Nacido en la localidad gaditana de Trebujena el 23 de febrero de 2000, Juan Tomás de la Molía se erige en una de las figuras más deslumbrantes, rigurosas y electrizantes del baile flamenco contemporáneo. Criado en una tierra donde el aire de las marismas del Guadalquivir se funde con los viñedos de albariza y el compás late en cada esquina, su vocación dancística despertó de forma temprana e irreprimible, manifestando desde la infancia una relación física, instintiva y poética con el ritmo que pronto llamó la atención de los aficionados más avezados de la comarca.
Orígenes en Trebujena y la forja del compás en Los Cernícalos
Con apenas seis años, Juan Tomás dio sus primeros pasos académicos adentrándose en el epicentro del baile jerezano a través de la histórica Peña Flamenca Los Cernícalos de Jerez de la Frontera. Aquel temprano bautismo de fuego en una de las peñas decanas del arte jondo moldeó de manera indeleble su comprensión del compás, especializándose desde niño en los misterios y la arquitectura rítmica del baile por bulerías, un territorio donde la velocidad debe hermanarse necesariamente con la cadencia, el peso y la gracia para no despeñarse en el efectismo vacío.
Su voracidad formativa y su desmedido talento natural lo impulsaron rápidamente hacia metas mayores. Tras recibir enseñanzas fundamentales en la academia sevillana de José Galván, ingresó en la prestigiosa Fundación de Arte Flamenco Cristina Heeren de Sevilla, auténtico semillero de figuras del flamenco moderno. Allí perfeccionó su técnica bajo la atenta mirada de maestros cardinales de la talla de Farruquito, Javier Barón y Milagros Mengíbar. De ellos absorbió lecciones invaluables: la fiereza telúrica y la gitanería del linaje de los Farruco, la elegancia sobria y la geometría intachable de la escuela sevillana de Barón, y el señorío magistral en el uso de la bata de cola y el mantón transmitido por Mengíbar. Sin embargo, lejos de mimetizar a sus mentores, Juan Tomás supo decantar esas influencias para forjar una personalidad escénica genuina y desbordante.
Estilo e identidad: El imperio del compás, la flamenquería y la bulería
El baile de Juan Tomás de la Molía destaca por una conjunción excepcional entre precisión técnica, despliegue físico y una apabullante naturalidad expresiva. Su concepto dancístico se articula en torno a lo que los cabales denominan «flamenquería»: esa capacidad innata para encajar los tiempos, improvisar con descaro torero en los cierres y sostener la tensión dramática mediante un manejo del silencio y del cuerpo que cautiva de inmediato al espectador. Su zapateado, nítido y demoledor en el golpeo pero dotado de un matiz casi orquestal, no busca el mero asombro gimnástico, sino que funciona como un instrumento de percusión afinado al milímetro que dialoga de igual a igual con el cante y la guitarra.
Es en la bulería donde el bailaor trebujenero alcanza una cota de virtuosismo y libertad casi sin parangón en su generación. Para él, la bulería no representa un recurso final de lucimiento apresurado, sino un universo compositivo autosuficiente en el que volcar la memoria de su infancia, el juego, la picaresca y el puro goce de bailar. Su capacidad para arriesgar en el remate, quebrar la cintura y templar las carreras rítmicas con serenidad desconcertante sitúa su propuesta en la vanguardia de la danza flamenca española.
Premios, hitos escénicos y la consagración con ‘Vertebrado’
El reconocimiento oficial a su deslumbrante trayectoria no tardó en llegar. En 2018, con tan solo dieciocho años, se proclamó vencedor absoluto del Primer Premio del Concurso Internacional de Baile Flamenco “Manolo Soler” convocado por la Fundación Cristina Heeren, galardón que confirmó su condición de promesa incontestable y abrió definitivamente las puertas de los principales circuitos profesionales.
Desde entonces, su actividad escénica ha registrado un crecimiento imparable. Ha girado internacionalmente con proyectos de mestizaje sonoro junto a la formación La Banda Morisca, actuando en escenarios de Europa y Marruecos, y ha dejado una huella indeleble en la Bienal de Flamenco de Sevilla con obras conjuntas como Te atrevo, al lado de la talentosa Águeda Saavedra. No obstante, el hito definitivo que marcó su paso a la primera fila como creador integral tuvo lugar en el Festival de Jerez 2024 con el estreno absoluto de ‘Vertebrado’, un espectáculo unipersonal concebido como un desafío monumental: sostener más de sesenta minutos ininterrumpidos de baile flamenco vertebrados exclusivamente sobre el pulso y las mutaciones de la bulería.
Bajo la dirección artística del renombrado maestro Manuel Liñán, Vertebrado agotó todas las localidades de la Sala Compañía de Jerez con semanas de antelación y cosechó una ovación clamorosa tanto de la crítica especializada como del público internacional, haciéndole merecedor del premio al Artista Revelación del festival. La crítica alabó unánimemente su coraje creador, su prodigiosa resistencia física y su conmovedora capacidad para convertir la técnica más compleja en un acto de felicidad compartida.
Madurez escénica y presencia en los templos del flamenco
Consagrado ya en la madurez de su juventud, Juan Tomás de la Molía compagina sus producciones teatrales con actuaciones estelares en los tablaos más señeros de la península, destacando su paso regular por el prestigioso Tablao Flamenco Cordobes de Barcelona, auténtico templo donde se mide a diario con los más grandes intérpretes del cante y del toque. En esos espacios de proximidad milimétrica, su baile se purifica y gana en espontaneidad y hondura.
Fiel a su estirpe y agradecido a las raíces que lo vieron nacer, Juan Tomás mantiene una complicidad inquebrantable con el tejido de peñas flamencas andaluzas. Su presencia en los festivales y recitales de mayor solera no solo asegura un espectáculo de máxima exigencia artística, sino que reivindica el papel del baile como transmisor de la memoria viva y del sentimiento de un pueblo, consagrándolo como uno de los más insignes embajadores culturales de Trebujena y del flamenco andaluz en el mundo.