MADRID, 10 de octubre de 2026 — El cantante y compositor chileno Easykid inaugura formalmente la etapa creativa de su próximo trabajo discográfico, Soy un fatalista, mediante el estreno de «Untitled Song». El corte llega precedido por una sólida expectativa internacional tras consolidar su propuesta en escenarios de Madrid y salas de referencia del circuito estatal como La Riviera, donde la comunión con su base de seguidores ha ratificado el crecimiento exponencial de su proyecto.
En Portada
- Easykid estrena «Untitled Song», la primera referencia oficial de su futuro LP Soy un fatalista.
- La producción combina sintetizadores analógicos, líneas de bajo envolventes y una cadencia de reggaetón nocturno.
- El músico afianza su proyección internacional tras el fenómeno cosechado con Sorry, Estoy en Mi Dark Era y su comunidad «El Culto».
De la oscuridad confesional a la resignación fatalista
El anuncio de Soy un fatalista supone un paso adelante en la trayectoria de Joaquín Palacios, nombre real de Easykid. Tras el impacto de Sorry, Estoy en Mi Dark Era (2023), que situó al músico de Antofagasta como uno de los arquitectos más lúcidos del reggaetón alternativo en el cono sur, esta nueva entrega plantea un cambio de perspectiva tonal y narrativa. «Untitled Song» opera como manifiesto liminar de ese proceso, prescindiendo deliberadamente de artificios grandilocuentes para construir una atmósfera opresiva y bailable a partes iguales.
«Llevaba meses buscando un sonido que pudiera traducir esa sensación de asumir el destino sin dramatismos innecesarios; ‘Untitled Song’ surgió precisamente en una madrugada donde todo encajó sin forzar las estructuras tradicionales», explica el propio artista al detallar la génesis del corte. La arquitectura sónica descansa sobre una progresión armónica menor, donde las cajas y los bombos mantienen el pulso característico del dembow pero arrastran un tempo contenido que favorece el peso de cada barra vocal.
Arquitectura sonora y producción de vanguardia
En el plano técnico, «Untitled Song» destaca por un tratamiento quirúrgico de la espacialidad sonora. Las frecuencias graves ocupan un plano central nítido, procesadas mediante saturación valvular que aporta cuerpo sin enturbiar las capas de pads sintéticos. La voz de Easykid aparece en primer término, tratada con afinaciones sutiles y reverberaciones cortas que enfatizan la proximidad física con el oyente.
El tema exhibe la madurez de su equipo de producción habitual, vinculado estrechamente al colectivo KSWAD. A diferencia de las tendencias dominantes orientadas al consumo efímero en plataformas de vídeo corto, la pista apuesta por un desarrollo gradual de casi tres minutos y medio, incorporando puentes instrumentales donde las texturas electrónicas adquieren protagonismo autónomo antes del estribillo final.
«No queríamos repetir la fórmula que nos funcionó en la era anterior. El fatalismo del disco no es una pose derrotista, sino una toma de conciencia sobre cómo transitamos las relaciones y el desgaste creativo en la escena contemporánea», puntualiza Easykid respecto al concepto del álbum.
Consolidación de ‘El Culto’ y expansión territorial
El fenómeno que rodea a Easykid trasciende las métricas digitales. Su comunidad de oyentes, articulada bajo la denominación de «El Culto», ha demostrado una lealtad singular en taquilla, llenando recintos de media y gran capacidad en Santiago de Chile, Barcelona y Ciudad de México. Esta respuesta orgánica responde a una identidad estética definida, donde la imaginería gótica, el vestuario sobrio y la narrativa conceptual vertebran cada directo.
La llegada de Soy un fatalista abrirá un nuevo calendario de actuaciones que integrará paradas en festivales de verano y una gira de recintos cerrados diseñada para desplegar el universo visual del álbum. Los promotores preparan ya la agenda de otoño e invierno en plazas como Valencia y Sevilla, donde la demanda de entradas para sus presentaciones previas agotó cupos en cuestión de horas.
Un horizonte decisivo para el pop urbano alternativo
Con «Untitled Song», Easykid reafirma su posición en la primera línea de la innovación del género urbano en español. Al alejarse de las estructuras predecibles y apostar por una poética directa y desencantada, el artista chileno entrega una pieza que no solo satisface las expectativas de su base de seguidores, sino que eleva la exigencia compositiva de cara a la publicación íntegra de Soy un fatalista.