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El rock trans y travesti argentino derriba el cerco del circuito alternativo con autogestión y guitarras afiladas

La escena musical independiente de Argentina experimenta una refundación sonora sin precedentes gracias al empuje de bandas y solistas travesti/trans. Encabezado por proyectos como Venenita, Esto Es Un Cuchillo y Vomitan Glitter, este movimiento colectivo desafía los circuitos tradicionales mediante el recién consolidado Festival Invasión Travesti. Lejos de buscar la validación del circuito comercial tradicional, las formaciones disidentes articulan una red propia que abarca desde la producción discográfica y la técnica de escenario hasta la gestión integral de salas. Con una lírica anclada en vivencias en primera persona, distorsión punk, herencia del rock clásico y militancia directa, la escena fija una nueva cartografía cultural en Buenos Aires con resonancia directa en el público hispanohablante.

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MADRID, 7 de septiembre de 2026 — La escena rock trans y travesti argentina consolida una de las transformaciones culturales más determinantes de la última década mediante la autogestión de citas como el Festival Invasión Travesti y lanzamientos clave como Lo triste no quita lo puta de Venenita, articulando un circuito disidente con epicentro en Buenos Aires y conexión directa con el circuito alternativo de Madrid.

En Portada

  • Una nueva camada de bandas y solistas travesti/trans establece un circuito independiente con narrativa autobiográfica y sonido visceral.
  • Proyectos como Venenita, Esto Es Un Cuchillo y Vomitan Glitter lideran el cartel del Festival Invasión Travesti, aunando punk, hardcore y canción popular.
  • El movimiento abarca una estructura laboral integral que incluye producción en directo, sonido, barra y control de accesos para blindar espacios seguros.

Raíces contraculturales: del homocore noventero a la nueva ofensiva sonora

La irrupción de esta red artística no surge en el vacío ni responde a una moda pasajera. Por el contrario, entronca de forma directa con la historia subterránea de las disidencias en el Cono Sur. Las coordenadas históricas remiten a hitos fundacionales como el Primer Encuentro Nacional Lésbico, Gay, Travesti, Transexual y Transgénero celebrado en Rosario en 1996, así como al ciclo Hardcore Gay Antifascista impulsado a finales de los noventa por referentes del punk sudamericano como Fun People y She Devils, cuyo split El aborto ilegal asesina mi libertad sentó un precedente insoslayable.

Aquel linaje de resistencia —que alimentó a principios de siglo fanzines como Homoxidal 500, compilados como Perversos Desviados E Invertidos y las míticas Fiestas Homocore— encuentra hoy su relevo generacional definitivo. El clásico Festival Desakato y, muy especialmente, la inauguración del Festival Invasión Travesti (en explícito homenaje al legendario álbum colectivo Invasión 88) han reunido a nombres de peso como Las Grasas Trans, Jugo de Basura, Trola, Anikke, Vomitan Glitter, Esto Es Un Cuchillo y Venenita. El resultado es un mapa sonoro que trasciende la marginalidad para plantarse con contundencia estética.

Venenita y el cruce entre la disciplina académica y la crudeza callejera

Al frente del proyecto solista Venenita se sitúa Julianne Mosca, pianista formada en la tradición clásica y activista que compagina su residencia entre Berlín y la capital argentina. Tras debutar con el corrosivo Lo triste no quita lo puta (2024) y profundizar en su búsqueda con el álbum 2 noches de vida (2025), firmado a dúo con el productor Danzi en el estudio El Precioso de Parque Patricios, Mosca expone una paleta estilística donde conviven los arreglos pianísticos con la descarga directa de guitarras.

«Mi trasfondo viene de haber estudiado piano clásico y a la vez, en paralelo, siempre fui muy punk. Hace algunos años empecé con Venenita por tener un lado punk, pero también tiene mucho rock nacional. Estoy muy interpelada por Charly García, pero en versión travesti. A mí me encantan Mozart, Brahms, Chopin, y también Flema y Viejas Locas», detalla Mosca al repasar su universo creativo.

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Sobre la articulación del festival y el papel de las letras testimoniales, la compositora subraya el impacto colectivo de sus creaciones: «Somos bandas que tenemos integrantes travestis, trans y no binaries, a veces un integrante, a veces más. Además de eso, cantamos sobre nuestras vivencias, sobre las cosas que nos pasan como personas trans. Yo tenía un montón de vivencias en las que durante mucho tiempo me sentí muy sola, y probablemente otras personas se estén sintiendo solas. Cuando te sentís así y escuchás una canción que te habla, te hace toda la diferencia, es impresionante. Siendo travesti, una tiene vivencias que son muy específicas y especiales, y está bueno en todos los sentidos compartir y cantar sobre eso».

Esto Es Un Cuchillo: trinchera política y hardcore sin concesiones

En el extremo más urgente y abrasivo del espectro se ubica Esto Es Un Cuchillo, formación guiada por la voz y el carisma de Pepi. Su propuesta conjuga la velocidad rítmica del hardcore clásico con textos de alta carga política que denuncian el asedio social y la necesidad de sostener los derechos conquistados en las calles.

«Nos unimos porque no queremos que nos maten, queremos seguir teniendo voz, queremos seguir yendo a lugares a tocar. Creo que es muy importante todo lo que tenemos para decir, que es nuestra existencia, básicamente. Plantarnos y decir: “Estamos, existimos, somos”. Necesitamos también derechos que están ganados y no perderlos. La música que hacemos plasma estas ideas que tenemos. Es inminente la unión de las personas en este aspecto, y poder generar espacios seguros y ganar espacios donde no nos quieren», declara Pepi sobre la urgencia del proyecto.

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Pepi incide asimismo en la barrera estructural impuesta por los engranajes tradicionales de la industria musical: «Vivimos en un sistema patriarcal y machista. El hombre marca el territorio todo el tiempo, y esto también sucede en el ambiente artístico. Si bien el arte es lo más primitivo que tenemos, se hizo un negocio del arte, entonces no entran las disidencias, no entran las personas marginales, porque teóricamente no tienen la capacidad de entendimiento o no tienen las herramientas, cuando en realidad el arte puede ser muy amplio».

Vomitan Glitter: transición, melodía y orgullo identitario

La vertiente melódica y enérgica corre a cargo de Vomitan Glitter, banda capitaneada por Giovi Novello, histórico activista trans santafesino y autor de la memoria autobiográfica El secreto más profundo (Planeta). Tras consolidar su formación y presentar temas como el enérgico single «Alegría», Novello canaliza en sus composiciones los procesos corporales, psicológicos y afectivos derivados de su transición de género.

«Vos venís con una propuesta de una banda de la disidencia, pero después terminás compartiendo escenarios con una heteronorma que a la vez no tiene mucho que ver con el rock. La escena que se está gestando es volver a la raíz del rock. No puede ser un espacio fascista, no puede ser expulsivo. Tiene que ser un espacio realmente disidente más allá de si las corporalidades en el escenario son travesti/trans o no, pero acá venimos nosotros a poner nuestras corporalidades travesti/trans para tomar un poco el protagonismo de eso y sobre todo para dar puestos de trabajo», explica Novello.

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La repercusión de Vomitan Glitter ha traspasado fronteras provinciales y nacionales gracias a la honestidad de su mensaje lírico: «Hablaba de lo que me iba pasando. Un día me despertaba y tenía otra cara, otro día tenía otra voz, otro día me había salido una barba, me estaba encontrando con otra fisonomía, con algo que no conocía y que a la vez lo conocía de toda mi vida porque siempre me sentí así. Todas las canciones eran sobre eso y me empezaron a escribir pibes trans por redes de un montón de lugares del mundo diciéndome “al fin una banda que cuenta algo que me representa”».

Autonomía laboral: el control de la tarima a la mesa de sonido

Uno de los elementos diferenciales de esta escena radica en su visión pragmática del trabajo cultural. En lugar de limitarse a la ejecución sobre las tablas, los colectivos coordinan la infraestructura completa de cada velada: contratación de salas, diseño de iluminación, operación de sonido, barras de servicio y control de puertas gestionados íntegramente por personas de la comunidad.

Esta dinámica transforma el concierto en un enclave laboral seguro y económicamente sostenible frente a la hostilidad del mercado tradicional. Al garantizar que tanto la técnica como el personal de sala compartan los mismos códigos éticos, las bandas blindan a sus seguidores frente a situaciones de discriminación o violencia física en la noche porteña.

Con una red de fechas en expansión por salas de Rosario, Córdoba, La Plata y proyecciones hacia el circuito internacional independiente en Europa, el rock trans y travesti demuestra que la potencia de las guitarras recobra su sentido primigenio cuando responde a una necesidad vital urgente. La cartografía está trazada y el relevo generacional ya no admite marcha atrás.