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Nsqk disecciona el precio del éxito y la metamorfosis de la ambición en su tercer álbum ‘Mosca’

El productor y cantante mexicano Rodrigo Torres de la Garza, conocido artísticamente como Nsqk, publica ‘Mosca’, un ambicioso tercer álbum de 17 canciones grabado entre Madrid, Barcelona y Los Ángeles. Con colaboraciones de Julieta Venegas, Alizzz, Jean Dawson y Eslabón Armado, la obra reflexiona sobre la transformación personal provocada por la búsqueda del éxito, el peso de la soledad y la necesidad de autoprotección frente a la voracidad de la industria musical.

Nsqk Mosca en QConciertos
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MADRID, 16 de octubre de 2026 — El vocalista y productor mexicano Nsqk (Rodrigo Torres de la Garza) expone las cicatrices de su ascenso en su tercer álbum de estudio, Mosca, una obra de 17 cortes fraguada entre estudios de Madrid, Barcelona y Los Ángeles que redefine su lugar en la música alternativa hispanohablante. Lejos de la complacencia festiva o las fórmulas algorítmicas de consumo rápido, el músico regiomontano articula un tratado sobre la alienación que genera perseguir el reconocimiento unánime de crítica y público.

En Portada

  • Nsqk presenta Mosca, su tercer álbum de estudio con 17 canciones concebidas como una narrativa continua sobre la ambición desmedida.
  • El disco cuenta con alianzas de alto calibre junto a Julieta Venegas, Alizzz, Eslabón Armado, Diego 900 y Jean Dawson, con mezcla a cargo de Stephen Sedgwick (Gorillaz).
  • El proyecto transita desde el rock distorsionado y visceral hasta baladas desnudas a piano sobre el duelo familiar y el autocuidado.

La metamorfosis de Gregor Samsa como espejo de la industria

El punto de partida del álbum se inspira de forma directa en el universo literario de Franz Kafka. En la apertura con «SAMSA», Nsqk adopta una postura frontal, cargada de distorsión y ritmos contundentes donde verbaliza sus ganas de comerse el mundo sin pedir disculpas. Sin embargo, ese hambre de gloria pronto muestra su reverso oscuro: la transformación en un insecto alienado al que su entorno ya no comprende del todo.

«No tiene nada de malo que yo quiera trabajar para ser el mejor artista de México. Me tome el tiempo que me tome, o si algún día no lo logro, no pasa nada, pero quiero trabajar con ese estándar», subraya Rodrigo al desglosar los cimientos conceptuales del disco. Para el músico, la exigencia técnica convive con el aislamiento emocional que imponen los calendarios de giras y la hipervisibilidad digital.

Esa fricción se agrava a medida que las cifras crecen en las plataformas de streaming. «Entre más gente te conoce, menos gente te conoce. La gente en muchas ocasiones ya no te ve como persona con problemas reales, sino como una proyección o una cifra en una pantalla», reflexiona el artista. En cortes como «Hombre de bien», primer adelanto del proyecto, Nsqk lanza una pregunta incómoda que vertebra toda la narrativa del elepé: ¿cuánto de uno mismo se pierde en el intento de conquistar la cima?

Alianzas transatlánticas: de Alizzz en Barcelona a Diego 900 en Madrid

A diferencia de sus trabajos anteriores (ROY y el aplaudido EP ATP), donde asumía casi en solitario cada detalle de producción, Mosca abrió sus puertas a una nómina de colaboradores internacionales. Las sesiones españolas dejaron una huella decisiva en la identidad sonora del proyecto. En los estudios de Barcelona, Rodrigo trabajó junto a Alizzz para dar vida a «Peces muertos», uno de los pasajes más melódicos y expansivos del álbum, rematado posteriormente en México con Urbøi.

Por su parte, la escala en Madrid sirvió para armar «Ghost in the Shell» codo a codo con Diego 900 y Claudio Montaño, cuya instrumentación final se completó durante una gira por Centroamérica, improvisando arreglos de guitarra de madrugada en habitaciones de hotel en Guatemala. El despliegue colaborativo abarca también a Pedro Tovar de Eslabón Armado en «Mil Problemas», el músico experimental Jean Dawson en «Dientes de Fierro» y la maestra del pop continental Julieta Venegas en «Estar así siempre», cuya línea de teclado se grabó de forma espontánea en apenas sesenta minutos de sesión compartida.

La pulcritud técnica del registro se apuntaló en Londres con nombres consagrados de la industria británica: Stephen Sedgwick, mano derecha de Damon Albarn en los álbumes de Gorillaz, asumió la mezcla global, mientras que Stuart Hawkes (responsable de másteres para Ed Sheeran y Charli XCX) aportó el empaque final.

Furia distorsionada, guitarras y colisión sonora: la huella de In Rainbows

Uno de los virajes más llamativos en Mosca es la irrupción decidida del rock alternativo frente a las raíces puramente electrónicas y de R&B contemporáneo de sus inicios. La influencia de Radiohead, concretamente del sonido orgánico y tenso de In Rainbows, actúa como faro estético en cortes como «Dientes de Fierro», inspirada inicialmente por el nervio rítmico de «Bodysnatchers».

«Algo que encontré mucho en el rock es una visceralidad bien chida, una energía bien cruda», argumenta Rodrigo Torres. Las capas de guitarras saturadas no anulan sus señas de identidad: el falsete, los registros graves y los sintetizadores continúan presentes, pero ahora colisionan contra baterías acústicas y secciones rítmicas de pulso analógico que dotan al disco de una pegada directa pensada para el directo.

Las conexiones armónicas entre temas están cuidadas al milímetro: la reverberación final de «Hombre de bien» enlaza sin interrupción con el acorde inaugural de «SANGRE !», obligando al oyente a experimentar el álbum como un bloque monolítico en lugar de una colección dispersa de sencillos para listas de reproducción.

‘Santurce’ y el duelo familiar frente al vértigo de la carretera

El punto de inflexión emocional de la obra llega con «Santurce», una pieza reducida a la mínima expresión del piano y la voz desnuda. La canción aborda el fallecimiento de su abuelo mientras Rodrigo se encontraba en el estudio cumpliendo compromisos profesionales, una herida abierta que fractura la coraza de éxito del disco. «Hasta la fecha es algo que me pesa», reconoce sin rodeos sobre la culpa de no haber llegado a tiempo para despedirse.

Ese impacto enlaza directamente con «MARGOT», corte bautizado en homenaje a la hermana de Gregor Samsa, quien en la obra de Kafka asume el rol de cuidar al protagonista cuando todos le dan la espalda. «Te das cuenta de que tú eres la única persona que te va a cuidar día y noche, en las buenas y en las malas, cuando estés solo o cuando no estés solo», explica el músico. En este tramo final, las moscas dejan de representar a los detractores o la envidia externa y pasan a simbolizar los duelos no resueltos y el coste de haber priorizado la ambición laboral por encima de los vínculos afectivos.

Una carrera de fondo hacia los grandes recintos de la cartelera

El salto generacional de Nsqk ya no es una hipótesis de nicho. Su presencia confirmada en festivales de renombre global como Camp Flog Gnaw en Estados Unidos y su desembarco proyectado en las principales salas y citas de la cartelera de conciertos en España reafirman la madurez de un creador que ha aprendido a dosificar el impulso.

Frente a la urgencia destructiva del mercado actual, el autor de Mosca asume el consejo que su mánager Machado le recuerda habitualmente: la música es una prueba de fondo, no un sprint desbocado. Con este nuevo cancionero, Nsqk no solo demuestra una solvencia interpretativa mayúscula, sino que firma una de las radiografías más honestas y descarnadas sobre la obsesión por la gloria en la música de su generación.

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