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Dave Grohl confiesa su llanto tras cantar ‘Highway To Hell’ con AC/DC en Nueva Jersey

Dave Grohl revela la profunda catarsis emocional que vivió tras compartir escenario con AC/DC en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. El líder de Foo Fighters, invitado estelar por Brian Johnson y Angus Young durante el cierre del tour mundial 'Power Up', rompió a llorar desconsoladamente entre bastidores al cumplir la mayor ambición de su infancia interpretando el clásico 'Highway To Hell'. Repasamos los entresijos de una velada histórica para el rock de estadio, el brutal impacto sonoro de los amplificadores australianos y el momento profesional de ambas leyendas.

Dave Grohl AC/DC en QConciertos
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MADRID, 4 de noviembre de 2026 — Dave Grohl ha revelado el colapso emocional que experimentó entre bastidores tras subirse al escenario con AC/DC para interpretar ‘Highway To Hell’ durante la gira mundial Power Up en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. El líder de Foo Fighters describió el episodio como la culminación definitiva de una devoción musical forjada en su niñez.

En Portada

  • Dave Grohl comparte micrófono y guitarra rítmica con Brian Johnson y Angus Young en el MetLife Stadium ante 80.000 personas.
  • El músico reconoce una catarsis total tras la actuación: «Bajé del escenario y me eché a llorar desconsoladamente, sollozando como un niño».
  • La colaboración sirvió de broche de oro a los más de dos años de periplo global de la gira Power Up.

El colapso emocional entre bastidores tras cantar ‘Highway To Hell’

La cita tuvo lugar el pasado 2 de octubre en el coloso deportivo de East Rutherford, donde Foo Fighters ejercieron como grupo de apertura de lujo en dos fechas consecutivas dentro del tramo estadounidense del conjunto oceánico. Durante la segunda velada, el vocalista Brian Johnson interrumpió el repertorio habitual para convocar a Dave Grohl a escena, colgándole una guitarra y cediéndole la réplica vocal en las estrofas del himno fundacional de 1979.

Aunque sobre las tablas la ejecución desprendió una solvencia arrolladora y complicidad milimétrica con el guitarrista Angus Young, la procesión interna del músico estadounidense discurría por cauces de pura incredulidad. En declaraciones recientes concedidas a la emisora neozelandesa The Rock, Grohl admitió que la coraza profesional se quebró por completo en cuanto abandonó la tarima y cruzó la línea de monitores de retorno.

«Bajé del escenario y me eché a llorar desconsoladamente, sollozando como un niño», confesó el compositor, rememorando el desahogo vivido en la rampa de acceso a los vestuarios mientras su esposa presenciaba la escena desde el lateral técnico del recinto. La sobrecarga sensitiva de sostener el pulso rítmico frente a una masa oceánica de seguidores, compartiendo miradas con los artífices del canon del hard rock planetario, desató una respuesta física imposible de contener.

La revelación de ‘Let There Be Rock’ y el nacimiento de una vocación

Para comprender la magnitud del impacto psicológico en Grohl es necesario retroceder a sus primeros años de formación musical en Virginia. Antes de descubrir a los hermanos Young, el universo auditivo del futuro batería de Nirvana orbitaba en torno a las melodías pulcras de The Beatles y la imaginería teatral de KISS. Sin embargo, el visionado fortuito de la película documental Let There Be Rock (1980) supuso una alteración sísmica en sus esquemas artísticos.

«Pensé: eso es lo que quiero ser de mayor», sentenció Grohl al rememorar aquel primer impacto audiovisual frente a la pantalla, fascinado por la crudeza sin artificios, los acordes abiertos sostenidos por Malcolm Young y el despliegue físico extenuante de Angus Young sobre tablas de madera desnuda. Aquella descarga de sudor, distorsión seca y compás binario inquebrantable definió su manera de entender el directo mucho antes de empuñar las baquetas en Scream o fundar Foo Fighters tras la pérdida de Kurt Cobain.

Subir al MetLife Stadium cuatro décadas más tarde no representaba un mero compromiso promocional entre bandas de estadio, sino el cierre de un círculo vital absoluto: el niño que imitaba los punteos australianos en su habitación terminaba empuñando el micrófono principal junto al propio Brian Johnson en la recta de meta de su trayectoria.

El volumen ensordecedor de la maquinaria de directo australiana

Más allá de la carga afectiva, Grohl destacó las exigencias técnicas y físicas de integrarse en la dinámica interna de AC/DC. A pesar de haber recorrido las plazas más mastodónticas del planeta al frente de sus propios proyectos durante más de treinta años, el líder de Foo Fighters no dudó en calificar el escenario de los australianos como «el más ruidoso en el que ha tocado jamás».

A diferencia de la mayoría de producciones modernas, que recurren masivamente a sistemas de monitorización intrauditiva inalámbrica (in-ears) y pantallas de simulación digital aisladas fuera del tiro visual, AC/DC preserva una disposición clásica donde la presión acústica real de los amplificadores Marshall marca la pauta en tarima. Ese muro físico de presión sonora, sumado a la pegada seca de la batería y al registro cortante de Johnson, exige una concentración total para no extraviarse en el tempo de ‘Highway To Hell’.

El balance de ‘Power Up’ y el horizonte creativo de ambas formaciones

La actuación en Nueva Jersey sirvió prácticamente de colofón a la gira mundial Power Up, una odisea logística y musical que arrancó en mayo de 2024 y que durante más de dos años ha congregado a millones de fieles en recintos abiertos de Europa y América. El periplo ha demostrado la resistencia física de Johnson tras solventar sus severos problemas de audición mediante tecnología auditiva de vanguardia, devolviendo al quinteto al primer escalafón internacional.

Si bien AC/DC no ha desvelado todavía si ampliará su agenda de conciertos o si acometerá nuevas residencias en directo, el propio Johnson dejó abierta la puerta a hipotéticas apariciones selectas. Por su parte, Dave Grohl afronta un curso de máxima actividad con Foo Fighters tras el lanzamiento este mismo año de Your Favorite Toy, su duodécimo álbum de estudio, compaginando compromisos de estudio con apariciones estelares que reafirman su condición de embajador indiscutible del rock contemporáneo.

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