MADRID, 11 de septiembre de 2026 — La cantora argentina Julieta Laso estrena oficialmente su esperado nuevo álbum de estudio, Fabriquera, cuya puesta de largo en directo tendrá lugar en el emblemático Teatro Margarita Xirgu de Buenos Aires el próximo 23 de octubre antes de iniciar su recorrido internacional con paradas previstas en Madrid. La obra representa un punto de inflexión artístico irrepetible al constituir el último trabajo de producción integral culminado por el legendario músico y compositor Daniel Melingo antes de su fallecimiento el pasado 30 de junio.
En Portada
- La cantora argentina publica Fabriquera, un álbum gestado minuciosamente durante dos años junto a su mentor y productor Daniel Melingo antes de su fallecimiento.
- El repertorio combina composiciones inéditas de Melingo, rescates poéticos de Julián Centeya, Carlos de la Púa y María Celeste Torre, más las colaboraciones de Vicentico y Kubero Díaz.
- El disco está disponible en plataformas digitales y tendrá su puesta de largo el 23 de octubre en el Teatro Margarita Xirgu de Buenos Aires antes de su salto internacional.
El encuentro iniciático y la alquimia de dos años de grabación
La relación entre Julieta Laso y Daniel Melingo trasciende la habitual colaboración entre intérprete y productor. Para la exvoz solista de la Orquesta Típica Fernández Fierro, la figura de Melingo operó desde su juventud como un faro estético ineludible. Cuando tenía apenas dieciséis años, la audición del seminal Tangos bajos (1998) transformó sus coordenadas creativas, abriéndole un universo donde el tango arrabalero se contaminaba de bohemia, expresionismo y actitud punk.
Años más tarde, esa admiración juvenil cristalizó sobre las tablas de Café Berlín en el barrio porteño de Villa Devoto, cuando el propio Melingo la invitó a compartir escenario para interpretar piezas cardinales como «El tango del vampiro» y «Este cuore». Aquel instante selló una complicidad artística inquebrantable. Según rememora la propia cantora: «Para mí, él era mi maestro, y me empezó a invitar a casi todos los conciertos que hacía. De hecho, también me invitó a algunas giras, fuimos juntos a Montevideo, y a partir de ahí no nos soltamos más. Un día le dije que me encantaría hacer un disco producido por él, y enseguida le gustó la idea. Se puso a trabajar muy fuertemente; es un hombre muy minucioso y muy exigente para el trabajo, muy manija. Así fue que empezamos a grabar un disco, y lo estuvimos grabando durante dos años. ¡Nunca hice tantas tomas para una canción!».
El ritmo de gestación de Fabriquera desafió las dinámicas de inmediatez y consumo acelerado que dominan la industria actual. Melingo concibió la producción bajo una filosofía artesanal, comparando el registro sonoro con la paciente técnica de la pintura al óleo. Cada plano instrumental, cada microdinámica y cada silencio fueron sometidos a una orfebrería acústica milimétrica, donde la instrumentación acústica respira con profundidad orgánica.
Depuración vocal: despojar el grito para hallar el matiz
Uno de los ejes cardinales de la producción residió en reformular la emisión y el temperamento interpretativo de Laso. Fogueada en los escenarios callejeros de la Plaza Dorrego en San Telmo y en la potencia volcánica de las formaciones orquestales, la intérprete cargaba con una inercia de volumen y proyección extrema. Melingo operó como un guía severo pero revelador, obligándola a despojarse de los vicios del género para buscar la contención expresiva.
«Él me habló mucho. Para él lo importante era poner el protagonismo en la voz, y tratar de escapar de estos vicios que tiene el género: de tanto grito, de que todo suene tan fuerte», detalla Laso sobre las intensas sesiones de estudio. «Así que empezamos a enfocar el laburo ahí: pocos instrumentos, arreglos muy pensados, con mucho peso, y la voz en el lugar protagónico. Buscando lugares diferentes, sutilezas. Hay muchas canciones del disco que cuando las escucho no me reconozco en mi forma de cantar anterior, así que eso es algo que le agradezco infinitamente. Siento que de alguna manera él me cambió la forma de cantar, o por lo menos me indicó un camino por el que estoy yendo».
Este entrenamiento meticuloso requirió hasta cuarenta tomas de una misma pista vocal para alcanzar el punto exacto de inflexión lírica. El resultado sitúa a Laso en registros de insólita ternura, hondura dramática y control de la respiración, alejándola de la crispación para sumergirla en una elegancia nocturna donde el fraseo dialoga de tú a tú con el vacío sonoro.
Un mapa lírico entre el lunfardo, la autoría original y colaboraciones estelares
El corpus sonoro de Fabriquera se estructura alrededor de la pluma y la visión de Daniel Melingo, quien compuso la práctica totalidad de las piezas del registro, a excepción de una personalísima lectura de «Toda la mar detrás», original del cantautor vasco-madrileño Patxi Andión. El trabajo rescata gemas poéticas inéditas apoyadas en el verso arrabalero de figuras esenciales del lunfardo como Julián Centeya y Carlos de la Púa, junto a textos de Evaristo Carriego y creaciones de María Celeste Torre, compañera de Melingo.
En el plano instrumental, Melingo imprimió su huella directa ejecutando guitarras, clarinetes, efectos ambientales y el laúd griego tzouras, arropado por un elenco de instrumentistas excepcionales: Javier Casalla en violín, Camilo Ferrero en bandoneón, Patricio Cotella en contrabajo, Agustín Della Croce en violonchelo y Muhammad Habbibi en trombones. A este cuadro de cámara se suman aportaciones maestras como el solo de guitarra eléctrica del prócer del rock argentino Kubero Díaz (La Pesada del Rock and Roll, Los Abuelos de la Nada) y la voz invitada de Vicentico, aportando un timbre cómplice y rasgado.
Raíz afro y memoria viva: el legado de María Elena Lamadrid
La gestación del disco estuvo asimismo imbuida por las investigaciones etnomusicales que Melingo desarrollaba en paralelo para su proyecto audiovisual sobre los orígenes ocultos del género. Durante este período, Laso acompañó al maestro en el histórico encuentro con María Elena Lamadrid, nonagenaria matriarca de la comunidad afroargentina y custodia viva de la memoria rítmica del Río de la Plata.
«Cuando me encontré con un maestro así, decidí no desperdiciar ni un minuto: lo acompañé en todo el proceso de grabación del documental sobre Tangos bajos que estaba haciendo. A todos lados que podía ir, le pedía y él me llevaba», evoca Laso sobre aquella jornada fundacional. «Toda esa investigación que hizo Dani para el documental va hacia la raíz afro en el tango, algo que es obvio pero que está negado como tantas cosas en la historia de nuestro país. Habíamos logrado entrar en comunidad con ese grupo de gente, cantamos, cantó él, cantó ella, tocaron los tambores, y después nos abrazamos y nos pusimos a llorar de la emoción. Le agradecí para siempre que me haya llevado ahí».
El testamento artístico de un alquimista de la noche
Aunque el proyecto no fue concebido originalmente como una despedida póstuma, el desenlace físico de Melingo impregna cada compás de una resonancia testamentaria. Hasta los días previos a su partida, el compositor continuaba trabajando febrilmente en los arreglos para las presentaciones orquestales y supervisando los detalles audiovisuales del álbum, entre los que destaca el videoclip del corte «Corazón y hueso», filmado bajo la dirección de la realizadora María Alché.
Con Fabriquera, Julieta Laso no solo entrega el álbum más maduro, riguroso y emocionante de su trayectoria discográfica, sino que asume con entereza el traspaso generacional de una antorcha estética insobornable. Una entrega discográfica donde el arrabal, la experimentación armónica y la memoria popular convergen con la fuerza desgarradora del testimonio vivo.