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Doja Cat rompe el silencio sobre su adicción a la cocaína, el alcohol y el rechazo a su propia identidad

Doja Cat expone en una serie de testimonios directos sus batallas pasadas con las sustancias, los estragos psicológicos del alcoholismo funcional y el rechazo identitario que arrastra desde la infancia. La autora de 'Vie' analiza la presión de la industria musical y lanza una advertencia a sus seguidores tras su reciente colaboración en 'Okayyy'.

Doja Cat en QConciertos
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MADRID, 3 de septiembre de 2026 — La rapera y productora estadounidense Doja Cat ha compartido un crudo testimonio personal a través de sus canales oficiales, detallando los episodios de adicción a la cocaína que marcaron la etapa de su álbum debut Amala, sus desórdenes con el consumo de alcohol y una prolongada crisis de autoestima gestada en su infancia en Los Ángeles, meses después del lanzamiento de su disco Vie y su reciente colaboración en el sencillo ‘Okayyy’ junto a Latto.

En Portada

  • Doja Cat desvela que superó una adicción a la cocaína iniciada hace ocho años, coincidiendo con la gestación de su primer trabajo discográfico.
  • La intérprete vincula sus antiguos excesos con el alcohol a la búsqueda compulsiva de validación digital y a patrones de autodestrucción.
  • Tras la publicación de su álbum Vie a finales de 2025, la artista subraya la urgencia de desestigmatizar la salud mental en la industria del espectáculo.

El testimonio frontal sobre las sustancias en los inicios de su carrera

La cantante y compositora californiana Amala Ratna Zandile Dlamini, conocida mundialmente como Doja Cat, ha decidido prescindir de intermediarios para abordar episodios críticos de su trayectoria personal. Frente a una audiencia masiva en TikTok, la artista contextualizó temporalmente sus mayores dificultades con las drogas estimulantes, ubicándolas en el ciclo previo a su consolidación comercial internacional.

«He tenido problemas con la cocaína. Creo que fue como hace ocho años, pero lo he superado completamente», manifestó la artista sin rodeos. Esta declaración sitúa temporalmente el consumo en torno a 2018, la época en que componía y defendía en directo los temas de su debut discográfico Amala, antes de que el fenómeno global de ‘Say So’ y el posterior impacto de Planet Her y Scarlet la catapultaran a la primera línea de los macrofestivales internacionales y las giras en grandes pabellones de ciudades como Madrid o Londres.

Aunque la creadora puntualizó de inmediato que no se considera una adicta crónica a los estupefacientes en la actualidad, focalizó el eje central de su relato en la relación tóxica que mantuvo con la bebida: «Nunca he sido alcohólica, pero tenía problemas». Para la cantante, el alcohol funcionaba como un catalizador de pensamientos destructivos que desembocaban en comportamientos erráticos frente a la pantalla de su teléfono móvil.

La trampa de la validación digital y el consumo recreativo

Doja Cat desgranó minuciosamente cómo la ingesta de alcohol alteraba su percepción y multiplicaba su vulnerabilidad psicológica en redes sociales. La intérprete explicó que utilizaba internet como una cámara de eco para confirmar las peores valoraciones sobre su propia persona, retroalimentando dinámicas lesivas de exposición mediática.

La artista analizó el peligro de combinar el aislamiento emocional, las bebidas alcohólicas y la conectividad constante ante millones de usuarios. «Sed creativos y cuidaros: no sois indestructibles», advirtió directamente a sus seguidores, enfatizando que la aparente inmunidad de la juventud o del estatus artístico se desvanece con rapidez cuando no existen redes de contención psicológica adecuadas.

Este pronunciamiento arroja nueva luz sobre las sonadas fricciones que la autora de ‘Paint The Town Red’ ha protagonizado históricamente con sectores de su base de admiradores y en retransmisiones en vivo, episodios que frecuentemente eran interpretados por el gran público como meras provocaciones estilísticas o campañas de marketing de guerrilla.

Raíces del ‘self-hate’ y la fractura identitaria en la infancia

Más allá de las sustancias químicas, el segmento más revelador de la intervención de Doja Cat profundizó en las raíces del odio hacia sí misma (self-hate), un conflicto que sitúa en su niñez temprana y en las tensiones raciales de su entorno residencial.

«Incluso lo verbalizaba en alto cuando tenía 16 años. Creo que me odiaba a mí misma desde que tenía 8 años, desde que me mudé a mi barrio predominantemente blanco», confesó la cantante, rememorando el choque cultural y el aislamiento experimentado durante su etapa formativa en los suburbios angelinos. La dificultad para encajar en cánones estéticos ajenos y el racismo ambiental minaron su autopercepción durante más de una década, configurando una herida que acompañó todo su ascenso en la escena del hip hop y el pop contemporáneo.

La autora explicó que la exposición pública desmedida actuó a menudo como un amplificador de esa inseguridad original, empujándola a desafiar los estándares de la industria mediante transformaciones estéticas radicales y rupturas sonoras deliberadas.

De ‘Vie’ a ‘Okayyy’: madurez artística y serenidad personal

Este ejercicio de honestidad llega en un punto de notable madurez creativa para la intérprete. A finales de 2025, Doja Cat presentó su esperado álbum Vie, un trabajo que consolidó su versatilidad lírica y su dominio de las producciones complejas. Durante el presente curso, la artista ha dosificado estrictamente sus apariciones públicas y lanzamientos, destacando su participación en el corte ‘Okayyy’ de Latto, donde demostró una vez más su solvencia técnica al micrófono.

La serenidad exhibida en sus recientes declaraciones refleja un proceso consciente de recuperación y reconciliación interna. Lejos de alimentar la narrativa sensacionalista, la música busca normalizar las conversaciones sobre salud mental dentro de una disciplina profesional caracterizada por calendarios extenuantes y un escrutinio implacable.

«Lo único que puedo hacer es atravesar todo eso, y así lo he hecho. También creo que es muy importante hablarlo en público porque mucha gente no habla de esta mierda», remató la productora, cerrando una intervención que marca un punto de inflexión en su relación con el público y reafirma su compromiso con el bienestar emocional frente a la vorágine del negocio discográfico.

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