguiriya o la soleá, el tiempo parece suspenderse; su quejío no busca el aplauso fácil ni la complacencia rítmica, sino la herida originaria, el llanto ancestral de las fraguas y los campos andaluces. Esta fidelidad inquebrantable a las raíces le ha valido la veneración absoluta de la afición más exigente y de la crítica especializada, consolidándolo como el último gran depositario de las formas clásicas del cante de Sevilla y Los Puertos.
La Poesía Propia y el Magisterio de las Formas Matrices
Una de las peculiaridades más singulares y admiradas de José de la Tomasa radica en su condición de letrista y poeta natural. A diferencia de muchos intérpretes que se limitan a reproducir coplas heredadas del repertorio tradicional, José ha nutrido sus recitales con un corpus poético de creación propia, caracterizado por una hondura metafísica, un lirismo descarnado y una sobriedad moral que enlazan directamente con la mejor tradición sentenciosa andaluza. Sus letras para seguiriyas, martinetes, tonás y soleares abordan la soledad humana, el dolor del desengaño, el respeto reverencial a los mayores y la fugacidad de la existencia con una autenticidad estremecedora.
En el dominio estilístico, su autoridad es enciclopédica. Sus interpretaciones de las seguiriyas de Manuel Torre, las soleares de Triana y de Joaquín el de la Paula, las tonás camperas, las deblas y los martinetes constituyen verdaderas cátedras sonoras donde la afinación estricta y el dolor vocal dialogan sin fisuras. Asimismo, en cantes como la taranta, la malagueña del Mellizo o las bulerías para escuchar, José imprime una lentitud majestuosa, dejando respirar el verso y exigiendo de la guitarra un acompañamiento en el que los silencios pesen tanto como los acordes.
Galardones, Discografía Esencial y Semillero de la Fundación Cristina Heeren
El reconocimiento institucional y gremial ha acompañado la trayectoria de José de la Tomasa en cada una de sus etapas. Entre sus incontables distinciones descuellan el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología de Jerez, el prestigioso Premio Nacional en el Concurso de Córdoba y el reconocimiento unánime de las peñas flamencas más señeras de España y Europa. Su discografía, aunque selecta y ajena a urgencias comerciales, atesora grabaciones de culto indispensables para cualquier melómano, como Al compás de mi soledad, Casta y su registro en vivo para el Círculo Flamenco de Madrid, testimonios sonoros donde su voz resplandece en toda su desnudez.
Más allá de su labor como concertista, la impronta de José de la Tomasa en el flamenco contemporáneo resulta incalculable gracias a su prolongada faceta pedagógica en el seno de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco en Sevilla. Durante más de dos décadas al frente de la cátedra de cante, ha ejercido de maestro, mentor espiritual y guía ético de varias de las figuras más descollantes de la actualidad, inculcando a jóvenes creadores la importancia del rigor histórico, la templanza emocional y el respeto sacramental a los orígenes del género.
2026: La Despedida Definitiva de los Escenarios
El año 2026 marca el cierre glorioso de una era irrepetible con el anuncio oficial de su retirada definitiva de los escenarios. Tras una vida consagrada a la custodia y engrandecimiento del cante jondo, el patriarca sevillano se despide de las tablas profesionales en un reducido número de citas de hondo calado conmemorativo, entre las que destaca de forma primordial su presencia en la clausura del XXIII Ciclo de Flamenco y Mosto de Trebujena. Acompañado por la guitarra cómplice y leal de Antonio Moya, José de la Tomasa rubrica su testamento musical ante una afición que despide en pie a uno de los gigantes legendarios de la cultura universal.