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Ruslana defiende la identidad del pop-rock en su nuevo disco ‘ANOMIA’ y anuncia gira por salas

Ruslana lanza su segundo álbum de estudio, 'ANOMIA', una obra cruda y enérgica donde la cantante hispano-ucraniana abraza el sonido del pop-punk y el rock alternativo de raíz noventera. En una reveladora conversación con Rolling Stone, la artista reflexiona sobre el coste de mantener el criterio propio en una industria volcada en la inmediatez comercial y sentencia que la mayor obra de cualquier creador radica en descubrir quién es. Respaldada por la producción de 1111 y la colaboración de nombres como D3llano y Ferran Gisbert, la compositora traslada este manifiesto generacional al escenario con una intensa gira estatal que recorrerá salas emblemáticas de Granada, Sevilla, Valencia, Zaragoza y Madrid durante este otoño.

Ruslana ANOMIA en QConciertos
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MADRID, 21 de octubre de 2026 — Ruslana rompe moldes con la publicación de su esperado segundo álbum de estudio, ANOMIA, y reivindica el pulso de las guitarras eléctricas antes de arrancar su inminente gira de salas por recintos como la Industrial Copera de Granada y Live Las Ventas en Madrid. La compositora hispano-ucraniana defiende una visión visceral alejada de fórmulas prefabricadas, apostando por la distorsión analógica y la energía del directo frente al dictado comercial.

En Portada

  • Ruslana publica su segundo larga duración, ANOMIA, consolidando un viraje frontal hacia el pop-rock de distorsión y actitud noventera.
  • El álbum cuenta con la coproducción integral del colectivo 1111 y aportaciones de Ferran Gisbert y D3llano en cortes como «mi vocablo» y «superstar».
  • La artista arranca este 22 de octubre su gira estatal en salas de mediano y gran aforo, con fechas confirmadas en Granada, Sevilla, Valencia, Zaragoza y Madrid.

La búsqueda identitaria frente a las exigencias de la industria

El camino emprendido por Ruslana desde su irrupción en el panorama musical español desmiente cualquier acusación de acomodo. Lejos de dejarse arrastrar por las corrientes del pop sintético o las modas efímeras diseñadas para vídeos de quince segundos, la joven creadora ha decidido cimentar su trayectoria sobre la aspereza de los amplificadores valvulares y la confrontación emocional directa. En una amplia conversación concedida a la edición española de Rolling Stone con motivo del lanzamiento de ANOMIA, la vocalista verbaliza con serenidad el proceso de reafirmación artística que ha guiado cada decisión en el estudio: «La mayor obra de un artista es descubrir quién es».

Esa premisa resume el conflicto que atraviesan los creadores emergentes cuando abandonan el foco de las plataformas masivas para enfrentarse a la página en blanco. Ruslana no rehúye la contradicción inherente a crecer bajo la mirada pública, pero traslada ese desconcierto a una lírica afilada que rechaza los filtros edulcorados. «No quería hacer un disco complaciente ni encajar a la fuerza en lo que otros esperaban de mí; necesitaba que cada guitarra y cada compás respondieran a lo que siento de verdad sobre un escenario», confiesa la cantante al analizar los doce meses de experimentación y desvelo que han dado forma a su nueva entrega discográfica.

Arquitectura sónica de ‘ANOMIA’: distorsión, pedales de fuzz y el sello de 1111

En el plano estrictamente musical, ANOMIA representa un notable salto cualitativo respecto a sus composiciones tempranas. La producción, pilotada mano a mano entre la propia Ruslana y el colectivo 1111, renuncia a la pulcritud estéril del procesamiento vocal excesivo para abrazar la dinámica del directo. El álbum respira gracias a una sección rítmica rotunda, dominada por baterías acústicas sin compresión asfixiante y líneas de bajo con cuerpo que sostienen el empuje de las canciones.

Cortes destacados como «mi vocablo» ejemplifican esta maduración compositiva. El tema se despliega desde una apertura contenida y casi confesional, apoyada únicamente en arpegios limpios de guitarra eléctrica y un fraseo que modula la fragilidad con precisión quirúrgica, hasta culminar en un muro de sonido gobernado por pedales de fuzz y acoples controlados. En esa misma línea operan piezas como «superstar» y «desencanto», producidas íntegramente por 1111, donde la influencia del grunge y el pop-punk de finales de los noventa convive con melodías accesibles pero nunca condescendientes. Las colaboraciones técnicas de figuras consolidadas como D3llano y Ferran Gisbert amplían el espectro cromático del trabajo, aportando texturas urbanas sutiles que enriquecen pistas como «gravedad» y «veranos condenados» sin diluir el filo roquero de la propuesta.

La voz de Ruslana actúa como el hilo conductor de una obra que aborda la anomia social desde una perspectiva personal: el sentimiento de desarraigo, la presión del perfeccionismo ajeno y la necesidad urgente de recuperar el control creativo. En canciones como «aniquilado» y «apostarlo todo», los cambios de tempo y los estribillos expansivos devuelven el protagonismo a las guitarras rítmicas dobladas, recordando que el rock guitarrero mantiene intacta su capacidad para canalizar la ansiedad generacional cuando se interpreta sin coartadas comerciales.

La prueba de fuego en el circuito de salas: directo y sudor

El hábitat natural de un repertorio concebido desde la electricidad reside sobre las tablas de los clubes y recintos con solera. Consciente de que la reputación de una banda o solista de rock se valida ante el público sin trampa ni cartón, Ruslana ha diseñado un itinerario de presentación que prioriza el circuito clásico de salas de medio y gran formato por toda la geografía peninsular.

El punto de partida de la gira tendrá lugar este 22 de octubre en la histórica sala Industrial Copera en Granada, un templo del directo idóneo para contrastar la pegada sónica de los nuevos arreglos en vivo. Dos días más tarde, el 24 de octubre, el convoy desembarcará en la Sala Pandora en Sevilla, iniciando un periplo otoñal que incluirá citas de alta expectación como la Sala Repvblicca en Valencia el 30 de octubre, el Muelle de Alicante el 6 de noviembre y la legendaria Sala Oasis en Zaragoza el 22 de noviembre.

La recta final del calendario durante los meses de noviembre y diciembre llevará a la formación por la sala París 15 de Málaga, la Sala Mamba! de Murcia, la Sala Capitol en Santiago de Compostela y la Sala Blanca Lava en Valladolid, antes de culminar el 20 de diciembre en un evento de gran envergadura en el recinto Live Las Ventas de Madrid. Este despliegue territorial demuestra la determinación del equipo de Ruslana por escapar del modelo de actuaciones acústicas o reducidas a bases pregrabadas, apostando por una banda completa con dos guitarras, bajo y batería que garantice una experiencia física e inmersiva.

Un manifiesto artístico que rehúye los atajos

El mérito principal de ANOMIA radica en su honestidad estructural. Ruslana asume los riesgos inherentes a salirse del libreto corporativo para componer desde las entrañas, convencida de que el público joven demanda autenticidad y músculo instrumental por encima de tendencias pasajeras. Al conjugar la inmediatez melódica con la pegada del rock alternativo, la intérprete no solo se afianza en el panorama nacional, sino que inaugura una etapa donde la libertad creativa prevalece sobre cualquier exigencia externa.

Transparencia y correcciones

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