En un ecosistema musical a menudo aquejado de una sobredosis de solemnidad reflexiva y producciones domesticadas por el monocultivo digital, la irrupción de Cometa ha supuesto una auténtica bocanada de aire fresco, purpurina eléctrica y descaro melodramático. Este quinteto madrileño ha devuelto al primer plano la desinhibición gloriosa del glam-rock británico de los setenta, cruzándolo sin pudor con la inmediatez efervescente del power pop y la herencia festiva del pop de guitarras en castellano. Este viernes 11 de septiembre de 2026, la efervescente cartelera de conciertos en Sevilla vive una de sus noches más estimulantes con su actuación en el carismático Bar Mutante, dentro del prestigioso circuito SON Estrella Galicia.
De Queen y Sparks a Tequila: la realeza del pop teatral en clave contemporánea
Integrada por Jimmy, Pablo, Gonzalo, Dani y Juan, Cometa no oculta sus fuentes de devoción: en su adn confluyen la grandilocuencia operística de Freddie Mercury y Queen, la ironía hiperbólica de Sparks, la arrogancia de The Darkness, el lirismo sofisticado de Electric Light Orchestra y el desparpajo guitarrero que Tequila popularizó en la España de la Transición. Sin embargo, lo que en manos menos dotadas podría haber resultado un mero pastiche arqueológico se convierte en sus directos en un torrente de energía contagiosa dotada de personalidad propia y contemporánea.
Fichados por el prestigioso sello independiente Montgrí —la escudería fundada por Cala Vento que se distingue por su oído clínico para detectar propuestas singulares—, su disco homónimo de debut y una sucesión implacable de sencillos han puesto patas arriba las redacciones de la prensa especializada. Canciones como «No te equivoques», «El Verano», «Buscando problemas», «Ya te aviso» o «Días de lluvia» demuestran una madurez compositiva descomunal: puentes que modulan con audacia armónica, estribillos con vocación de clásico instantáneo y una sección de vientos y teclados que aporta un empaque sónico exuberante.
Guitarras gemelas, falsetes atléticos y un directo concebido como fiesta total
Asistir a un concierto de Cometa es una experiencia que reconcilia con el componente más lúdico y festivo de la música eléctrica. En directo, la banda funciona como un reloj suizo propulsado por queroseno: las dos guitarras trenzan armonías paralelas al más puro estilo Brian May y Thin Lizzy, mientras los teclados de corte setentero —pianos saltarines y sintetizadores analógicos— rellenan el espectro con un colorido deslumbrante. Al frente, la capacidad vocal de su cantante para sostener agudos imposibles y falsetes teatrales mientras desafía con la mirada a las primeras filas convierte la tarima en un hervidero de magnetismo.
Lejos de cualquier pose hierática, los cinco músicos saltan, interactúan y corean las armonías a cuatro voces, convirtiendo el concierto en una coreografía espontánea de júbilo compartido. Cada pausa entre canciones se aprovecha para estrechar la complicidad con el público, logrando que en cuestión de minutos toda la sala esté dando palmas, coreando estrofas desconocidas y bailando sin complejos.
SON Estrella Galicia: el sello de garantía para la música independiente con carácter
La cita hispalense cuenta con el respaldo fundamental del ciclo SON Estrella Galicia, una plataforma que a lo largo de los últimos quince años se ha ganado el reconocimiento unánime como sinónimo de calidad y criterio editorial indiscutible. Su apuesta decidida por descentralizar las giras y llevar bandas excitantes a los clubes más emblemáticos de toda la península permite que joyas como Cometa aterricen en Sevilla con unas condiciones de visibilidad y producción inmejorables.
Bar Mutante: el epicentro clandestino del rock en la Alameda de Hércules
Situado en la calle Fresa número 15, a espaldas de la efervescente Alameda de Hércules, Bar Mutante se ha transformado en el secreto mejor guardado y más querido de la escena musical sevillana. Con un aforo recogido y una decoración que respira pasión por el vinilo y la cultura underground, Mutante ofrece esa cercanía táctil donde los conciertos dejan de ser una representación distante para convertirse en una fiesta privada entre amigos.
Para una formación tan expresiva y descarada como Cometa, no existe marco más propicio que el sótano del Bar Mutante. La proximidad del público, rozando casi los mástiles de las guitarras, amplifica la energía del quinteto y multiplica la pegada de sus canciones. El sudor compartido, el eco de los coros resonando en el techo bajo y la complicidad que se genera en las distancias cortas garantizan una noche de esas que luego se recuerdan durante años con la frase «yo estuve allí cuando tocaron en Mutante».
El inicio soñado para el fin de semana hispalense
El viernes 11 de septiembre se presenta en Sevilla como una ocasión dorada para sacudirse el polvo de la rutina semanal y abrazar el optimismo descarado del mejor pop de guitarras. En un mundo saturado de cinismo, la propuesta de Cometa es un acto de valentía gozosa: creer en el poder transformador de una buena melodía, en la emoción de un solo de guitarra doblado y en el brillo sanador de la purpurina sobre la piel.
Las entradas para la cita en Bar Mutante vuelan a ritmo frenético, reflejando el boca a oreja imparable que acompaña a la banda en cada ciudad que pisa. Sevilla tiene ante sí la oportunidad de presenciar el nacimiento escénico de una de las bandas llamadas a marcar época en el pop español de la presente década. Prepárense para cantar, brindar y levitar.
En el terreno de la producción discográfica y el equipamiento escénico, Cometa destaca por su meticulosa obsesión por el sonido analógico de los años setenta. Grabados en los míticos estudios Ultramarinos Costa Brava bajo la atenta mirada de Santi García, sus cortes se benefician de amplificadores británicos saturados al límite, pedales de efecto Treble Booster para otorgar ese filo cortante a las pastillas simples, y fásers analógicos que envuelven los punteos en una atmósfera psicodélica y teatral. En directo, la conjunción de las dos guitarras Gibson y Fender, complementadas por el bajo contundente de escala corta y un bombo afinado bajo y seco, genera una pegada rítmica que empuja al público hacia una euforia colectiva inmediata donde los estribillos se convierten en himnos coreados a pleno pulmón.