MADRID, 23 de octubre de 2026 — Viva Belgrado estrena hoy su esperado quinto álbum de estudio, Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye, antes de desembarcar en directo en la Sala Riviera de Madrid con una propuesta sonora renovada. El cuarteto cordobés culmina con este lanzamiento una de las etapas creativas más arriesgadas de su trayectoria, llevando su ADN instrumental hacia cotas inéditas de tensión rítmica y madurez compositiva.
En Portada
- Lanzamiento oficial de ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’, quinto LP de Viva Belgrado editado en vinilo y plataformas.
- Grabación en La Casamurada bajo la producción de Ricky Falkner, sumando mellotrones analógicos y un nervio post-punk afilado.
- La banda confirma las primeras fechas de su gira estatal por salas, con cita de gran formato en la Sala Riviera de Madrid.
La alianza con Ricky Falkner: una redefinición armónica en La Casamurada
Tras la extenuante gira de más de ochenta fechas que consolidó internacionalmente su anterior trabajo discográfico, Viva Belgrado optó por una ruptura controlada respecto a sus dinámicas tradicionales de trabajo. El grupo integrado por Cándido Gálvez (voz y guitarras), Jaime Acosta (guitarras), Álvaro Mérida (batería) y Cristina G. Sánchez (bajo) se recluyó en la masía tarraconense de La Casamurada. El objetivo primordial no consistía en suavizar su impacto emocional, sino en dotar a su discurso de una arquitectura más diversa, donde el pulso marcial y la contención cobraran el mismo peso que la abrasión distorsionada.
La incorporación del reputado músico y productor Ricky Falkner supuso el detonante definitivo para ensanchar el registro estilístico de los andaluces. Acostumbrado a comandar grabaciones de pop-rock de gran calado lírico y orquestal, Falkner ejerció como un catalizador de contrastes que empujó a la banda fuera de su zona de confort habitual. «Buscábamos a alguien que supiera desafiar nuestras estructuras habituales sin quitarnos la mala baba; Ricky nos obligó a cuidar cada puente, a espaciar el aire entre los golpes y a entender que la contundencia no siempre depende de subir la ganancia de los amplificadores», explica el vocalista y letrista Cándido Gálvez al desgranar las sesiones de estudio.
El resultado palpable a lo largo de las diez canciones del álbum revela un diálogo fascinante entre el post-hardcore visceral de sus raíces y un post-punk de corte europeo deudor del filo rítmico contemporáneo. La producción introduce arreglos de mellotrón, texturas de sintetizador analógico monofónico y líneas de bajo percutivas que dotan a cada composición de un dinamismo insólito en el catálogo previo de los cordobeses.
Guitarras angulares y dinámicas al servicio de la palabra
En el plano estrictamente instrumental, Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye huye de las fórmulas predecibles del crescendo clásico. Las guitarras de Jaime Acosta y Cándido Gálvez tejen entramados secos y directos, influenciados por formaciones como Protomartyr o Fugazi, donde los pedales de modulación y delay de cinta sustituyen las capas masivas de saturación por arpegios afilados que generan una sensación constante de alerta. La batería de Álvaro Mérida gana una pegada física incontestable, sosteniendo un tempo motorik implacable sobre el que se asienta el pulso elástico del bajo de Cristina G. Sánchez.
Esta disciplina en los arreglos permite que la voz de Gálvez gane un protagonismo frontal nunca antes visto en su discografía. El tránsito orgánico entre el recitado conversacional (spoken word) y los estallidos desgarrados adquiere una nitidez quirúrgica. «En el estudio aprendimos a convivir con el silencio y los matices; queríamos que las guitarras mordieran con crudeza, pero también que cada palabra se sintiera cercana y asfixiante», señala el cuarteto al reflexionar sobre la mezcla final de los cortes.
Radiografía lírica: desarraigo, precariedad y el cauce del Guadalquivir
En el corazón poético del disco late una reflexión descarnada sobre el paso inexorable de los años, el desgaste físico que acarrea la vida en la furgoneta y el inevitable retorno a las raíces geográficas de origen. Tras años de giras incesantes por Japón, Reino Unido y Europa central, Viva Belgrado vuelve su mirada hacia Córdoba para convertir su río tutelar en un emblema de supervivencia artística y honestidad vital.
El Guadalquivir deja de ser una mera postal paisajística para transformarse en un eje vertebrador cargado de simbolismo materialista. «El título del disco es una declaración sobre la persistencia. El Guadalquivir sigue pasando por debajo del puente romano de Córdoba hagamos lo que hagamos; nosotros seguimos tocando en furgoneta porque es lo único que sabemos hacer con honestidad», declara Cándido Gálvez con serenidad categórica. La lírica confronta sin rodeos la crudeza de la autoexplotación cultural, las expectativas frustradas de la treintena y la necesidad de preservar un espacio de verdad íntima frente al ruido digital.
De ‘Un andalucito más’ a ‘Súper futuro’: crónica de una generación exhausta
Los adelantos que sirvieron de prólogo al álbum anticipaban con exactitud el calado temático de la obra. En Un andalucito más, el grupo firma una de sus piezas más ácidas y directas, desmontando los tópicos folclóricos y exponiendo el choque identitario que experimenta el creador andaluz cuando emigra a las capitales en busca de un futuro laboral digno. La canción se apoya en un patrón rítmico frenético que remite a la urgencia combativa de Gang of Four, rematada por un estribillo corrosivo que se clava en la memoria a la primera escucha.
Por contraste, Súper futuro adopta una cadencia más hipnótica y agridulce. Los teclados vintage envuelven una narración sobre la obsolescencia de los sueños juveniles y la rutina alienante del presente. Lejos de sucumbir a la autocompasión melodramática, la banda transforma la desilusión en un combustible sonoro combativo, alternando pasajes de serena melancolía con explosiones de distorsión fuzz que estallan con precisión milimétrica.
El reto de los grandes escenarios: escala en Madrid y Barcelona
La publicación de este quinto largometraje marca igualmente un punto de inflexión en la dimensión escénica de Viva Belgrado. Tras llenar salas de formato medio por todo el territorio nacional y participar en destacados encuentros veraniegos, el grupo afronta el salto natural a recintos de gran capacidad como la Sala Riviera en Madrid o la sala Apolo en Barcelona, adaptando su imponente puesta en escena a las exigencias acústicas y visuales de su nuevo repertorio.
El montaje en vivo proyecta una iluminación austera y envolvente que subraya la intensidad interpretativa de los cuatro músicos, prescindiendo de artificios superfluos para poner el foco en la sincronía orgánica de la banda. El público encontrará un repertorio equilibrado que entrelaza los himnos abrasivos de su primera etapa con las ricas texturas y el pulso bailable de su flamante producción.
Con Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye, Viva Belgrado no solo firma uno de los discos más sobresalientes de la temporada otoñal, sino que demuestra que la evolución musical en el rock independiente peninsular puede alcanzarse desde la fidelidad absoluta a los principios éticos del háztelo tú mismo (DIY), entregando un testimonio cultural riguroso, urgente y de hondo impacto perdurable.