MADRID, 5 de octubre de 2026 — Phil Collins y sir Paul McCartney han cerrado de manera definitiva una de las disputas dialécticas más comentadas del pop británico contemporáneo. Tras más de dos décadas marcadas por la frialdad y el cruce de declaraciones en memorias editoriales, el exlíder de Genesis y el legendario compositor de The Beatles han sellado la paz a través de una conversación telefónica privada impulsada por el propio McCartney, en la que ambos músicos deconstruyeron el origen de un roce que se remontaba a junio de 2002 en los bastidores del concierto del Palacio de Buckingham en Londres.
En Portada
- Paul McCartney telefoneó personalmente a Phil Collins para abordar el origen del desencuentro y zanjar más de veinte años de distanciamiento.
- La fricción nació en los ensayos del Party at the Palace de 2002 tras la firma de un libro y fue documentada en la autobiografía ‘Not Dead Yet’.
- Collins reconoció haber sobredimensionado el comentario y ofreció sus disculpas a McCartney en una charla cordial y restauradora.
El origen del conflicto en el Jubileo de Oro de 2002
Para entender las raíces del desencuentro es necesario retroceder a junio de 2002. Con motivo del Jubileo de Oro de la reina Isabel II, el macroevento Party at the Palace congregó en los jardines de la residencia real británica a la plana mayor de la música anglosajona: desde Brian May y Eric Clapton hasta Ozzy Osbourne, Paul McCartney y Phil Collins, quien asumió labores de batería en varios números colectivos.
En los camerinos previos al directo, Collins coincidió con McCartney portando una primera edición del libro biográfico de Hunter Davies sobre el cuarteto de Liverpool. El batería solicitó una dedicatoria a su ídolo de juventud. McCartney, dirigiéndose a su entonces esposa Heather Mills, pronunció una frase que resonó con amargura en la memoria de Collins: «Oh, Heather, nuestro pequeño Phil parece un poco fan de los Beatles».
Lo que para el bajista de Liverpool pudo ser una chanza intrascendente o una expresión de afecto coloquial, fue percibido por Collins como una muestra de condescendencia humillante. En aquel momento, Collins ya era uno de los bateristas, compositores y productores más laureados del planeta, con decenas de millones de discos despachados tanto en solitario como al frente de Genesis.
La publicación de ‘Not Dead Yet’ y la ruptura del silencio
La tensión subterránea salió a la luz pública en otoño de 2016 con el lanzamiento de la autobiografía de Collins, Not Dead Yet (titulada en español Aún no estoy muerto). En las páginas del libro y en las entrevistas promocionales de la época, el autor de «In the Air Tonight» no ocultó su frustración con la actitud de McCartney, afirmando que aquel episodio le había dejado una cicatriz respecto a la veneración que sentía por los Beatles.
En su momento, McCartney intentó apaciguar las aguas enviando un correo y un mensaje directo para explicar su postura, pero un dolido Collins optó por no responder, dejando el canal de comunicación clausurado durante años. La narrativa de la enemistad creció en la prensa cultural y en plataformas digitales, donde foros de melómanos y analistas debatían sobre el choque de egos entre dos de los compositores más prolíficos del siglo XX.
Una llamada telefónica y el reconocimiento mutuo
El punto de inflexión definitivo se ha producido tras una llamada directa de McCartney, quien solicitó expresamente el contacto privado de Collins para dialogar sin intermediarios ni agentes de prensa. Lejos de reproches, la conversación transcurrió en un tono constructivo y maduro.
Durante el diálogo, Collins reconoció que su susceptibilidad magnificó una situación cotidiana. «Nos reconciliamos. Le pedí disculpas», ha manifestado el músico londinense al valorar el cierre del capítulo. Collins admitió abiertamente que la perspectiva del tiempo y la madurez le permitieron entender que McCartney no actuó con mala fe ni con el propósito de menospreciar su trayectoria artística.
«Collins admite ahora que probablemente reaccionó de forma exagerada ante un comentario que McCartney pudo realizar sin ninguna mala intención», detallan fuentes cercanas al entorno del artista, subrayando el alivio que supone clausurar un conflicto innecesario que se extendió durante veinticuatro años.
El peso histórico de dos trayectorias complementarias
La resolución de esta fricción restituye la armonía entre dos figuras cuyas carreras presentan llamativos paralelismos en la evolución del pop rock global. Ambos artistas transitaron desde formaciones legendarias —The Beatles y Genesis— hacia carreras en solitario masivas que dominaron las listas de ventas durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, ganando el respeto transversal de la crítica y la industria discográfica.
A sus 75 años, Phil Collins afronta una etapa vital marcada por sus limitaciones físicas de movilidad tras su retirada de los escenarios en la gira de despedida The Last Domino?. Por su parte, Paul McCartney continúa en activo a sus 84 años con su aclamado tour mundial Got Back, llenando estadios en Europa, América y Oceanía con repertorios que superan las tres horas de duración.
Con este apretón de manos telefónico, el cancionero popular británico recupera la concordia entre dos de sus mayores arquitectos melódicos, cerrando una anécdota que nunca debió eclipsar el respeto mutuo entre dos pilares de la música en vivo.