MADRID, 6 de noviembre de 2026 — El trío mexicano The Soulcasters irrumpe con fuerza en el circuito internacional gracias a su álbum debut homónimo y al impacto del sencillo ‘Control’, una producción que ya prepara su desembarco en las salas de conciertos de Madrid tras conquistar a la crítica especializada con su funk y soul analógico.
En Portada
- El trío originario del norte de México publica su primer larga duración homónimo grabado íntegramente en cinta de bobina abierta.
- La banda prescinde de computadoras, retoques digitales de afinación y librerías virtuales para reivindicar la imperfección orgánica del sonido setentero.
- El grupo fija su mirada en los escenarios ibéricos con presentaciones programadas en recintos icónicos de Madrid y Barcelona.
Rechazo a la cuantización: una grabadora de bobina para capturar la imperfección
En una época dominada por la pulcritud algorítmica, los bancos de sonido hiperprocesados y la obsesión por encajar cada golpe de batería en una rejilla temporal perfecta, la determinación de The Soulcasters representa una declaración de principios estética y técnica. Nacidos en Torreón, en el norte de México, los tres instrumentistas decidieron prescindir de las estaciones de trabajo de audio digital habituales durante el registro de su repertorio. En su lugar, adquirieron una vieja máquina multipista de cinta magnética de segunda mano, cuyas limitaciones operativas se convirtieron de inmediato en su mayor catalizador creativo.
«Compramos una grabadora de cinta de segunda mano porque estábamos cansados de que todo sonara milimétricamente cuantizado y plano; queríamos que se sintiera la respiración de los instrumentos y la fricción real de los dedos con las cuerdas», explica Mauricio Mares, vocalista y guitarrista del conjunto. La cinta analógica impone una disciplina estricta: las pistas son limitadas, el empalme físico requiere precisión manual y no existe el atajo del comando para deshacer errores. Si la ejecución colectiva no posee dinamismo y pulso vital, la cinta no perdona.
Esa decisión sitúa a la banda en una línea de tradición que entronca directamente con las sesiones históricas de los sellos Stax, Motown y los estudios Muscle Shoals de Alabama. Lejos de concebir el vintage como un mero disfraz nostálgico, la formación aprovecha la compresión natural de la cinta magnética y el grano cálido de los previos para dotar a su sonido de una presencia física rotunda. El golpe de la caja no proviene de una muestra digital descargada de la red, sino del impacto de una baqueta sobre un parche ligeramente amortiguado con tela, microfonado con cápsulas dinámicas y capturado en una sala con acústica real.
La química del directo: de Coahuila al circuito de salas ibérico
El núcleo de la formación, completado por Luis Perea en el bajo y Francisco Rueda en la batería, se forjó a base de interminables sesiones de ensayo donde la interacción visual y la sincronía rítmica prevalecían sobre cualquier pretensión técnica vacía. La sección rítmica huye deliberadamente del virtuosismo exhibicionista; su objetivo consiste en edificar un cimiento elástico y bailable, cimentado en cuerdas entorchadas planas (flatwounds), líneas de bajo sincopadas y ritmos de bombo que dialogan con el pulso cardíaco del oyente.
«Grabar en cinta te obliga a tocar con verdad. No hay espacio para falsificaciones ni para esconderse detrás de cientos de capas digitales: o la toma tiene alma y química entre nosotros en el cuarto de ensayo, o simplemente se descarta», reflexiona el bajista Luis Perea al recordar las jornadas de grabación. Esta filosofía de trabajo traslada una energía palpable al escenario, donde el grupo reproduce sus composiciones con un vigor crudo que prescinde de pistas pregrabadas o claquetas automatizadas, permitiendo que las canciones aceleren o frenen según la temperatura emocional del concierto.
Este enfoque ha llamado la atención de programadores de salas en ciudades como Madrid y Barcelona, donde recintos emblemáticos como la Sala El Sol o recintos vinculados al circuito de música negra comienzan a situar al trío como uno de los secretos a voces más estimulantes del panorama latinoamericano. La comunión entre la escena española y las nuevas corrientes mexicanas de neo-soul y funk encuentra en ellos un puente sólido y libre de artificios comerciales.
Disección del álbum debut: diez cortes de pulso analógico
El álbum debut, homónimo y estructurado en diez piezas, propone un recorrido coherente que equilibra momentos de euforia rítmica con pasajes de densa introspección nocturna. La apertura corre a cargo de cortes enérgicos como ‘Gary Gorence’ y ‘Footprints’, donde los fraseos de guitarra con pedales wah-wah de época y los teclados eléctricos Rhodes marcan el compás. No obstante, el punto de inflexión del disco se manifiesta en ‘Control’, una pista que conjuga la pegada del groove setentero con un gancho melódico inmediato que ha multiplicado su impacto en plataformas de escucha.
A lo largo del minutaje destacan colaboraciones estratégicas con nombres de referencia de la vanguardia retro-futurista mexicana. En ‘I See You’, la formación une fuerzas con Midnight Generation, entrelazando texturas de sintetizadores vintage con el pulso orgánico de la batería. Por su parte, el tema ‘Tired’ cuenta con la aportación de Soultade, expandiendo el rango cromático del trío hacia terrenos donde el R&B clásico coquetea con la psicodelia ligera. En piezas como ‘Couldn’t Find The Reasons’, el tempo se ralentiza para ceder el protagonismo a una narrativa de desamor sostenida por acordes suspendidos y silencios calculados.
El tratamiento lírico aborda desencuentros afectivos, la soledad urbana y el apego a la memoria tangible, como ejemplifica el título ‘She Stole My Records’, una viñeta costumbrista sobre la pérdida de colecciones de vinilos en mitad de una ruptura sentimental. El disco no busca la perfección clínica, sino la emoción perdurable de quien escucha a tres músicos sudando en una misma habitación.
Un horizonte escénico que desafía las modas efímeras
El reconocimiento brindado por cabeceras internacionales de renombre como Rolling Stone refrenda la validez de una senda que muchos consideraban inviable en el mercado discográfico actual. Lejos de acomodarse en la etiqueta de rareza arqueológica, The Soulcasters demuestran que el público joven experimenta una fatiga real hacia las producciones asépticas y anhela la vibración auténtica del directo.
Con la vista puesta en los festivales de primavera y verano en la península ibérica y el despliegue de su repertorio en clubes de capacidad media, la banda mexicana afronta una etapa decisiva en su consolidación artística. Quienes busquen arreglos plastificados y voces corregidas quirúrgicamente no encontrarán acomodo en su propuesta; quienes deseen experimentar el crujido de la cinta magnética, la pegada sincera de un trío en estado de gracia y el pulso incombustible del funk en su estado más puro tienen en este debut una cita ineludible.